El Mundo |15 Sep 2012 - 9:00 pm
Fuertes protestas antiestadounidenses en el mundo árabe y musulmán
La chispa de la furia islámica
Una película que ridiculiza a Mahoma despierta la ira de los musulmanes. La corriente ultraconservadora salafí, que está tras los atentados contra el consulado de EE.UU. en Libia, busca ampliar su influencia en medio del caos.
Por: Daniel Salgar Antolínez
Mujeres musulmanas indonesias levantan carteles durante una protesta frente a la embajada de Estados Unidos en Yakarta. / EFE
Los islamistas nunca estallan con tanta furia como cuando alguien ofende su religión. La difusión de La inocencia de los musulmanes, una película que ridiculiza al profeta Mahoma, ha hecho que la ira islámica se expanda por cerca de 20 países. Miles de fieles salen a manifestar con violencia su indignación y a enviar mensajes beligerantes a EE.UU. Detrás de las manifestaciones más violentas (sobre todo las de Libia, en las que murió el embajador estadounidense, y Egipto, donde irrumpieron en la embajada norteamericana) están los salafíes, dispuestos a defender con su vida a Mahoma, pero también a buscar objetivos políticos.
El islam es desde su origen una religión iconoclasta: la imagen de Mahoma no debe representarse, mucho menos en modo de burla. Por eso los más radicales se encienden cuando en Occidente sale una caricatura del analfabeta a quien Alá le reveló el Corán. La ira estalló esta vez con una fuerza inédita al conocerse el video en el que Mahoma aparece como un promiscuo, violador de niños y homosexual.
El líder supremo de la revolución islámica de Irán, el ayatolá Jamenéi, dejó muy claro que los islamistas radicales interpretan las ofensas a su religión como ataques de grupos sionistas que pretenden impedir su auge. Eso explica los ataques a embajadas estadounidenses durante esta semana: “Lo que se esconde detrás de este movimiento malvado es la política hostil del sionismo, de EE.UU. y otros líderes de las potencias arrogantes, que tratan en vano de hacer que los jóvenes en el mundo islámico pierdan el respeto por (...) todo lo que se considera sagrado”.
El ayatolá también mencionó a otros “pecadores” como “Salman Rushdie, el caricaturista danés y el pastor estadounidense que quemó el Corán”, que ya habían despertado la ira de los creyentes. No habló, sin embargo, de las manifestaciones que estallaron en febrero, cuando oficiales del ejército estadounidense quemaron coranes en Bagram, la mayor base militar de ese país en Afganistán.
Entre los musulmanes indignados por las ofensas contra Mahoma suelen infiltrarse organizaciones terroristas o movimientos islamistas más radicales, los cuales aprovechan para lograr fines más allá de la defensa de su fe. Una de estas corrientes es el salafismo, que tiene vínculos ideológicos con el terrorismo yihadista.
Barah Mikail, investigador de Oriente Medio de la Fundación para las Relaciones Internacionales y el Diálogo Exterior (Fride), explica a El Espectador que el salafismo es una corriente del islamismo suní que promueve la vuelta al estilo de vida que prevalecía en tiempos de Mahoma. “Los salafíes rechazan la modernidad y creen que todos deberían vivir como su profeta, una vida simple y sin pertenencias materiales o superficiales. Creen que su ideología es la única que debe prevalecer, por eso fácilmente se consideran en guerra con cualquiera que no siga sus reglas”.
Además, los salafíes, conocidos como los más arduos defensores del dogma islámico, creen que es necesario deshacerse de los gobiernos locales, abolir las fronteras nacionales y establecer un califato islámico global. Aunque este objetivo se ve como algo muy lejano, su más directa amenaza es el uso de la violencia, no sólo en el mundo árabe y musulmán sino en Occidente, al cual muchos consideran que es su deber atacar para mostrar fortaleza.
No se ha determinado qué grupo planeó el atentado en el que fueron asesinados cuatro diplomáticos de EE.UU. en Libia, pero para muchos es claro que se trató de una acción de tendencia salafí. La escritora y abogada iraní-estadounidense, Melody Moezzi, dice a este diario que aunque “los salafíes alegan tener sus bases en el islam, han promovido interpretaciones retorcidas del Corán y otros libros sagrados para impulsar sus intereses políticos. Al Qaeda, por ejemplo, es una encarnación del salafismo”.
Otra organización salafí radical libia, Katibat Ansar Al Sharia, fue acusada del ataque, pero negó su autoría. Sin embargo, aunque no exista un vínculo directo entre los líderes salafíes y los responsables del atentado, la base doctrinal de estas facciones violentas es el salafismo, hoy fortalecido en la gran mayoría de países del Mediterráneo, principalmente Egipto, Libia y Túnez.
Juan Carlos Estarellas, experto en salafía yihadía y radicalismo islamista, explica a El Espectador que, en Libia, el salafismo venía ligado al Grupo Islámico Combatiente Libio, el cual se integraría con posterioridad a la futura Al Qaeda. Tras los atentados del 11-S, Gadafi fue el primer dirigente musulmán en condenar los ataques terroristas al dar la orden de que se vigilara y controlara a los yihadistas. Lo mismo sucedió con los combatientes que fueron a Irak y Afganistán, pues a su llegada a Libia fueron recluidos por ser enemigos del régimen.
