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Al parecer, los gustos de los Bush y los Clinton son radicalmente diferentes tanto en política como a la hora de pasar a la mesa. La actual primera dama, Laura Bush, ha sido una de las ilustres inquilinas de la Casa Blanca que más tiempo le dedicó a la elección del jefe de la cocina.
Dicen que a Laura Bush no le gustó la “sazón” del chef Walter Scheib, quien estuvo al frente de los fogones presidenciales durante los ocho años de presidencia de Bill Clinton, y decidió hacer un minucioso examen para escoger a su sucesor. La elegida fue una filipina de 42 años, quien llevaba diez años trabajando en la residencia presidencial y que logró complacer el exquisito paladar de la primera dama, su esposo y sus dos hijas. Así recuerdan varios ayudantes de cocina la llegada de los Bush a la Casa Blanca.
Años atrás, en 1963, fue el portero Preston Bruce quien fue testigo de uno de los momentos más difíciles que se han vivido en la residencia presidencial: el asesinato del presidente John F. Kennedy. “Cuando volvimos de Arlington del funeral de Kennedy, su hermano Robert me lanzó sus guantes y me dijo: guarda estos guantes y recuerda siempre que los llevé en el funeral de mi hermano”, señaló el trabajador.
Ésta sólo es una de las historias que se han vivido en los salones de la casa presidencial y de las que han sido testigos cientos de empleados que durante todos estos años han trabajado allí.
“Tuve que producir glaseadas y esponjosas creaciones en una rutina casi diaria para la Casa Blanca”, apunta Roland Mesnier, antiguo pastelero, que desarrolló su propia técnica chocolatera para saciar el paladar de los invitados de la residencia presidencial durante más de 25 años.
Esas historias, recuerdos y cientos de fotografías fueron aportadas por mayordomos, empleadas domésticas, porteros y cocineros que han trabajado en la Casa Blanca y que desde su muy particular punto de vista revelan un siglo de historia estadounidense en una exposición itinerante que comenzó hace unos días en el Museo Histórico del Estado de Iowa. Bajo el nombre de Working White House (Trabajando en la Casa Blanca).
La muestra recoge las tradiciones y memorias de la residencia presidencial estadounidense a través de testimonios de trabajadores anónimos que sirvieron a diversos presidentes, desde William H. Taft (1909-1913) hasta George W. Bush (2000-2008).
Una lista de recuerdos, utensilios del hogar, ropas, cartas, menús, fotografías y otras vivencias que estos empleados conservaron por años dan una idea de las ceremonias, elegantes cenas presidenciales, celebraciones nacionales y tragedias que marcaron y construyeron la historia del país. Fueron muchos empleados los que trabajaron en la residencia ubicada en el número 1600 de la avenida Pensilvania, construida entre 1792 y 1800.
La Institución Smithsonian y la Asociación Histórica de la Casa Blanca (WHHA) realizaron una serie de entrevistas con los antiguos empleados de la residencia presidencial, que son recogidas en la muestra mediante formatos de audio y video.
La directora de los Servicios de Exposiciones Itinerantes del Smithsonian (SITES), Anna R. Cohn, señaló que “a pesar de que la mayoría de estadounidenses desconocen este colectivo de empleados, los presidentes de E.U., las primeras damas del país y sus hijos honraron su servicio”.
“Detrás de la escena pública, los trabajadores de la Casa Blanca dieron la bienvenida y guiaron a las nuevas administraciones, además de conocer a los presidentes estadounidenses como pocos pudieron hacerlo”, manifestó.
La exposición viajará en los próximos cuatro años por varias ciudades del país. “Será una forma diferente de conocer la historia del país a través de los ojos de empleados que vivieron de primera mano varios importantes episodios”, dijo Cohn.