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El vuelo JK 5022 entre Madrid y Las Palmas de Gran Canaria tuvo problemas desde el principio. Su salida estaba prevista para las 13.20 horas. Pero algo iba mal y tuvo que abortar el despegue. Regresó al hangar, donde fue revisado y dos horas después enfiló de nuevo la pista 36 de la Terminal 4 del aeropuerto de Madrid-Barajas. Eran las 2:28 p.m. Ascendió unos metros, pero algo volvió a fallar. “Estábamos hartos de verlos despegar y vimos que ese avión no ascendía, que algo le pasaba”, explicó uno de los técnicos de mantenimiento de pistas de AENA. En el avión, un McDonnell Douglas-82 matrícula EC-HPP, viajaban 166 pasajeros y 9 miembros de la tripulación.
Era un vuelo compartido entre Spanair y la aerolínea alemana Lufthansa. Estaba sobrevendido y al menos dos pasajeros se quedaron en tierra.
Cuando el aparato había ascendido sólo unos metros, el motor izquierdo se incendió. Cayó a la derecha de la pista y sus restos quedaron esparcidos en unos 200 metros. Lo poco que quedó del aparato cayó en un arroyo, sobre el cual cruza la pista. Los restos del fuselaje acabaron en una zona con árboles. Comenzó el incendio. Varias columnas de humo fueron visibles en pocos minutos desde diferentes puntos elevados de Madrid.
Los equipos de rescate que llegaron al lugar del siniestro describieron un espectáculo aterrador. “No queda nada que se parezca a un avión. Es lo más semejante que he visto al infierno. Los cadáveres estaban hirviendo. En el lugar del accidente hay un pequeño arroyo y estaba lleno de muertos”, explicaba un guardia civil.
Juan fue otro de los primeros en llegar al avión: “El cuerpo del comandante lo sacaron casi entero, aunque carbonizado. Había cuerpos por todas partes, algunos desmembrados. Dos niños, de unos ocho o diez años, lloraban ensangrentados. “¿Dónde está mi madre?”, preguntaban entre lágrimas.
No todas las fuentes coinciden en por qué el comandante decidió abortar el primer despegue. Tres personas distintas apuntan a que se detectó un problema en el mismo motor que luego se averió. Sin embargo, la Asociación de Técnicos de Mantenimiento (Asetma) sostiene que la causa del regreso fue un problema en el aire acondicionado y que fue resuelto antes de intentar de nuevo el despegue.
Pese a la gravedad del accidente, Spanair no aclaró demasiado en la conferencia de prensa, que convocó a media tarde, en donde compareció el director comercial de la compañía, Sergio Allard, para mostrar “su apoyo a familiares y autoridades”.
Pero cuatro horas después del accidente, apenas aportó algún dato sobre el siniestro o el estado de las víctimas. Las preguntas se chocaron de bruces con respuestas del tipo “no disponemos de esa información” o “no podemos especular”. La comparecencia no sirvió para aclarar qué pasó antes del despegue ni para confirmar si el avión salió con retraso o, al menos, cuál era la matrícula del aparato.
Los familiares de los pasajeros también protestaron por la escasa información que ofreció la compañía, inmersa en una grave crisis desde 2003. Parientes de las víctimas se quejaban de la falta de información de Spanair, que los remitía de un lado a otro, o a hoteles de los alrededores de Barajas.
Un piloto experimentado explica que dado que los aviones están preparados para despegar incluso con un solo motor, es probable que haya estallado. Un incendio o una parada en el motor hubiese sido, en principio, menos grave, pero como los MD llevan los motores en la cola, el estallido de uno de ellos desestabiliza de modo dramático el aparato. El despegue es el momento más crítico para un vuelo, cuando el avión va cargado de combustible, el fallo de uno de los motores puede ser fatal, no como ocurre en vuelo. Spanair tenía previsto sustituir los MD, aunque el miércoles no aclaró si el siniestrado estaba en ese plan.
Los hospitales a tope
Fernanda llega al hospital Ramón y Cajal de Madrid, uno de los más cercanos al aeropuerto. Su hermana, trabajadora de emergencias, está internada con quemaduras, una pierna y una costilla rotas. Se salvó porque salió despedida del avión. Antes del accidente había telefoneado a Fernanda para contarle que el avión se retrasaba.
