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El Mundo 3 Dic 2011 - 9:00 pm

Una revolución que apunta a la ley islámica

El Egipto que se encomienda a Alá

Tras la salida de Hosni Mubarak de la presidencia, los movimientos islámicos ortodoxos toman fuerza. Las elecciones legislativas de esta semana parecen evidenciarlo.

Por: Éric González / Especial de El País de EspañaAlejandría
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Las manifestaciones en la Plaza Tahrir de El Cairo continúan. La gente pide que la Junta Militar que gobierna el país abandone el poder cuento antes. / AFP

El barrio de El Mamura, en Alejandría, es conocido por sus playas y sus hoteles. Detrás de eso, allí donde ya no se ve el mar, hay casas como la de Mohamed Albedi: sin baños y sin alcantarillado, sobre calles que son un barrizal. Mohamed, como la mayoría de la gente en su barrio, ha votado al candidato salafista (ver recuadro) Abdelmonem El Shahat, un hombre que levantó polémica por afirmar que la democracia es pecado y que convendría matar a los ateos. “Desde fuera nos describen como salvajes intolerantes —dice—, pero ahora estamos hablando usted y yo y le pregunto: con todos los problemas que sufre Egipto, con todos los problemas que sufre mi familia, ¿alguien tiene mejores soluciones que las que ofrece Dios?”.

Mohamed, ingeniero mecánico, trabajó un tiempo en Argelia y aprendió un francés decente. Ahora, a los 34 años, con esposa y cuatro hijos, apenas se gana la vida en el taller de automóviles de unos parientes. Su evolución hacia el salafismo ha sido gradual. “Si uno es musulmán, ¿por qué no ser un buen musulmán? Las cosas se ven claras con el tiempo. Dejé de perder el tiempo con el fútbol en televisión cuando comprendí que con el fútbol me lavaban el cerebro y hacían que me olvidara de las cosas importantes, como la injusticia en que vivimos”. Para él, la única solución a las desigualdades económicas son el zakat, el precepto coránico que impone a los ricos la donación de una parte de sus ingresos a los pobres, y la prohibición coránica de la usura bancaria.

Cuando se desarrolla la conversación, antes de la publicación de los resultados oficiales, Mohamed ya sabe que los salafistas han obtenido un gran éxito en la primera vuelta de las elecciones egipcias. Uno de cada cuatro votos ha sido para ellos. “No me parece extraño —comenta—, si acaso me parece extraño que los Hermanos Musulmanes vayan a ganar, porque en el fondo piensan lo mismo que nosotros pero buscan compromisos, disimulan, pactan con los laicos. Saben cuál es la verdad pero la enturbian por razones políticas”.

Para Mohamed el tabaco es tan pecaminoso como el alcohol. El cine, la música popular y los seriales “buscan lo mismo que el fútbol: reducirnos al nivel de niños para que no pensemos y olvidemos la opresión”. Su esposa, en la otra habitación de la modestísima casa, no se deja ver. Una de sus hijas, de pocos años, juguetea con Mohamed. ¿Le molestaría que al crecer saliera a la calle con la cara descubierta? “Sí, espero que no ocurra”, responde.

Le gusta el modelo saudí, aunque nunca ha estado allí. Cuando se le hace notar que la monarquía autoritaria saudí difícilmente habría tolerado una protesta como la de Tahrir, en la que Mohamed, contra la opinión oficial de los dirigentes salafistas, participó de forma entusiasta, alega que “no hay sociedades perfectas, los humanos debemos mejorar”.

Eso mismo subraya Alaa Alam Eldin, candidato de Al Nur, el mayor de los tres partidos salafistas (divididos por regiones), en el barrio cairota de Halwen, a poca distancia de la prisión de Tora, donde están encarcelados los hijos de Mubarak y otros exdirigentes del régimen. “El modelo saudí tiene cosas negativas, como la falta de partidos y de libertad de expresión; el que proponemos para Egipto es mejor, aunque sabemos que habrá errores”, afirma.

Eldin, de 42 años, abogado y experto en sharía (ley islámica), es el portavoz que la dirección de su partido, en Alejandría, elige mostrar a la prensa extranjera. Insiste una y otra vez en que los cambios serán graduales. “¿Alcohol? No vamos a prohibir la cerveza de repente, educaremos a la gente para que renuncie a ella”. “¿El cine y la música? Iremos ofreciendo alternativas, entretenimientos menos frívolos”. El futuro diputado por Halwen dice que “sería absurdo prohibir el cine, nosotros mismos lo utilizamos en campaña”, aunque admite que no ha visto ninguna película en los últimos años. “Por falta de tiempo”, precisa. ¿Y la minoría cristiana? ”Todos somos egipcios, pero nosotros defendemos la identidad islámica de Egipto”.

La esposa de Eldin viste el niqab, el tocado que sólo deja al descubierto los ojos. “Mi hija de 18 años, en cambio, se cubre la cabeza con un pañuelo y ya ésta forma parte de su libertad”, precisa.

Aunque los salafistas han incluido mujeres en sus candidaturas, por obligación legal, las han colocado al final de las listas para evitar su elección y en algunos casos han sustituido su fotografía, en los carteles de campaña, por imágenes de flores. Eso le parece normal al alejandrino Mohamed Albedi: “Hombres y mujeres son distintos y eso lo ve cualquiera con ojos, los hombres tienen su función y las mujeres, la suya. Forzar la naturaleza lleva a que los hombres se casen con los hombres y los padres con las hijas y los humanos se conviertan en algo peor que bestias”.

El legado de los ancestros del islam

El salafismo es considerada una corriente del islam radical, que basa sus preceptos en la interpretación estricta del Corán. Busca practicar la religión, que a su vez es la ley, tal y como la practicaron las tres primeras generaciones del islam descendientes de Mahoma, es decir de los llamados ‘salaf’. De hecho, este término puede ser traducido al español como los “ancestros piadosos”. Los salafistas son partidarios de la lectura literal del libro sagrado, se caracterizan por llevar largas barbas y las mujeres por vestir el ‘nicab’, que sólo deja al descubierto sus ojos. Aunque los resultados de las elecciones legislativas de Egipto aún no son conocidos en su totalidad, el partido Al Nur —representante de este movimiento— se perfila como una de las fuerzas políticas más fuertes del país, liderando las elecciones junto con los también radicales Hermanos Musulmanes.

La primavera de los Hermanos Musulmanes

Los Hermanos Musulmanes, que ahora triunfan en la primavera árabe, son pioneros del panislamismo político. Desde su fundación, en 1928, tras el colapso del imperio Otomano en Egipto, pretenden implantar un Estado basado en la Sharia —ley musulmana— y en el rechazo a la influencia de Occidente. Sus planteamientos han inspirado a grupos terroristas (Al Qaeda o Yihad Islámica) y partidos políticos (Hizbullá, en el Líbano). Durante décadas han influido en Cisjordaia, Jordania, Sudán y Siria, y han sido oprimidos por los gobiernos de Túnez, Egipto, Yemen, Marruecos y Libia, países donde ahora los brazos políticos de la Hermandad están triunfando. Muchos dudan si la hegemonía del islamismo en la primavera árabe significa más continuismo que cambio. La Hermandad, que ahora es ganadora en las legislativas de Egipto, ha reiterado su intención de aplicar una Sharia moderada como base para la construcción de una nueva democracia.

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