El Mundo |15 Sep 2012 - 9:00 pm

La violencia heredada del 'apartheid'

Lecciones desde Sudáfrica

Si se mira el proceso de paz de este país africano, son muchas las similitudes con el que se inicia en Colombia.

Por: César Rodríguez Garavito, especial para El Espectador/Johanesburgo
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Trabajadores de la mina de platino de Lonmin se concentran ante las instalaciones de la mina en Marikana, Sudáfrica, en protesta demandando un aumento de sus salarios. / EFE Trabajadores de la mina de platino de Lonmin se concentran ante las instalaciones de la mina en Marikana, Sudáfrica, en protesta demandando un aumento de sus salarios. / EFE

La paz duró hasta cumplir la mayoría de edad. Con la masacre de 34 mineros huelguistas a manos de la policía hace un mes, Sudáfrica revive los recuerdos de las matanzas del apartheid.

Dieciocho años después de la transición a la democracia, el aire que se respira aquí es una combinación tóxica de perplejidad y angustia. Todos parecen preguntarse en qué momento la paz que inspiró a tantos alrededor del mundo —la de Mandela y la Comisión de la Verdad y la Reconciliación— se vino a pique hasta morder el polvo en Marikana, en la esquina noroccidental del país, donde están las minas de platino más grandes del mundo.

“La herencia del apartheid nos persigue como un espectro”, dijo la Nobel de Literatura Nadine Gordimer en un festival cultural celebrado poco después de la masacre. “En nuestra lucha contra el apartheid, ¿alguna vez se nos ocurrió cómo serían las cosas 20 años después de la llegada de la democracia?”.

La pregunta se alza como un espectro no sólo en Sudáfrica, sino en países como Colombia que buscan lecciones para sus propios intentos de terminar la guerra. Entender a Sudáfrica hoy es advertir lo que puede salir mal en una transición. Y lo que es preciso hacer desde ahora para evitarlo.

La escena es de no creer. Frente a las cámaras, los tanques de la policía rodean al grupo de trabajadores que, palos y machetes en mano, protestan por los bajos sueldos y las paupérrimas condiciones de vida que tienen en la mina de Lonmin, la multinacional inglesa del platino. De pronto se oye el traqueteo de las metralletas policiales; en seguida caen las siluetas de los mineros entre la polvareda, como fichas de un dominó que no se veía desde las peores masacres del apartheid en los años sesenta contra las multitudes negras que exigían el fin del régimen. Pero esta vez quienes disparan son policías negros también, miembros de una fuerza controlada por el gobierno del partido que lideró la lucha contra el apartheid y ha ganado todas las elecciones desde 1994 (el ANC).

Lo peor vino después. Todo indica que la mayoría de las víctimas fueron ultimadas a quemarropa, fuera de la mirada de las cámaras, como lo denunció el fotorreportaje de Greg Marinovich, ganador del Pulitzer.

Como el realismo mágico no es monopolio latinoamericano, la gota que rebosó la copa de lo verosímil fue puesta por la justicia sudafricana. Reviviendo una vieja ley usada por los supremacistas blancos del apartheid para aplastar cualquier protesta, la Fiscalía acusó de homicidio a 270 mineros que participaron en la huelga. ¿La razón? Al participar en la protesta provocaron la reacción de la policía, que a la vez desembocó en la tragedia, según la Fiscalía. El mundo al revés; Macondo en África.

El escándalo que siguió hizo que los cargos fueran retirados. Pero el daño ya estaba hecho. Tras Marikana estalló una ola de huelgas que amenazan a todo el sector minero. El gobierno de Jacob Zuma ya no puede contar con la reelección. El ANC no es el partido invencible de la liberación nacional. En las calles y en los medios se habla de la crisis de la constitución más humanista del mundo, de la desilusión de la democracia multicolor.

¿Qué salió mal? Los especialistas que entrevisto martillan sobre dos legados que la paz no resolvió: la desigualdad y la herencia de la economía minera.

Sudáfrica es el país más desigual del mundo. A la antigua élite blanca se suma hoy una pequeña élite negra que también se refugia detrás de los infranqueables muros de las residencias de lujo, estampados con los letreros ubicuos de las compañías de seguridad que advierten: “Se dará respuesta armada”. El coeficiente Gini corrobora lo que se ve en esta ciudad del apartheid social.

De modo que lo que explotó en Marikana fue la bomba de la desigualdad. La iniquidad que “está creando una caldera de gente pobre que se siente marginalizada”, como le dijo Zwelinzima Vavi, el presidente de la federación sindical Cosatu, al semanario Saturday Star. Después de todo, los 3.000 trabajadores que pararon la mina de Lonmin protestaban contra salarios de miseria. Exigencia elemental que no puede hacer el 36% de la población, que está desempleada.