Los salafíes fueron reprimidos por un largo período, aunque durante los últimos 20 años las cadenas de televisión religiosas de Arabia Saudita —potencia que aún los apoya— propagaron su discurso. Ahora, la Primavera Árabe les abre espacio en la política y la sociedad islámicas: en Egipto, el partido salafista Al Nur logró una victoria democrática en el Parlamento, alzándose como el segundo en esta instancia, después de los Hermanos Musulmanes.
En Túnez, los salafíes protagonizan incidentes violentos y ahora varios partidos de esta corriente buscan competir con Ennahda, el partido islamista tradicional.
En Libia, la cuestión es más compleja. Aunque Hillary Clinton, la secretaria de Estado de EE.UU., se pregunte cómo podían atacar al consulado de un país que “liberó” a los libios y los “salvó de la destrucción” al provocar la caída de Gadafi, lo cierto es que Libia está igual o peor que bajo la dictadura.
Ignacio Gutiérrez de Terán, experto en el mundo árabe de la Fundación Euroárabe, dice a este diario que en Libia hay un creciente descontrol territorial del Estado y falta de instancias realmente democráticas —más bien, hay pequeños grupos que controlan regiones apartadas—. “Los salafíes aparecen como un fenómeno coercionado con gran peso, sin representación política pero con grandes anclajes sociales, sobre todo en barrios populares”.
Para Estarellas, “no hay duda de que, tras la caída de Gadafi, Libia se ha convertido en un laboratorio yihadista que provocará inestabilidad en la región. Los grupos gozan de enorme popularidad en estos momentos por haber permitido la caída del dictador, tienen libertad de movimientos, son respetados por las autoridades y, esto es lo más importante, disponen de un gran arsenal”. Precisamente, tras la caída del régimen exmiembros de Al Qaeda, de ideología salafí, se han hecho fuertes y no han abandonado las armas.
¿Y si la rabia y los intereses salafíes siguen expandiéndose, se espera un ataque similar al ocurrido en Libia? Barah Mikail contesta que siempre hay una posibilidad de ver más ataques, pero esto no significa que estemos ante una explosión del mundo árabe o musulmán. “Las amenazas más serias se van a encontrar en países como Libia, Yemen y potencialmente Afganistán, donde la soberanía de los gobiernos y el control territorial están lejos de lograrse. Para el resto de países, a menos que haya sorpresas, no creo que las actuales protestas lleven a un caos mayor. Las tensiones probablemente prevalezcan cierto tiempo, pero muy posiblemente serán controladas”.
Cronología: Otros ataques a embajadas de EE.UU.
1968
28 de agosto
El embajador de EE.UU. en Guatemala, John Gordon Mein, es asesinado por un miembro de las FAR (Fuerzas Armadas Rebeldes). Mein fue obligado a bajar de su Cadillac y cuando intentó correr le dispararon.
1973
1º de marzo
Miembros de Septiembre Negro, una facción de la Organización para la Liberación Palestina, matan a Cleo A. Noel Jr., embajador en Sudán, después de secuestrarlo junto con otros nueve diplomáticos.
1974
19 de agosto
Mientras está en el pasillo central de la embajada, Rodger P. Davies, embajador en Chipre, recibe una bala disparada por un francotirador que participaba en una manifestación contra EE.UU. Muere al llegar al hospital.
1976, 1979
16 de junio y 14 de febrero
En la primera fecha muere acribillado el embajador de EE.UU. en Líbano, Francis E. Meloy Jr. Tres años después, Adolph Dubs es secuestrado y más tarde muere en un tiroteo en Kabul.
1979
4 de noviembre
Guardias revolucionarios y estudiantes iraníes ocupan la embajada de EE.UU. en Teherán y capturan a 52 funcionarios que tendrán como rehenes más de un año.
1983
18 de abril
Mueren 63 personas, 17 de ellas estadounidenses, por una bomba en la embajada de EE.UU. en Beirut. Se responsabiliza a la Jihad Islámica. Un año después, mueren 20 por una explosión en la embajada en Líbano.
1998
7 de agosto
Ceca de 225 muertos, entre ellos 12 estadounidenses, y más de 4.000 heridos, causa un doble atentado con carros bomba contra las embajadas de EE.UU. en Kenia y Tanzania. Se le atribuye a Al Qaeda.
2006
2 de marzo
Cuatro muertos, entre ellos un diplomático estadounidense, y 22 heridos por dos carros bomba contra el consulado de EE.UU. en Karachi, un día antes de la visita del presidente George W. Bush a Pakistán.
2008
Septiembre 17
Al menos 16 muertos, entre policías, atacantes y civiles, en un atentado con coche bomba cerca de la embajada en Saná, Yemen. Dos meses después, se presenta un atentado suicida cerca de la embajada en Kabul.
Por: Daniel Salgar Antolínez
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