Escucha este artículo
Audio generado con IA de Google
0:00
/
0:00
¿Qué buscan los monjes tibetanos y sus simpatizantes?
Las protestas comienzan en Lhasa, capital del Tíbet, en marzo de este año. Las manifestaciones conmemoraban el levantamiento tibetano (en 1959) contra el gobierno chino y la toma del territorio por parte del Ejército de Liberación Popular (del Tíbet). El gobierno chino recuperaró el control y buscó erradicar la cultura tibetana, exiliando al Dalai Lama. Los tibetanos esperan que él pueda regresar a China, ya que ven su retorno como posibilidad de revigorizar su cultura.
¿Por qué impide China el retorno del Dalai Lama?
Hay una línea dura en el Partido Comunista Chino que teme que el retorno del Dalai Lama desate fuerzas incontrolables, que generarían la separación del Tíbet. La mayoría han en China (más del 92% de la población) considera que el Tíbet les pertenece históricamente. Por eso resienten tan profundamente a cualquier grupo minoritario en busca del autogobierno.
¿China tolera algún tipo de autonomía?
La Constitución de 1949 promete autonomía y autogobierno a las 55 minorías chinas. Pero entre el compromiso constitucional y la realidad hay una gran brecha. El Gobierno ha derogado estas leyes con prohibiciones y condiciones; la principal de estas es que ninguna ley puede poner en riesgo la unidad nacional, que es su principal interés. China no es un país que se haya caracterizado por respetar el reino de la Ley y los derechos de las minorías.
¿Hay una salida?
El Dalai Lama y el gobierno en el exilio no quieren ser independientes como país, ni ser reconocidos por la comunidad internacional. China debe otorgar una autonomía genuina para a las áreas donde viven los tibetanos y así poder autogobernarse. Sin embargo, China ve la autonomía tibetana como el punto de partida para su independencia, y se ha negado, como lo hizo hace unos meses en Lhasa. De ahí la frustración.
Al Dalai Lama lo critican por ser un “monje vestido de Gucci”, ¿cómo evalúa su papel?
Él es un hombre moderado que aboga por la paz. Si los chinos quieren negociar un acuerdo sobre el estatus de Tíbet, necesitan la concurrencia del Dalai Lama. Es vergonzosa la manera en la que China ha utilizado la revolución cultural para desalientar al Dalai Lama y atacar su integridad. Cualquier palabra crítica de China hacia el Dalai es ilegítima. Es tan solo un intento por desviar la atención y evitar su responsabilidad.
Las protestas han sido agresivas, ¿qué pasó con la No Violencia del Dalai Lama?
La frustración de los tibetanos está llegando a su punto de ebullición. Pero aquí no hay una estrategia que busque la violencia sistemática. La violencia fue un resultado de la manera agresiva en la que reaccionaron los servicios de seguridad chinos, maltratando a los monjes que protestaban pacíficamente en las calles de Lhasa. Cuando alguien es atacado, y la gente es masacrada, uno no puede hacer otra cosa que defenderse.
Finalmente, ¿qué va a pasar tras los Olímpicos de agosto?
Es muy importante que el gobierno chino y los representantes del Dalai Lama reanuden los diálogos basándose en la búsqueda de la autonomía cultural del Tíbet. Los Olímpicos pueden ser usados para fortalecer el compromiso chino, y lograr la libertad integral de la cultura tibetana y la integridad territorial de China. Un acuerdo que sea verificable haría que el Dalai Lama renuncie definitivamente a cualquier aspiración de independencia para siempre. La comunidad internacional debe presionar a China para que reinicie las charlas, y luego tiene el deber de monitorear la implementación del acuerdo para asegurarse de que China cumpla su palabra.
David L. Phillips
Es director del National Committee on American Foreign Policy, y es un profesor visitante en la Universidad de Columbia en el Departamento de Derechos Humanos. Ha escrito numerosos artículos y libros sobre las relaciones entre China y el Tíbet, incluyendo un análisis legal sobre los caminos para la resolución de este conflicto, Ley y opciones de autonomía para las minorías en China: el caso tibetano, publicado por el Centro Belfer de la Universidad de Harvard. Phillips también ha trabajado como consultor del Departamento de Estado y el Secretariado de las Naciones Unidas.