El problema es que la transición a la paz se centró en los actos individuales de violencia y dejó para otro día la solución a la desigualdad: a la concentración de la tierra en pocas manos, las diferencias abismales en la calidad de la educación de ricos y pobres, los sistemas paralelos de salud. Ya lo había anticipado hace 10 años el reconocido africanista Mahmood Mamdani en su crítica a la Comisión de la Verdad y la Reconciliación, cuyo modelo ha sido exportado alrededor del mundo. Investigar, confesar y perdonar (o castigar) delitos individuales es esencial para llegar a la paz. Pero hace falta embarcarse también en una agenda de políticas sociales que desactiven la bomba social del conflicto. Lo mismo en Sudáfrica que en Colombia.

No es casual que la explosión haya sido en las minas. La locomotora minera pasó por aquí hace cien años, cuando los descubrimientos de los mayores yacimientos de oro del planeta cambiaron para siempre la geografía y la sociedad sudafricanas. Entre los cráteres del paisaje lunar de Johanesburgo se avistan aún, de vez en cuando, los buldóceres que raspan los últimos rastros del metal.

Pero en lugares como Marikana, en la región de Rustenberg, la locomotora minera anda a todo vapor. En los nuevos yacimientos de oro y platino se vive una fiebre extractiva similar a la latinoamericana. Y las disputas y sus protagonistas se parecen también. La huelga contra la inglesa Lonmin se extendió esta semana a la mina de platino de Anglo American, la mayor del mundo. El viernes, Xstrata anunció que cerraba temporalmente su mina en la misma región ante las amenazas de protestas y disturbios.

Los conflictos por los efectos ambientales y las condiciones laborales de la industria minera están en el corazón de la violencia posapartheid. Como tituló el semanario Mail & Guardian, Sudáfrica es hoy un campo minado. La razón es que “la industria minera tiene un legado de cien años por el que no ha pagado”, según lo reconoció un ejecutivo del sector citado por el periódico. Y agregó: “La industria y todo el país tendrán que ponerle la cara; de lo contrario, siempre habrá conflicto”.

De modo que, junto con las políticas contra la desigualdad, la historia sudafricana enseña que la paz duradera requiere políticas económicas y ambientales sostenibles. De lo contrario, al alborozo de la transición sigue la desilusión de las promesas incumplidas, la realidad de la violencia que rebrota.

Fue ese sabor agridulce el que quedó en el aire tras la conversación sobre la masacre de Marikana entre Nadine Gordimer y Mongane Serote, el viejo poeta y activista antiapartheid.

—¿Qué podemos hacer?, preguntó Gordimer.

—Tenemos que organizar una marcha —replicó Serote.

—La policía nos dispararía — replicó con sarcasmo la Nobel. Y terminó en el tono desencantado de la nueva Sudáfrica. “Los escritores no somos videntes. Andamos buscando el sentido de la vida. Qué poco hemos logrado en 18 años”.

* Columnista de El Espectador

Gobierno sudafricano busca proteger la minería

El gobierno sudafricano, inquieto por las consecuencias económicas que pueden provocar las tensiones sociales en el sector minero, anunció medidas para mantener el orden en la región de Rustenburg, al norte del país, en donde las mineras cierran uno a uno sus pozos de platino. “Los que procedan a reagruparse ilegalmente, porten armas peligrosas, se libren a la provocación o amenacen con violencia en las zonas concernidas serán tratados como se debe”, declaró el ministro de Justicia, Jeff Radebe, en una conferencia de prensa en que llama implícitamente a las fuerzas de seguridad a proceder al arresto de los que contravengan a las disposiciones. El sector minero sudafricano está perturbado desde hace cinco semanas por disturbios sociales. Este sector es el pulmón económico del país y contribuye al 9% del PIB y 19% si se le incluyen todas las actividades anexas. Representa, además, la mitad de las exportaciones del país.

Por: César Rodríguez Garavito, especial para El Espectador/Johanesburgo
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daladierm

Dom, 09/16/2012 - 12:45
ahh perdón por decir Paramilitares, ¿como es que dicen ahora que andan con armas con salvoconducto, QUE LES DIÓ EL Dr. URIVE VELEZ? ¿BACRIM?
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daladierm

Dom, 09/16/2012 - 12:42
en Ruanda había PARAMILITARES SUPERIORES frente a Negros INFERIORES, aqui en Colombia hay Paramilitares capaces de Todo Patrocinados por el Gobierno (DAS, EJÉRCITO, POLICÍA, MINISTERIOS) Frente a Indígenas y Pueblo Indefenso, Todo para que las Transnacionales como las Mineras, Madereras(smurfit carton colombia y otras), como Chiquita Brands, se lucren al 1000%
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daladierm

