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El candidato demócrata a la Presidencia, el senador Barack Obama, sonreía aunque se veía cansado. La noche anterior había debatido, frente a cientos de millones de personas en todo el mundo, ante el candidato republicano a la Presidencia de Estados Unidos, John McCain, y estaba satisfecho con los análisis de prensa sobre su actuación. Pero cuando le pregunté cuántas horas había dormido en los últimos días, evadió la pregunta con una broma.
En cambio, el senador Joseph Biden, el candidato demócrata a la Vicepresidencia, de 62 años, se veía fresco con su saco azul marino y estaba dispuesto a torear al más bravo. Hablé con los dos en una vieja estación de trenes. No llevaban corbata, pero sí prisa.
Acababan de llegar de Misisipi, habían hecho un acto de campaña en el centro de Greensboro, comieron en menos de un cuarto de hora y se iban a Virginia esa misma tarde. A poco menos de un mes para la elección, en su equipo de trabajo se notaba la angustia de los que tratan de meter demasiadas cosas en un solo día... o una sola hora. La entrevista fue como un juego de ping pong.
“¿Está ganando Estados Unidos la guerra en Irak?”, le pregunté. “Yo no hablo en términos de victoria, o de ganar, porque soy realista; creo que esa es la manera de enfrentar este asunto”, me dijo Obama, citando las palabras del general David Petraeus, quien hasta hace muy poco estuvo al frente del ejército norteamericano en Irak, y continuó: “una de mis prioridades es terminar la guerra para que podamos enfocarnos en lo que nos permite estar más seguros y ser más fuertes”.
La guerra es algo personal para Biden. Su hijo, Beau, es miembro de la Guardia Nacional y viajó a Irak. ¿Espera que Obama, como presidente, regrese a su hijo de la guerra? “No”, contestó. “Él va a hacer su deber como cualquier otro norteamericano. Pero vamos a terminar con esta guerra. Esta no es una pregunta. Vamos a terminar con esta guerra”.
¿Cuándo? “El plan es sacar a todos los soldados de Irak para el verano de 2010”, aseguró Biden.
Chávez y Rusia
Una de las grandes frustraciones del primer debate presidencial es que el tema de América Latina fue evitado olímpicamente. Ni Obama ni McCain ni el moderador Jim Lehrer le dedicaron unos segundos. Nada. Igual que el presidente George Bush durante casi ocho años, los candidatos presidenciales y el periodista de la cadena pública PBS trataron a la región como si no existiera.
Pero la pregunta sobre si Obama realmente estaría dispuesto a reunirse con los líderes de Irán, Cuba y Venezuela, entre otros, sin condiciones —como lo dijo en julio de 2007— sigue pendiente. Tras la expulsión del embajador norteamericano en Caracas y los más recientes insultos del presidente de Venezuela, Hugo Chávez, contra lo que él llama “el imperio”, ¿todavía está Obama dispuesto a reunirse con el mandatario venezolano?
“Mi actitud es que, como presidente, tengo la obligación —tengo el deber— de reunirme con cualquier persona, a la hora y en el lugar que yo decida, si pienso que eso va a hacer más seguro a Estados Unidos”, dijo Obama. “Ahora, creo que Chávez se ha beneficiado al presentarse como un adversario de Estados Unidos. Muchas veces, debido a las fallas que hay en su país, explotar el sentimiento antinorteamericano le ha ayudado a impulsar su popularidad”.
Luego le pregunté a Biden si le preocupaba que Rusia fuera a realizar ejercicios militares en Venezuela y que estuviera considerando ayudar al gobierno de Chávez a construir plantas de energía atómica. Y Biden, como el jefe del comité senatorial de Relaciones Exteriores, me contestó con una fuerte crítica, no a Chávez o a los rusos, sino contra Bush y el candidato republicano a la Presidencia, John McCain.
“No hay una política hacia Rusia”, dijo. “No hay una política hacia América Latina. No hay ninguna política. Ellos no saben qué hacer. Así que sí estoy preocupado de que (John McCain y los republicanos) ganen esta elección, porque sería un problema para la generación de nuestros niños”.
