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McCain, un rebelde con causa

El partido se reunirá durante cuatro días con un solo objetivo: encontrar la forma de quedarse en la Casa Blanca. La apuesta republicana es por un hombre pragmático y con mucha experiencia. Al estilo de Theodore Roosevelt.

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Carlos Mendo/ Especial de El País de España
29 de agosto de 2008 - 10:21 p. m.
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Evidentemente, no hay “nada nuevo bajo el sol”. Y menos en la  actual carrera por la Presidencia de los Estados Unidos, en donde las vidas de los candidatos han sido escrutadas hasta la saciedad. En las contiendas electorales del país del norte, ya es costumbre esculcar con vehemencia y persistencia las vidas privadas de sus personajes públicos.

Pero, si quieren irritación, tensión y polarización de verdad, hay que ir a Washington y estudiar los comportamientos de republicanos y demócratas durante las presidencias de William Jefferson Clinton y George W. Bush, que cubren nada menos que los últimos 16 años en la historia de la democracia con la Constitución vigente más antigua del mundo.

De la inmisericordia de la lucha política y de la soledad del político en la capital federal, se hacía eco Harry S. Truman cuando, al regresar a su Missouri natal en 1953, tras siete años en la Casa Blanca, recordaba a Oscar Wilde con la frase: “Si quieres un amigo en Washington, cómprate un perro”. U otra, todavía más gráfica, de un célebre abogado washingtoniano, Robert Benett, amigo del matrimonio Clinton, que en su libro In the ring, de reciente aparición, escribió: “Un amigo en Washington es el que te apuñala por el pecho en lugar de hacerlo por la espalda”.

John McCain comprobó en carne propia la veracidad de las afirmaciones de Truman y Bennett con la aparición de una información en The New York Times el pasado 20 de febrero, en la que, citando fuentes no identificadas, se acusó al senador y candidato presidencial, de haber intervenido en 1999 con la Comisión Federal de Comunicación a favor de un cliente de la lobbista Vicky Iseman con la que, presuntamente, mantenía un romance.

Senador, cliente e Iseman negaron tanto los pretendidos favores como la presunta relación sentimental. El diario, finalmente, tuvo que recitificar. Este es sólo un ejemplo del clima explosivo de las campañas electorales estadounidenses y el estudio microscópico al que son sometidos los aspirantes a la Casa Blanca.

Naturalmente, el historial del  republicano es de dominio público desde hace muchos años. McCain era de sobra conocido por la opinión estadounidense mucho antes de entrar en política en 1982, primero como congresista y, cuatro años más tarde, como senador por Arizona.

Desde 1973, el futuro senador, hijo y nieto de almirantes, era aclamado como un héroe por sus conciudadanos por su increíble comportamiento durante los cinco años y medio que pasó como prisionero de guerra en cárceles norvietnamitas, tras ser derribado su A-4 Skyhawk por un misil tierra-aire soviético en octubre de 1967.

Torturado primero en la prisión de Hoa Loa, sarcásticamente bautizada por los prisioneros americanos como Hanoi Hilton, y


trasladado después a un campo de concentración en las afueras de Hanoi, conocido como la Plantación, el entonces capitán de corbeta estuvo dos años aislado en una celda de castigo por negarse a facilitar información militar.

Cuando su padre fue nombrado jefe de las fuerzas navales en el Pacífico, los norvietnamitas le ofrecieron la libertad en un intento de apuntarse un tanto propagandístico y, al mismo tiempo, desmoralizar al resto de los prisioneros. McCain se negó a aceptar la oferta si no eran liberados también el resto de sus compañeros de celda.

El resultado de la negativa fueron dos años más de torturas con rotura de dientes y huesos incluida. La huella de la tortura ha durado hasta hoy. El ex piloto de la Marina no puede elevar sus brazos por encima de los hombros y su mandíbula todavía hoy muestra las secuelas de las palizas. Su increíble resistencia y carácter fueron incluso alabados por el delegado vietnamita en las conversaciones de paz de París, Le Duc Tho. En 1973, McCain regresó a Estados Unidos en medio del cariño y la admiración de sus compatriotas, que no ha cesado de manifestarse hasta nuestros días.

A sus 71 años, este llanero solitario, indómito y rebelde durante toda su vida, incluida su estancia en la Academia Naval de Annapolis, donde tiene anotadas 100 faltas leves y donde se graduó en el nada brillante puesto de quinto por la cola de su promoción, aspira, por segunda vez en su vida política –la primera fue hace ocho años–, a ganar las presidenciales.

Y, ¿qué ofrece John McCain al Partido Republicano, un partido en el que una parte considerable de su base cristiana y ultraconservadora considera al senador un peligroso liberal? Sencillamente, la única esperanza de retener la Casa Blanca en manos republicanas, tras los dos mandatos de George W. Bush, que, en opinión casi unánime de los historiadores, ha protagonizado una de las más desastrosas presidencias desde la inauguración de George Washington en 1789.

Por lo pronto, las encuestas vuelven a darle ventaja a su contendor demócrata. Sus copartidarios republicanos tratarán de fortalecerlo durante los cuatro días de cita republicana en St. Paul, Minesota. Con Sarah Palin de fórmula vicepresidencial, una hermosa ex reina 30 años más joven que él, puede que John McCain logre restarle algo de protagonismo al candidato negro.

Convención Republicana

Hace sólo unos meses, una victoria republicana en las elecciones de noviembre de 2008 era muy improbable. El gobierno de George W. Bush y la pérdida de varias curules en las pasadas elecciones parlamentarias, dejaron al Partido Republicano muy golpeado. Pero a poco menos de nueve semanas para las elecciones presidenciales, el triunfo del partido en el poder ya no es imposible gracias John McCain.

A partir de este lunes y hasta el próximo jueves, los republicanos cerrarán filas alrededor del senador por Arizona en su convención. Oficialmente el encuentro se celebra en las ciudades gemelas de Minneapolis y Saint Paul, en Minesota.

Por Carlos Mendo/ Especial de El País de España

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