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La otra mirada

Hace unos meses, durante una reunión realizada en la ciudad de Cochabamba, los mandatarios de Venezuela y Bolivia anunciaron las bases de lo que serían el ALBA (Alternativa Bolivariana para las Américas) y el TCP (Tratado de Comercio de los Pueblos), reafirmando el carácter alternativo de estos procesos de integración: no se trataba solo de comercio e inversión sino ante todo, del desarrollo nacional, con base en la recuperación de la función económica y social del Estado.

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Consuelo Ahumada/ Directora del Observatorio Andino y de la maestría en Estudios Latinoamericanos de la Universidad Javeriana.
13 de mayo de 2008 - 08:37 p. m.
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Todo esto sucedía en momentos en que los negociadores de Estados Unidos, Colombia y Perú le daban los últimos toques al TLC andino.

La nacionalización de los recursos naturales y de los sectores estratégicos de la economía ha sido contemplada como el puntal de la estrategia de desarrollo de Venezuela y Bolivia. Es una medida que va en contra de una de las políticas centrales del modelo impuesto en América Latina por los organismos internacionales y por Washington durante las dos décadas pasadas: la privatización de las empresas estratégicas del Estado. Una política que ha representado enormes ganancias para las empresas multinacionales y el deterioro de las condiciones sociales y laborales en toda la región.

En el caso de Venezuela y Bolivia, y en menor medida, de Ecuador, el fortalecimiento de las rentas estatales ha sido la cantera de la inversión social, definida por todos ellos como prioritaria.

En efecto, pareciera existir una contradicción insalvable entre la propuesta de una mayor inversión social que hacen los organismos internacionales y las políticas de ajuste fiscal y de transferencia de recursos al sector privado, que preconizan en todo momento. Los países que siguen este modelo apenas pueden paliar las consecuencias más nefastas de la aplicación del modelo neoliberal, pero no logran acumular los recursos que requiere el desarrollo económico y social. Algunos, como Colombia, se han dedicado a profundizar la privatización de las empresas estratégicas del Estado, en contravía de lo que sucede en el vecindario.

El modelo basado en la distribución social de las rentas estatales, aparece como una alternativa real de desarrollo. No obstante, un desafío que tienen estos gobiernos es el de generar las condiciones que permitan sostener la inversión social de largo plazo, independientemente de los precios de los hidrocarburos.

Por Consuelo Ahumada/ Directora del Observatorio Andino y de la maestría en Estudios Latinoamericanos de la Universidad Javeriana.

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