De ahí saltamos al tema de las drogas. La violencia en México parece estar fuera de control debido a la incapacidad del gobierno para detener a los narcotraficantes. Pero el presidente mexicano, Felipe Calderón, ha sugerido que si no se reduce el consumo de drogas en Estados Unidos, la violencia en su país y en el resto de América Latina tampoco se detendrá. En este punto Obama estuvo de acuerdo.
“Lo que es absolutamente cierto es que debemos tener un acuerdo de socios con México”, dijo. “Y eso significa que ese país tiene que hacer un mejor trabajo para evitar que las drogas fluyan hacia el norte, y que Estados Unidos tiene que hacer un mejor trabajo para evitar que las pistolas y el dinero vayan al sur”. Y reconoció también la dificultad de enfrentar corrupción y narcotráfico, simultáneamente, en México.
Sobre Sarah Palin
Las preocupaciones de Biden, en ese momento, no eran primordialmente geopolíticas. Tenían nombre y apellido: Sarah Palin. Se estaba preparando para el debate, que se realizó esta semana en San Louis, con la gobernadora de Alaska y candidata republicana a la Vicepresidencia. Según Biden, el asunto central no era si Palin estaba preparada para estar al frente del país, si fuera necesario, sino por qué las propuestas de gobierno de Obama eran mejores que las de McCain.
Unos días antes Biden había dicho lo siguiente: “Hillary Clinton está tan preparada o más que yo para ser vicepresidenta. Francamente, ella pudo haber sido una mejor selección que yo”. Y le pregunté al senador de Delaware si realmente creía eso.
Obama nos interrumpió, soltando una carcajada, y dijo que Biden era muy modesto. El candidato vicepresidencial, sin embargo, repitió que Hillary sí estaba preparada para ser vicepresidenta y luego añadió: “Creo que yo estoy perfectamente preparado para ser vicepresidente... Mira, todavía existe cierto espacio en la arena política para ser amable”.
Al final se tomaron fotos —muchas— y firmaron libros y Barack Obama, todavía con una sonrisa fue el primero en salir de la estación de trenes, fuertemente custodiada, donde realizamos la entrevista. Biden se quedó unos momentos más. Quería conversar sobre cómo los hispanos podrían definir esta histórica elección presidencial.
Pero pronto un asistente se acercó para apurarlo. No había tiempo que perder. Varios eventos estaban ya preparados y la agenda no daba espera. Con la Casa Blanca en el horizonte y la campaña en marcha, los candidatos no pueden darse ciertos lujos. En esta carrera electoral, ya ni siquiera el tiempo es de ellos. Hasta la despedida.
*Jorge Ramos es el conductor del Noticiero Univisión, que se ve en Estados Unidos y 13 países de América Latina. El periodista mexicano ha ganado varios premios Emmy. Entre sus libros están "Detrás de la máscara", "Lo que vi", "La otra cara de América" y "La ola latina". Fue nombrado por la revista “Time” como uno de los 25 hispanos más influyentes de E.U.
Irak: más que una cuestión electoral
Un día después de la dura prueba que significó el debate vicepresidencial por las elecciones de EE.UU., el demócrata Joe Biden lució descompuesto.
El viernes pasado Biden despidió a los efectivos de la Brigada 261 de la Guardia Nacional asignados a Irak, la cual integra su hijo Beau (foto), de 39 años, ex fiscal general de Delaware y quien en adelante desempeñará funciones como abogado militar.
“Mientras ustedes sirven y cuidan de vuestros hermanos en armas, vuestras familias aquí en casa les prometen que nosotros nos cuidaremos mutuamente”, dijo Biden a los soldados que partieron rumbo a Fort Blix, en Texas, donde recibirán un entrenamiento de seis semanas antes de partir a sus posiciones en Irak.
Biden no es el único personaje electoral con hijos en el Golfo Pérsico; la fórmula vicepresidencial republicana, Sarah Palin, despidió a su primogénito Track, de 19 años y miembro de la Primera Brigada Stryker de Combate, quien partió el pasado 11 de septiembre a Oriente Medio.
Jimmy McCain, hijo del candidato presidencial republicano John McCain, regresó a comienzos de este año, después de servir a su país en Irak.