En el Hospital del Niño Jesús (uno de los hospitales infantiles de la capital de España) está uno de los niños sobrevivientes. “Ha sido un milagro del cielo. ¡Sólo tiene una pierna rota!”, le cuenta por teléfono una enfermera a un amigo. El hospital está buscando a los padres.
El aparato pasó la revisión anual el 25 de enero por personal propio de la compañía y desde entonces no había registrado incidencias. Tenía 15 años de antigüedad y llevaba nueve años volando para Spanair. El comandante del avión, Luis Luna Gil, era veterano y tenía ocho años de experiencia de vuelo con este modelo.
Durante varias horas el aeropuerto de Barajas estuvo cerrado al tráfico para que los helicópteros de emergencia que transportaban agua pudieran apagar el gran fuego producido al incendiarse el combustible.
Como los fallecidos el miércoles, unas 1.800 personas han muerto en grandes siniestros de la aviación en España desde 1970. El aeropuerto de Barajas no había sufrido un accidente con muertos desde el 7 de diciembre de 1983, que causó 93 víctimas.
Ese año, el 27 de noviembre, un Boeing 747 de la compañía colombiana Avianca se estrelló cuando estaba a punto de aterrizar. Allí murieron 181 personas, entre ellas la crítica de arte y escritora colombo-argentina, Marta Traba. Varios artistas
plásticos y algunos de los más grandes representantes de la cultura hispanoamericana también perecieron en este siniestro. Los 25 tripulantes colombianos de la aeronave fallecieron. Sólo once personas sobrevivieron.
Un espectáculo dantesco
Poco después de las siete de la noche, fuentes desplazadas al lugar del accidente describían así la situación: “Hay cadáveres por todos los lados, y también se aprecia el de un niño. Había dos, y es muy posible que el otro pequeño también esté entre los fallecidos, aunque muchos cadáveres están carbonizados”, destacó la citada fuente, que estaba sobrecogida por la escena.
“Han salido a flote varios cadáveres que había debajo del fuselaje en el río”, declaró alguien presente en el lugar del accidente. “De momento faltan 25 cadáveres por localizar”. El juez de guardia de Madrid, Javier Pérez, ordenó la presencia en el lugar de los hechos de un equipo de buzos de la Guardia Civil para rastrear el río y tratar de localizar a las 25 víctimas que faltaban por hallar poco antes de las siete de la noche.
Pasadas las siete de la noche, comenzó la retirada de cadáveres del lugar del accidente, una especie de vaguada por la que pasa el citado río. Los cadáveres completos, “en torno a 50, muchos de ellos carbonizados y otros no, fueron los primeros en ser retirados del lugar y trasladados al pabellón número 6 del recinto ferial del Ifema de Madrid (el mismo lugar al que fueron trasladadas las víctimas de los atentados islamistas de los trenes de Atocha del 11 de Marzo de 2004).
Difícil identificación
Miembros de la Dirección General de Aviación Civil se presentaron el miércoles en el lugar del siniestro y pidieron permiso al juez Pérez para investigar las causas del accidente. Fuentes judiciales avanzaron que las tareas de identificación de casi un centenar de las víctimas iba a resultar complicada debido al estado de muchos de los cuerpos: troceados y, en no pocos casos, también carbonizados.
El decanato de los juzgados de Madrid, que dirige el juez José Luis González Armengol, activó el miércoles el plan para catástrofes, similar al que se desplegó tras los atentados del 11-M. Dado el período vacacional, logró movilizar a una veintena de forenses para que se trasladasen al recinto ferial del IFEMA e intervenir en las tareas de identificación de las víctimas fatales.
Sobrevive colombiana
“Lo último que recuerdo es que el avión se estremecía”, le contó Ligia Palomino a su hermana, Fernanda, desde el hospital en el que está recluida. Ligia es una de las 20 personas que sobrevivieron a la tragedia de ayer. Desde que abordó el avión, Ligia llamó a su familia para informarle sobre los problemas que tenía el aparato. Según Fernanda, minutos antes de despegar, “me llamó y me confirmó que no habían cambiado de avión y que éste seguía con problemas”. Fernanda confirmó que su hermana padece erosiones diversas en la piel y va a ser operada de las heridas sufridas en una pierna.