Lorenzo Madrigal 3 Oct 2010 - 7:54 pm

En el concierto bolivariano

Lorenzo Madrigal

LA ASONADA DE ECUADOR, CON-vertida en sublevación y, con ayuda de la fogosidad del presidente, en presumible golpe, hizo que la Unasur, copada por los socialistas del siglo XXl, convocara a los presidentes de la región a un “consejo de seguridad” en Buenos Aires. No asistió el presidente Lula, alegando razones electorales, pero convendría pensar por qué lo hizo.

Por: Lorenzo Madrigal
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LA ASONADA DE ECUADOR, CON-vertida en sublevación y, con ayuda de la fogosidad del presidente, en presumible golpe, hizo que la Unasur, copada por los socialistas del siglo XXl, convocara a los presidentes de la región a un “consejo de seguridad” en Buenos Aires. No asistió el presidente Lula, alegando razones electorales, pero convendría pensar por qué lo hizo.

Santos, de Colombia, corrió presuroso, para llegar al amanecer, cuando, por supuesto, ya estaba calentando sillón el Pepe Mujica, vecino uruguayo, ex militante tupamaro, hoy venerable jefe de Estado, de un descomplique gracioso.

El dictador venezolano, como era de esperarse, acusó al “Imperio” de conspirar en contra de los que llamó, agrupándolos, países bolivarianos. Debió ser un lapsus, porque bolivariano no es Brasil, el invitado inasistente, y Argentina, donde él pronuncia estas palabras, es más bien un país sanmartiniano. Pero bueno, Chávez sólo estudia a Bolívar, en sus ratos de Miraflores y le ha destapado hasta sus calcáreos huesos, en busca del elíxir de muerte que, en su sentir, se le hizo ingerir en Santa Marta.

Nosotros, que somos país bolivariano por naturaleza, corremos el riesgo de quedar inmersos en la fiebre de Chávez y, si nos descuidamos, llegaremos al Alba. Pero Juan Manuel Santos, buen jugador, mira por encima de su mano de cartas y anticipa la cumbre de presidentes con el venezolano. Casi han olvidado los dos que el de Ecuador había desgarrado sus vestiduras no hacía mucho, desde un balcón del Regimiento de Quito.

Es una buena manera, sin duda, de manejar las cosas, sin dejarse manejar. Sin aislacionismo, sin aspavientos, permanecer entre los mismos, sin ser precisamente de los mismos.

La asonada-golpe de Ecuador sirvió al gesto heroico de Correa (“Maten, maten al presidente, si les da la gana”). Se perfilaba un nuevo Allende, un Nariño en el balcón de Pasto, que luego pasaría a estatua, la que en Bogotá, por cierto, ha caminado por distintos lugares. Porque en Bogotá las estatuas caminan. Este bronce, cuando se hallaba en la plaza de San Victorino, semejaba decir, con su pecha abierto, como el de Correa: “¡Me robaron la billetera!”.

La OEA, la insulsa, la que dice generalidades, en este caso ha dicho algo, imagino que por tratarse de la defensa de un socialista del XXI. El Secretario, por su parte, masculla palabras de sonido agradable y profundo y de imposible comprensión.

Unasur está igualmente dispuesta a bloquear a cualquier gobierno golpista que aspire a reemplazar al ex golpista Chávez, al ex tupamaro Mujica, al nepótico matrimonio argentino, al Evo autoritario y al propio Santos, que reconoció a Carmona, cuando triunfaba el golpe de Estado en Venezuela.

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