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Aunque en pleno siglo XXI el racismo en el fútbol debería ser un tema del pasado, de vez en cuando ocurren episodios como el que protagonizó esta semana en Buenos Aires el defensa colombiano Breyner Bonilla, que demuestran que ese problema aún existe y que las estrategias que se han utilizado para acabarlo no han sido del todo exitosas.
Bonilla, jugador del Boca Juniors, aseguró el jueves que durante un reciente partido ante Colón, por la liga argentina, Esteban Fuertes y otros jugadores del equipo rival lo tildaron de “negro de mierda” y le dijeron que se volviera a África.
Con lágrimas en los ojos, el futbolista contó el episodio, analizado de inmediato por los medios de comunicación argentinos, a los que Fuertes declaró que “tuvimos un intercambio de palabras y sí, lo llamé negro, pero no más”.
“Pero en Argentina todos somos negros, le decimos negros a los amigos, lo decimos de cariño”, justificaron varios periodistas en los canales internacionales, cuando evidentemente, el calificativo que utilizó el artillero no quería alagar al colombiano, quien por ser un futbolista juvenil y con poco recorrido, pasó de afectado, a blanco de las críticas. “Denunció eso para justificar el patadón que le dio a un rival y que le costó la tarjeta roja”, explicaron los comunicadores argentinos.
Situaciones similares han tenido diferentes desenlaces. En 2006, por ejemplo, los hinchas del Zaragoza español en un partido ante el Barcelona, comenzaron a hacer sonidos similares a los de los micos, lo que enfureció al delantero camerunés Samuel Eto’o, quien amenazó con salirse de la cancha. Luego de unos minutos el duelo continuó y la Liga Profesional de Fútbol sancionó al club local.
A finales de los 90, el racismo en los estadios tomó mucha fuerza, especialmente en Europa, por lo que la Federación Internacional de Fútbol Asociado, Fifa, lanzó en 2001 el programa “Dí no al racismo”, que logró abolir las manifestaciones racistas y xenófobas de las tribunas.
“Yo no he tenido problemas de esos, nunca me he sentido discriminado”, señaló el delantero vallecaucano Víctor Hugo Montaño, jugador del Montpellier, quien agregó que “en Francia un alto porcentaje de la población es negra, así que no hay motivo para que me insulten”.
Quienes sí sufrieron ese fenómeno fueron Freddy Rincón y Adolfo El Tren Valencia. El volante actuó en el primer semestre de 1995 con el Real Madrid de España. En los alrededores del estadio Santiago Bernabéu aparecían letreros con consignas ofensivas hacia él. Al delantero, por esa misma época, la barra Ultra del Atlético le gritaba: “Negro, basura, tu piel no tiene cura”. Y eso que eran hinchas de los equipos para los que jugaban.
Pero en un espectáculo que involucra a millones de personas de todas las condiciones sociales es casi imposible evitar las desafortunadas reacciones de algunos fanáticos, por lo que eventualmente suceden altercados que reavivan la polémica. Le pasó recientemente al marfileño Didier Drogba, en un partido ante el Porto portugués y al camerunés Carlos Kameni, arquero del Espanyol de Barcelona.
En menos de dos meses, África hará el primer Mundial de su historia y el fútbol tendrá una buena oportunidad para ratificar que todos los seres humanos son iguales, sin importar su color de piel, su tendencia política, su inclinación sexual o su creencia religiosa.