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Deportes| 22 Nov 2008 - 2:45 am
La Equidad arranca los cuadrangulares contra Nacional (5:30 p.m., RCN). A las 3:30, América vs.Pereira
Stalin, historia de una revolución
Por: Alfredo Yacelga Abreo
Dentro del relato de una historia común que tienen que vivir muchos futbolistas en Colombia y en los países del tercer mundo, aquí sobresale la pasión, pero no sólo la del protagonista, sino la de sus progenitores, quienes decidieron vivir a la par de su hijo un camino lleno de espinas, pero que ahora gozan, sin perder la humildad, en un valle adornado de laureles. Porque el triunfo también es suyo. La familia Motta Váquiro, la morada de Stalin, la figura de La Equidad Seguros, es sinónimo de unión, trabajo y fútbol.
El 28 de marzo de 1984 la alegría arropó el hogar de Stalin y Ana en el barrio La Chucua, al sur de Bogotá. La joven pareja, que pocos años atrás había dejado su natal Ibagué para probar suerte en la capital, recibió, con la ayuda de una partera de confianza, al segundo varón entre cuatro hijos (Andrea, Edwin y Tatiana), el que aumentó las esperanzas de cumplir el sueño de tener a un profesional del fútbol en la familia. Y es que el jefe de aquel hogar quedó con la espinita, pues estuvo en las inferiores del Deportes Tolima, dirigido por Jorge Luis Bernal, pero no llegó.
Stalin significa hombre de acero y así fue llamado el dictador soviético Jossif Vissariónovich, luego de la revolución bolchevique de 1917. Y en la familia Motta también son guerreros los que llevan ese nombre (tres, porque a finales de los 70, así también se llamó un segundo bebé que tristemente falleció con un poco más de un año).
Stalin papá era ducho pintando muebles de madera y así se ganó el pan en varias empresas y hasta en su propio taller. Stalin hijo tenía, desde párvulo, un romance con la pelota, de la que se enamoró dándole patadas en gigantescos potreros llenos de arcos, donde su padre acudía cada domingo a los partidos con sus amigos. “Íbamos a San Mateo, donde había como 21 canchas, pero eso se ha acabado, ahora sólo hay edificios”, dice resignado el señor Motta.
En la casa de La Chucua el fútbol los une, y aunque hoy no se discute que todos siguen el verde y blanco de La Equidad, los gustos fueron diversos en una época por los colores de las camisetas. A Stalin papá le movían la aguja el Tolima y el Santa Fe, mientras que a las hermanas les gustaba Millos y a su hermano el América. Pero, como si fuera poco, Stalin, con sólo cinco años se había dejado seducir por el triunfo de Nacional en la Copa Libertadores. Tremendo lío.
Enredo por 30 balones
A los siete años empezó a cimentarse la carrera futbolística de Stalin Motta, cuando su padre lo inscribió, junto con su hermano, en la escuela Sporting Cristal. Entrenaba junto al coliseo El Salitre dos días en semana, sábado y domingo, y allí comenzó a pulir su talento.
Por eso no tardó en destacarse en varios torneos de la liga. Visitaba El Campín frecuentemente, pero para jugar preliminares, hasta que un día el entrenador Alfonso Sepúlveda lo llevó a Santa Fe. Y fue una transferencia al estilo de las grandes figuras: Rafael Lesmes, dueño de la escuela Sporting Cristal, pidió 30 balones al cuadro ‘cardenal’ a cambio de la carta de traspaso.
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Opinión por:
chejo61
23 Noviembre 2008 - 8:46am
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