Dom, 09/16/2012 - 12:37
Es Semejante, El Pís Tercermundista pone los MUERTOS, LA TRANSNACIONAL RECOGE LOS MINERALES PRECIOSOS, y montan un Gobierno de Mierda a que proteja sus intereses, (auspiciado por trabajadores vendidos como la CGT en Colombia). OJO EN COLOMBIA QUIEREN SACAR DE RESERVA FORESTAL A LA CUENCA DEL PACÍFICO, para entregarsela a las aNGLO gOLD aSHANTI o a las mineras, Por Eso Es la Guerra en el DPTO DEL CAUCA, Primero las Mineras que NUESTROS INDÍGENAS!!!! para un Gobierno indolente y el CAPITALISMO VORAZ
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paisacoraje

Dom, 09/16/2012 - 08:00
Colombia a tomar atenta nota. Es claro que el silenciamiento de los fusiles no es suficiente. Con la pobreza, miseria e inequidad ahí como caldo de cultuvo del descontento cualquier proceso que ponga fin a la guerra queda pegado con babas.
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T0R0NT0

Dom, 09/16/2012 - 07:26
En colombia no se lograra la paz si mas de la mitad de colombianos sobreviven con 600 mil pesos al mes, si las condiciones de sanidad en los barrios pobres siguen siendo tan malas, y el avismo entre la educacion distrital o departamental y la educacion privada sigue siendo tan enorme, y sobre todo si, y aca las FARC Y LOS PARAS tienen que actuar, si no hay reparacion a las victimas de estos dos grupos y las victimas del estado. Hay mucho por hacer.
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AndriiG

Dom, 09/16/2012 - 00:57
Tras leer este articulo, y como un colombiano viviendo en Ciudad del Cabo por unos meses, no puedo evitar preguntarme: quien escribio esto!? El articulo hace pensar que este pais esta en una guerra civil, lo cual es falso. Hay muchas cosas ciertas, como los problemas de desigualdad y el mal trabajo para atacarla, pero muchas verdades a medias, y omisiones importantes. Ejemplos: la extrema violencia de los manifestantes ANTES de las masacres, las pretensiones estratosfericas que tienen (estan pidiendo R12500 de salario neto, eso es casi 3 millones de pesos. Por un empleo no calificado), y el rol de Julius Malema (un futuro Frankenstein de Chavez y Mugabe expulsado del ANC) en extender las protestas a mas minas, llamandolas a convertirse en "ingobernables".
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AndriiG

Dom, 09/16/2012 - 01:05
Tambien falta mencionar el papel de los sindicatos en este asunto y en muchos males del pais (una de las razones por las que Marikana se salio de control fue una lucha entre sindicatos, provocando que los trabajadores se salieran de control, el mercado laboral es absurdamente inflexible, y una de las razones para la persistencia de la desigualdad, la mala calidad en educacion, junto a la corrupcion, herencia del pasado y estandares cada vez mas bajos para graduarase, es un sindicato de profesores que hace que Fecode parezca un jardin de niños). Tambien creo que exagera un poco con la seguridad en las ciudades, y los muros. Se nota que el autor esta en Johannesburgo, que literalmente es un hueco, muchisimo peor que Bogota. Deberia visitar Ciudad del Cabo. Es simplemente incomparable.
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AndriiG

Dom, 09/16/2012 - 01:03
Tambien falta mencionar el papel de los sindicatos en este asunto y en muchos males del pais (una de las razones por las que Marikana se salio de control fue una lucha entre sindicatos, provocando que los trabajadores se salieran de control, el mercado laboral es absurdamente inflexible, y una de las razones para la persistencia de la desigualdad, la mala calidad en educacion, junto a la corrupcion, herencia del pasado y estandares cada vez mas bajos para graduarase, es un sindicato de profesores que hace que Fecode parezca un jardin de niños). Tambien creo que exagera un poco con la seguridad en las ciudades, y los muros. Se nota que el autor esta en Johannesburgo, que literalmente es un hueco, muchisimo peor que Bogota. Deberia visitar Ciudad del Cabo. Es simplemente incomparable.
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CARV

Dom, 09/16/2012 - 00:21
Muy oportuno, pedagógico y premonitorio artículo. Acá se ha dicho y recalcado que la 'violencia' (el 'terrorismo', dirían los 'afrikaaners' criollos) tuvo origen y tiene motivos que incluyen inaceptables aberraciones sociales y leoninos desbalances económicos. También, acá -como allá- esta nefasta situación ha sido implantada y sostenida -a rajatabla- por poderosos e inescrupulosos intereses imperiales extranjeros (lo de 'Las Bananeras' guarda una ominosa similitud con lo de Marikana). Acá también se intenta lograr la 'paz' mediante el simplista expediente de 'entrégueme el fusil, y yo le perdono sus rebeldías; lo demás, seguirá igual'. Finalmente, es evidente que los 'Poderes del Estado' deben reestructurarse y ponerse al servicio de las auténticas clases y aspiraciones populares.

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