'Soy el último exiliado del franquismo': Baltasar Garzón

El célebre juez español explica las razones que lo llevaron a defender al fundador de Wikileaks, Julian Assange, y expresa sus dudas sobre la justicia española.

La condena que suspendió a Baltasar Garzón por 11 años fue emitida el 9 de febrero pasado por el Tribunal Supremo español.  / AFP
La condena que suspendió a Baltasar Garzón por 11 años fue emitida el 9 de febrero pasado por el Tribunal Supremo español. / AFP

Ya han pasado casi seis meses desde que fue condenado a 11 años de inhabilitación por las escuchas del caso Gürtel, poniendo fin a una carrera judicial de 31 años, 22 de ellos en la Audiencia Nacional, desde donde desarticuló el entramado de Eta, desmanteló multitud de redes de narcotráfico y blanqueo, y ordenó la detención del general Pinochet.

Ahora habla de la delirante lista de trabajos y compromisos que ha adquirido: además de asesorar a la justicia colombiana y a la mexicana en la lucha contra el crimen organizado y la corrupción, supervisa la reforma de la función judicial en Ecuador, asesora a la Cámara de Diputados argentina en asuntos de derechos humanos, colabora con la Unesco y con la Universidad de Seattle, ha creado una fundación para promover la jurisdicción universal y acaba de asumir la defensa del enemigo público número uno de EE.UU., el fundador de Wikileaks, Julian Assange.

¿Por qué aceptó coordinar su defensa? ¿Qué impresión le causó Assange?
Me pareció una persona muy firme en sus convicciones, en su defensa de la libertad de prensa, de información, de expresión. Lo vi muy tranquilo, pese a la situación de riesgo para su integridad física y psíquica. Vi que no tiene ningún temor a ser juzgado, pero quiere que se haga con garantías. Yo he asumido su defensa pro bono, sin honorarios de por medio, porque creo en su inocencia y en su causa. Para mí es evidente que la petición desde Suecia (lo reclaman para interrogarlo por acusaciones de abusos sexuales y violación) es la excusa para juzgarlo en EE.UU. por revelar informaciones que afectan a las instituciones de este país. La fiabilidad de ese juicio es nula. Assange no tendría un juicio justo en EE.UU. porque no sería un juicio por hechos delictivos reales, sino pura represalia política.

¿Participará en la defensa de Manning, el soldado al que el Pentágono acusa de alta traición por filtrar cables de Wikileaks?
No conozco a Manning. No se puede hablar con él porque está en una especie de secuestro legal, en una situación realmente dramática, incomunicado y sometido a un maltrato físico y psíquico evidente. Sé que sus abogados van a presentar una demanda por torturas.

¿Assange puso a gente en peligro al publicar miles de cables diplomáticos sin ocultar fuentes?
Hubo una contención en esas publicaciones y uno de los problemas que Assange tiene ahora es precisamente que no publicó toda la información que tiene. Tememos por su seguridad porque se intuye que los que no tienen esa información pueden intentar que no se conozca nunca. Lo que hemos conocido por Wikileaks no se refería a grandes hechos que hubieran cambiado la humanidad, sino más bien a hechos zarrapastrosos, de suciedad y política de bajo nivel.

Pero en la última tanda de cables publicados se revelaba la identidad de activistas de derechos humanos. ¿No los puso en peligro?
No he hablado con él de esas publicaciones en concreto. Habría que analizar cuál ha sido el riesgo y si se ha producido alguna incidencia.

¿Fue una sorpresa descubrir en esos cables los intentos de EE.UU. para frenar en la Audiencia Nacional las causas de Guantánamo y los vuelos de la CIA con la colaboración de políticos y fiscales españoles?
Fue una tristeza descubrir que hay personas que se puedan dedicar a eso en vez de trabajar seriamente por la justicia. Quien lo haya hecho, algún día tendrá que explicar por qué. Me causó indignación ver que un país amigo y democrático realizara ese tipo de interferencias, propias de otras épocas históricas.

En el recurso que ha presentado en el Tribunal Constitucional dice que su condena estaba “escrita de antemano”. ¿En qué momento cree que se decidió su suerte?
Creo que mi condena se decidió desde el principio. En el caso de la memoria histórica y de Gürtel se demostró en el juicio que mi caso no era el único, sino el de varios jueces más. Si al final hubiesen procedido contra todos los que participaron, podría tener algún sentido, pero no fue así. Crearon el delito, lo inventaron para condenarme por lo de Gürtel. Claro que mi sentencia estaba escrita de antemano.

¿Se siente una víctima?
Objetivamente, soy víctima de una injusticia, pero subjetivamente no me siento así, porque yo sabía en qué terreno jugaba. Sabía que esto podía ocurrir. Estaban obsesionados conmigo. Querían mi muerte civil. Pensaron: “Se acabó Garzón. Este es el momento”. Querían acabar con un determinado modelo de juez, que era yo, que no les gustaba, por envidias, por celos, por muchas cosas de esas que nos acompañan tanto a los españoles.

Además de esa animadversión de sus colegas de la que habla, ¿influyeron otros enemigos?
Imagino que no ha sido sólo eso. Eran temas que afectaban puntos neurálgicos. El del franquismo hizo mucho daño porque todavía no se ha superado y hay un sector de la población, y sobre todo de la política, que no quiere que se toquen esos temas, y lo que menos le importan son las víctimas. Ese fue el detonante. Gürtel era el caso de corrupción de más amplitud y mayor incidencia en el mundo político y, además, afectaba a un partido que ahora está gobernando. A mí me han jodido, eso está claro. Me han quitado mi profesión, me han sacado, pero voy a seguir peleando mientras me quede aliento porque creo que se lo debo a la función judicial.

¿Confía en la justicia española?
Sé que hay buenos y grandes jueces y fiscales, pero sé que también hay malos jueces y fiscales que anteponen su ideología y su propio interés al de la justicia y nadie los juzga o los controla. Son intocables.

¿Cree que está desacreditada la justicia española?
Habría que preguntarles a los ciudadanos. Desde luego, no es de las instituciones mejor valoradas. ¿Han podido influir los casos contra mí? Sin lugar a dudas. España había conseguido una posición preeminente en la defensa de los derechos humanos desde los casos de Argentina, Pinochet, Guatemala... Ahora se ve la regresión en la defensa de los derechos humanos.

Tras la condena ha abandonado España. ¿Se siente desterrado, exiliado?
Me siento el último exiliado del franquismo, aunque la condena la pusieran finalmente por el tema de Gürtel, porque era aparentemente la menos costosa para los que habían decidido que esto se acabara.

¿Se ha planteado volver a la política?
En este momento, no. Sí quiero participar en la vida política, sobre todo en estos momentos de crisis, pero eso no significa estar en la política parlamentaria, sino a través de mis artículos.

“En este momento, no”: ¿quiere decir que en un futuro sí se plantea volver a la política?
Lo voy a pensar.