Los caminos de Santos a Pekín

El domingo se inicia la gira del presidente por Singapur y China.

El domingo el presidente Juan Manuel Santos llega a Singapur, antes de dirigirse a China, en visita oficial. Una agenda en la que predominan las solicitudes de inversión y acompañamiento técnico para la estrategia de las locomotoras del desarrollo productivo que marca la pauta de los encuentros oficiales. Empresarios de ramas significativas de la economía doméstica interesados en lograr entronques transpacíficos forman parte de la comitiva. Aunque de forma tardía, el gobierno nacional empieza a tomar más en serio la necesidad de un intercambio sustancial con Asia Oriental, hoy por hoy el mayor centro industrial y financiero del planeta.

Los nexos transpacíficos de Colombia se remontan a 1908, cuando fue suscrito el tratado de amistad, comercio y navegación con el imperio japonés, en ese momento en arduo despliegue político y comercial por todo el mundo mientras sometía territorios vecinos en Corea y China a un humillante colonialismo. Como resultado del acuerdo, a lo largo del siglo XX Japón fue el mayor y casi exclusivo socio colombiano allende el Pacífico. Aún se destaca por ser un mercado clave para el café, pero su crisis económica lo desplaza desde hace 20 años a posiciones secundarias del comercio global. Hoy, el gran socio asiático es China, país hacia el cual los gobiernos colombianos nunca se sintieron atraídos, pero cuya influencia en el siglo XXI nadie puede desconocer.

Hasta ahora los asuntos del mundo, más allá de los intereses económicos y culturales con Europa y los compromisos comerciales y políticos con EE.UU., debido a ese desvío de apreciación, estuvieron lejos de las prioridades de nuestra dirigencia política. Ese es el resultado del síndrome de la reclusión andina, que López Michelsen ilustró cuando calificó a Colombia como el “Tíbet de Suramérica”.

En 1996, por primera vez un presidente colombiano fue en visita oficial a China. Los temas bilaterales a tratar eran más bien modestos, pues el encuentro se dio como parte del ejercicio de la presidencia del movimiento de países no alineados. Por ese motivo, la gira de Ernesto Samper lo llevó a Indonesia y, de paso, a Corea. La precariedad de la agenda económica se explica también por la todavía insignificante posición china en el mercado mundial, por debajo de las 30 posiciones más importantes.

En la nueva visita de un mandatario colombiano, la cuarta en la serie iniciada por Samper en 1996, Pastrana en 1999 y Uribe en 2005, se encuentra una China transformada por completo. El giro pragmático de Deng Xiaoping, en 1978, dio lugar a reformas económicas y políticas progresivas, gracias a las cuales el gigante asiático concentra la mitad de la manufactura de aparatos eléctricos y electrónicos, es el primer exportador mundial, el segundo PIB global, la primera fuente de recursos financieros para África y el primer estímulo para las exportaciones de América Latina. Las ventas chinas en el mundo pasaron de US$200.000 millones a mediados de los noventa a más de US$1,5 billones en 2011. Ese país es el primer acreedor de EE.UU., cuya deuda externa alcanzó en marzo pasado US$15,5 billones, la mayor del mundo. Con tales cifras es fácil comprender su papel decisivo en los asuntos globales.

Singapur, por su parte, es la más moderna economía asiática, jamás incluida en los desplazamientos del alto gobierno colombiano por Asia. Su aporte financiero y tecnológico no es desdeñable, así su mercado de 3,5 millones de habitantes sea irrisorio respecto a China. En nuestro vecindario, el coloso asiático es el primer receptor de las exportaciones de Brasil, Perú, Chile y Argentina, y, por ese medio, la fuente de sus copiosas divisas y sus respectivos superávits comerciales.

En buen momento Colombia trata de canalizar hacia el desarrollo del país el potencial financiero, técnico y productivo de las florecientes economías asiáticas. Es de resaltar que su estrategia sea persistente y dentro de un abanico amplio de posibilidades. Es la segunda gira de Santos a la región, que ahora lo lleva a dos países con renovados ofrecimientos, después de haber reafirmado, en febrero, la cooperación con Corea y Japón, los viejos amigos al otro lado del Pacífico. El espectro de nexos se hace más complejo, dado que se tienen en la mira, además de estos cuatro países, relaciones más profundas con Indonesia, Vietnam y Australia. Cuando Colombia se afana por fortificar los vínculos transpacíficos, de paso hace más atractiva su candidatura al Foro Económico de Asia-Pacífico, APEC.

Mantener en un grado visible de atención las relaciones transpacíficas es un desafío. Sería muy conveniente que algunos de los peregrinos concretaran acuerdos internos y regionales antes de disputarse el mercado chino. Una concertación que América Latina requiere con urgencia. Este diálogo regional haría mucho más provechoso el tránsito por todos esos caminos que ahora conducen a Pekín.

* Pío García, docente e investigador del CIPE, Universidad Externado.

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