El Mundo |17 Sep 2012 - 11:14 pm

Análisis de un mensaje agresivo en un entorno agresivo

Contra la violencia intercultural

Las protestas por la película acusada de ridiculizar a Mahoma se exacerbaron en Afganistán e Indonesia y se han vuelto una constante en el mundo árabe. ¿Cómo evitarlo?

Por: Thomas Röhlinger*
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Varios indonesios lanzaron piedras contra la Embajada de Estados Unidos en Jakarta. / AFP Varios indonesios lanzaron piedras contra la Embajada de Estados Unidos en Jakarta. / AFP

Llamas, demostraciones, armas: es aterrador ver el alboroto y la violencia en el mundo musulmán, como una reacción a una película evidentemente insultante con el profeta Mahoma. Muchos de nosotros estamos en un estado de confusión, en medio de rumores y suposiciones que se propagan a través de los medios de comunicación, sobre el autor de las películas, acerca de la posible reacción de Estados Unidos y sobre el futuro del diálogo entre Occidente y el mundo árabe.

Independientemente de lo que pueda venir, algunas cosas ya están claras: en primer lugar, tenemos que repensar la política: el diálogo pacífico de las culturas no es algo “agradable” que se da en días soleados. Se debe dar en el centro mismo de la toma de decisiones internacionales. La guerra y la violencia arruinan los planes de las naciones para el desarrollo, el crecimiento y la estabilidad, así que es muy fácil ver la necesidad de cambio. Pero, en realidad, las actividades de base para la paz, la interculturalidad y la solución pacífica de los conflictos son constantemente insuficientes, en una relación ridícula de comparación con el presupuesto militar alrededor del planeta. Esto es una vergüenza para el mundo civilizado.

En segundo lugar, tenemos que volver a pensar en la construcción de paz. Tenemos que empezar de mucho antes, desde la infancia y la juventud. La ciencia ha demostrado que las imágenes mentales del mundo, la empatía y el espíritu de ciudadanía global se desarrollan en la primera infancia y la juventud. Por tanto, es más fácil intervenir en este período crítico que con un programa que llegue más tarde. Si podemos ayudar a fomentar en nuestros hijos un espíritu de respeto global y amistad, una película como esta tal vez no ganaría tanta atención. Porque todo el mundo sabría que la mayoría “de los otros” no son enemigos. Si pudiéramos tener más y mejor financiamiento para programas de intercambio intercultural en todo el mundo, muchos jóvenes podrían pensar, “tengo muchos amigos en esta región, estoy seguro de eso. Así que vamos a mantener la calma en ambos lados”. El virus del odio y la violencia no se ha extendido como pólvora, como lo vemos hoy. La falta de atención hacia los más jóvenes (que serán los que tienen que enfrentar las consecuencias de la presente violencia) es una actitud de la que las generaciones mayores deben avergonzarse.

En tercer lugar, tenemos que volver a pensar en los medios de comunicación y la educación a través de ellos: la película ha sido posible gracias a financiación independiente y se propagó a través de redes sociales. Por tanto, es muy claro lo importante que resulta la constitución y dotación de medios nacionales y mundiales que estimulen a los jóvenes a producir piezas atractivas para la paz y el entendimiento. La “película” tuvo un impacto increíble que no merecía. Esto demuestra lo importante de los medios para la formación de interculturalidad. Un público sensible interculturalmente no tendría una reacción como la que vemos.

Si estamos de acuerdo en lo dicho, tenemos que volver a pensar en las finanzas: el dinero para hacer del mundo un mejor lugar está allí. Sólo dos cifras: según el Índice de Paz Global, del Instituto para la Economía y la Paz, US$9 trillones podrían ahorrarse si los conflictos armados en todo el mundo fueran resueltos. Otros $21 a $31 billones estarían escondidos en cuentas bancarias de paraísos fiscales, de acuerdo con la investigación de James S. Henry, execonomista jefe de McKinsey & Co. y un economista de la Red de Justicia Fiscal.

Es bastante simple: si podemos hacer que esos recursos financieros enormes sean accesibles para el desarrollo, el diálogo y la paz, tenemos muy buenas posibilidades de no continuar con estos acontecimientos en generaciones futuras. Otro mundo es posible.

* Analista del centro de estudios Global Experts.

Por: Thomas Röhlinger*
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