|17 Dic 2011 - 9:00 pm

Yo estuve en...

El hundimiento de la penalización del aborto

El 12 de octubre, con una votación de nueve a siete, la Comisión Primera del Senado negó la penalización del aborto en cualquier circunstancia, proyecto del Partido Conservador.

Por: Karime Mota / Senadora de la República
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En todo el país hubo protestas lideradas por organizaciones femeninas. / EFE En todo el país hubo protestas lideradas por organizaciones femeninas. / EFE

Yo estuve en el debate del proyecto del derecho a la vida y mi voto fue el decisivo para el hundimiento del acto legislativo que, según la argumentación de sus impulsores, pretendía proteger la vida humana desde la concepción hasta la muerte natural, penalizando el aborto en cualquier circunstancia. Un hecho que podía traerle graves consecuencias a la sociedad científica, teniendo en cuenta que en otros países —como Costa Rica, donde se aprobó una ley similar— se prohibió posteriormente la fecundación in vitro que hoy es tan solicitada en nuestro país por parejas que tienen dificultad para concebir naturalmente y requieren de la fertilización asistida. Colombia es pionera en esta técnica y, de hecho, ofrece sus servicios a toda Latinoamérica.

No me considero una persona progresista ni feminista. Tampoco estoy a favor del aborto. Pero este proyecto me llevó a plantearme profundas reflexiones y a pensar más allá de lo que es la suspensión del embarazo. Había que pensar si al proteger el derecho a la vida estábamos acabando con los avances científicos y si las mujeres colombianas se merecían perder la oportunidad de decidir sobre su cuerpo y su vida. Como me dijo una mujer una vez: “Si yo no deseo ser salvada, ¿por qué van a salvarme?”.

Allí entendí que la verdadera lucha de la mujer es por el derecho a tomar decisiones, como lo fue en el pasado el derecho al voto, el derecho a estudiar una profesión, el derecho a trabajar o el derecho a casarse con el hombre que se ama. Todo se resume en el derecho a decidir. Hablamos de decidir sobre la salud mental y decidir que la vida es prioritaria ante cualquier otra, ya que a muchas nos enseñaron que había que amar al prójimo como a sí mismo, por lo tanto empezamos por amarnos a nosotros como prioridad. Era inconcebible para mí pensar que podíamos proteger la vida de un bebé no nacido sobre la vida de la madre que lo lleva en su vientre.

Pero es que, además, no es cierto que el aborto esté legalizado en Colombia, como dicen algunos. Son tres los casos en que la Corte Constitucional permitió que se practicara la suspensión del embarazo: cuando el feto es inviable en vida extrauterina, cuando la fecundación es producto de una violación y cuando está en peligro inminente la vida de la madre.

Hay casos en que la malformación del bebé no le permitiría vivir mas de unas cuantas horas fuera del vientre materno; son bebés que no tienen posibilidad de vida y que afectan psicológicamente a la madre que los gesta, de ahí que yo manifestara no tener la autoridad moral para obligarla a llevar en sus entrañas un niño que se sabe que no vivirá más de unas horas, desconociendo el sufrimiento de la madre y quizás el del neonato.

A pesar de que este acto legislativo no haya continuado su trámite, hay que aclarar que el aborto en Colombia sigue siendo penalizado, que sólo se permite en estos tres casos terapéuticos exceptuados por la Corte y que, en caso de haber continuado su discusión, se acabaría con este tipo de aborto, hoy legal, pero no con el aborto clandestino, al que acuden miles de jóvenes sólo por el temor de enfrentar su embarazo y que pone en riesgo la vida de muchas mujeres. Ese es el aborto que debemos eliminar en nuestro país: ese aborto voluntario y provocado de bebés sanos.

Que los casos exceptuados por la Corte sigan vigentes en nuestro país no obliga a ninguna mujer a abortar, y es precisamente el derecho a decidir sobre su cuerpo el que se ha venido defendiendo por años. La mujer que por principios, creencias o formación desee llevar a término su embarazo, jamás será obligada a abortar en alguno de esos tres casos exceptuados. La mujer que toma la decisión de abortar lo hace, así sea en contra de la ley, lo cual está claramente confirmado por las cifras de abortos clandestinos que se realizan anualmente en nuestro país.

Mi posición es que desde todos los estamentos de la sociedad debemos luchar por una formación en valores y principios que hagan que la mujer se valore a sí misma y tome decisiones acertadas, no las que ponen en riesgo su vida. Por este motivo hago un llamado a la sociedad y a las autoridades para que, aplicando la ley ya existente, podamos acabar con las clínicas clandestinas que son las que están perjudicando a la mujer colombiana.

Por: Karime Mota / Senadora de la República
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