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A la prejuvenil colombiana, que se encuentra en Nigeria, se le puede cuestionar que en el juego aéreo le cuesta, que por momentos es más individual que colectiva o que en los últimos tres partidos tuvo que esperar un golpe rival para reaccionar, pero lo que no se puede discutir es que nunca se entrega.
Frente a Gambia caía 2-0 y, con más vigor que fútbol, le empató en la agonía para sellar su tiquete a octavos. Contra Argentina, en la segunda fase, perdía por idéntico marcador y en tiempo de reposición le dio vuelta para avanzar. Y el domingo, Turquía se imponía 1-0 sobre los nuestros a falta de un minuto para el final, hasta que apareció la cabeza de Jorge Luis Ramos para el uno a uno que obligó a la prórroga.
Se tuvieron entonces que jugar 30 minutos más y, al cierre del alargue, de nuevo el atacante tendría cómo marcarles a los otomanos, pero esta vez la fortuna no alcanzaba y todo quedaba en manos del azar de los penaltis. La gloria o el infierno quedaban a 11 metros y retar los 1,92 metros del arquero turco, Deniz Mehmet, era todo un reto.
Pero el trabajo de definición desde el punto blanco que intensificó el técnico Ramiro Viáfara en los entrenamientos previos y el cual se encargó de pulir su asistente, José María Pazo, dio frutos, y a fe que los cinco lanzamientos tricolores terminaron al fondo y sólo uno, el de Jeison Murillo, fue adivinado por el meta del West Ham.
La reivindicación de Cuéllar
Pero el definitivo le correspondió a Gustavo Cuéllar, quien en los dos anteriores juegos había convertido un penalti y desperdiciado otro. Demasiada presión que el mediocampista barranquillero se encargó de transformarla en potencia para dejar la serie 5-3, cobrar revancha por su ejecución fallada contra los argentinos del miércoles pasado e inscribir de paso a Colombia entre las cuatro mejores del mundo a nivel prejuvenil.
De nuevo, con el corazón en la mano y remontando gracias al amor propio y los cambios del seleccionador, la tricolor Sub 17 le dio otra alegría al país en medio de tantos sinsabores recientes que oscurecieron el panorama del fútbol nacional y ahora estos adolescentes le dan algo de luz al final del túnel.
Obviamente a la solvencia de los centrales Juan Saiz y Murillo, la personalidad y liderazgo de Cuéllar en la mitad y el desequilibrio de Stiven Mendoza en el último cuarto, se deben sumar otros elementos y algunos pueden estar en la emergencia, ya que ayer con el ingreso de Jean Carlos Blanco, Daniel Cataño y Jorge Luis Ramos Colombia enderezó el rumbo en el momento justo.
Por fortuna, en cuatro días se pueden enfatizar las fortalezas y buscarles solución a las falencias, pero con lo hecho hasta el momento ya se igualó lo de la prejuvenil en Finlandia 2003 y con un punto a favor para los de Viáfara, ya que el camino hace seis años fue más corto porque el sistema era de cuatro grupos y avanzaban los dos primeros de cada llave directamente a cuartos.