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Los tres disparos que impactaron el Lincon descapotado modelo 63, en ese caluroso veintidós de noviembre en Dallas, marcaron de por vida el destino de la pequeña Caroline. Sin saberlo, la niña de mirada inocente y de tiernas colas de caballo, no sabía, que décadas más tarde, sería el único rastro con vida de la sangre y de la estirpe política de su padre, John F. Kennedy.
Caroline creció en Nueva York, alejada del rabioso contacto del mundo político de Washington, el mismo al que inicialmente culpó por haberle arrebatado a su padre y a su tío Robert Kennedy, cinco años más tarde. Durante su adolescencia, entre cámaras y paparazzis, la jovén prometió mantenerse al margen de la arena política. Sin embargo el destino le tenía otros planes.
Pasaron los años y tan brillante como su padre, la hija mayor de los Kennedy recogió los meritos y la experiencia necesaria en su paso por Harvard y Columbia, para convertirse en una exitosa escritora y abogada. Eso sí, sin dejar de sentir el fuerte peso de su apellido sobre la espalda. El plan parecía marchar sobre ruedas. Varios libros publicados, entre textos jurídicos, poemarios y cuentos para niños, junto a un importante rol, en el prestigioso Museo Metropolitano de Arte de Nueva York, la mantuvieron alejada de los medios por buena parte de la década de los ochenta.
Sin embargo, un indomable cáncer linfático cobró la vida de su madre, Jacqueline Kennedy Onassis, en una agónica y penosa muerte en 1994, que cerró un poco más el cerco de su destino. Este inexplicable mandato la obligó a seguir sus pasos y a trabajar infatigablemente por la salud y educación de los sectores marginados de Nueva York, despertando en ella, una vocación pública hasta entonces insospechada.
No tardó mucho para que Caroline se convirtiera en una de las líderes cívicas y filantropas más valiosas del país. En tan solo cuatro años recaudó 350 millones de dólares para la red de escuelas públicas de Nueva York, hecho que le mereció distintas propuestas para lanzarse a un cargo público. No. dijo en ese entones. Rose, Tatiana y Jack, sus tres hijos con el reconocido diseñador y artista Edwin Schlossberg eran en ese entonces la prioridad. Sin embargo, al año siguiente y en vísperas del nuevo milenio, la catastrófica muerte de su hermano, JFK Jr. en un accidente aéreo, terminaron por develar su destino. Llevar el peso de la dinastía política de los Kennedy era un mandato del que no podía escapar.
Por eso hoy, con su tío, el senador Ted Kennedy, el último de los patriarcas de la familia, atravesando una dura batalla contra el cáncer; con sus hijos en plena adolescencia y con el fuerte llamado de su sangre azul, resulta menos que inesperado ver a la abogada de cincuenta anos, dando un paso definitivo hacia el activismo en político. “Coordinar el comité vicepresidencial de
Obama y de las toldas demócratas en esta carrera presidencial tan importante para el partido, representa el despegue de la carrera política de la última heredera de los Camelot”, dice John Nichols, analista político de la prestigiosa revista política, The Nation.
Las credenciales de la realeza
“Nunca he tenido un presidente que me inspire de la forma como la gente dice que mi padre lo hizo. Sin embargo y por primera vez, estoy convencida que he encontrado el hombre que puede ser ese presidente, no solo para mi, sino para toda una nueva generación de americanos”. Con esas palabras escritas en el New York Times, Caroline dijo sí a Obama en enero pasado, sellando consigo un pacto de lealtad y trabajo con el resto del partido.
Este insólito hecho no podía pasar desapercibido por el senador de Illinois. Días después de asegurar la nominación del partido demócrata en junio, la designó como directora del comité de formula vicepresidencial junto a Eric Holder, ex director del Departamento de Justicia y al empresario Jim Johnson, quien tuvo que alejarse de la tarea por fuertes criticas al interior del partido. Pero la pregunta que ronda desde entonces es ¿Qué puede ganar Obama con una figura tan inexperta como Kennedy en su campaña?
Simple. Ser la hija de una de las figuras más legendarias de la política estadounidense, su abolengo y su capacidad de convocatoria en la plaza pública, como lo ha demostrado en los últimos meses de campaña, son factor dinamizador para Obama, coinciden los analistas. “No solamente es traer consigo toda la mística de la dinastía Kennedy, sino que ayudará en gran medida en la recolección de fondos para la campaña. Por otro lado, representa un incentivo electoral para los seguidores de Hillary Clinton que se identifican con ella y que aun no le dan el sí definitivo a Obama” explica Bárbara Kelleman, analista del Centro Americano de género y política con sede en Nueva Jersey.
Así, en una exhaustiva y vital búsqueda de la formula vicepresidencial de Obama, ha trascurrido el último mes para la mayor de los Kennedy, quien entiende, al igual que el resto del partido, que una mala decisión podría significar el comienzo del fin. Extensas reuniones con los caciques demócratas, entrevistas personales con los posibles aspirantes, así como la extensa revisión del historial de cada uno de ellos, tiene la baraja de nombres más caliente que nunca.
La combinación perfecta
Para todos es claro que Obama necesita un vicepresidente que haga contrapeso a su inexperiencia en materia de defensa y política exterior, que a la vez atraiga a la clase media trabajadora en estados cruciales como Ohio, Michigan y Pensilvania y por supuesto, que asegure el caudal político de Hillary Clinton, explica Nichols quien lleva más de diez elecciones en la punta del cañón. Sin embargo, según el, es imposible llenar todos los requisitos en un solo cuerpo.
Por eso, lo que comenzó en una interminable lista de más de 25 candidatos, encabezada por la propia Hillary Clinton, eso hoy, a menos de veinte días de la Convención Nacional Demócrata, una pequeña lista con tan solo cinco nombres. Hillary se mantiene, pero su elección es poco probable. La ex primera dama ha sido la única de los candidatos que no ha sido llamada a consultas ni a entrevistas por parte del comité vicepresidencial. “De una forma u otra la senadora por Nueva York representa la vieja élite política que Obama pretende renovar, añade” Kelleman.
Los otros que siguen en carrera son el joven gobernador de Virginia, Tim Kaine, un demócrata católico de corte liberal en contra del aborto; Evan Bayh, el senador por Indiana cuyo extenso caudal electoral podría ser importante en este estado de tradición republicana; Kathleen Sebelius, la gobernadora de Kansas e hija del ex gobernador de Ohio, quien sumaría votos de genero. Por último, y quien tendría un poco de ventaja es el Presidente del comité de relaciones exteriores del Congreso y senador por Delaware, Joseph Biden, quien con una larga trayectoria inyectaría la candidatura demócrata con la experiencia y sapiencia en materia militar y de política exterior que tanto parece pesarle a Obama.
Sin embargo no hay nada escrito, la última encuesta de Gallup deja a Obama con un 46% frente a un 43% de McCain, dando muestra que la elección vicepresidencial es más decisiva que nunca.