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Existen profundas diferencias ideológicas y altos niveles de desconfianza entre los presidentes Uribe y Correa que impide el entendimiento de los argumentos de cada uno. Lastimosamente, no hay motivos para pensar que la situación vaya a mejorar. A pesar de que Uribe abandonó el micrófono para lanzar agravios personales contra Correa, acudió a algo peor –la diplomacia del computador– consistente en la filtración selectiva y calculada de los hallazgos en los equipos de Raúl Reyes para “comprobar” la complicidad del gobierno ecuatoriano (y de muchos más) con las Farc. Además de dudosa –el peso legal de las pruebas que serán presentadas por la Interpol no es claro y reacciones como la de Hugo Chávez anticipan su eventual invalidación política–, se trata de una estrategia peligrosa cuyo único resultado será el agravamiento de las tensiones vecinales.
En Colombia, la diplomacia del computador ha sido una cortina de humo imprescindible en medio de los escándalos de la parapolítica y la Yidis-política, cuyos tentáculos parecen acercarse a la Rama Ejecutiva. A nivel internacional, incriminar a Correa (y a otros como Chávez) sirve el doble propósito de ratificar la alianza con Estados Unidos y de encubrir el fracaso absoluto que ha sido la política exterior del gobierno.
El presidente ecuatoriano no se ha quedado atrás. El hecho de que su aceptación y la de la Asamblea Constituyente hayan caído explica las actitudes provocadoras que ha tenido hacia Colombia. También la contraofensiva diplomática que ha iniciado en Europa hará contrapeso a los planteamientos colombianos, entre otros por la buena recepción que tiene en Francia por su apoyo al intercambio humanitario.
Mientras las divergencias políticas sigan usándose en función del panorama doméstico, las perspectivas de reparación de las relaciones colomboecuatorianas son remotas.
Profesora Universidad de los Andes y Universidad Nacional de Colombia.