“Uribe, sin sucesor en su coalición”

Entrevista a Marta Lagos, directora de Latinobarómetro. Acaba de ganar uno de los premios más reconocidos en el campo de la opinión pública, el Dinerman Award.

En contados días, Latinobarómetro, la organización encuestadora que anualmente le mide la opinión pública a 18 países de Latinoamérica, empezará sus rondas de encuestas para su estudio de 2008. Como todo investigador tiene hipótesis que comprobar, El Espectador habló con la chilena Marta Lagos, su directora, sobre lo que piensa encontrar este año  en el alborotado panorama político regional.

Ustedes señalan que este año se les acabó la luna de miel a los presidentes, ¿por qué está bajando su popularidad?

La democracia trae consigo un creciente aumento de las expectativas de los pueblos, que no logra ser satisfecha por ningún gobierno. Uribe se salva por lo de Betancourt, pero en términos de todos los problemas de Colombia, seguramente no ha pasado mucho más. Aquí hay un tema de liderazgo, porque parte del gobernar consiste en liderar a los pueblos y decirles lo que es posible hacer. Hay una percepción equivocada del uso del poder.

¿Sólo Uribe se salva?

Bueno, también Lula,  milagrosamente. El año pasado, Lula superaba a Uribe en popularidad y estaban juntos en los primeros lugares. Este año va a estar ciertamente Uribe en primer lugar, y Chávez va a seguir en el último  porque se ha peleado con mucha gente. Dejando estos dos extremos a un lado, pareciera poco razonable que sea culpa de todos los gobernantes al mismo tiempo y que nadie lo esté haciendo bien.

Estos señores fueron reelegidos. Algo bueno tuvieron que haber hecho. Si no, ¿por qué los reeligieron? Los mandatarios tienen una incapacidad de controlar las expectativas. En Latinoamérica, el presidente se siente con la responsabilidad de cumplir todos los roles simultáneamente porque si no cumple, baja en su popularidad.

Muchos de ellos andan también en “campaña permanente”, realizando referendos y plebiscitos, ¿por qué?

Ahí se confronta la legitimidad histórica con la legalidad. Los viejos sistemas legales ya no interpretan a la gente. Entonces se requiere grandes transformaciones de estos sistemas y por eso se inventan estos plebiscitos revocatorios que son ilegales desde el punto de vista de la vieja Constitución, pero que son legítimos desde el punto de vista de la demanda presente.


Pero sólo cuando les conviene esa demanda, porque algunos  mandatarios no quieren reconocer hoy ciertas  reivindicaciones sociales: se ve en la lucha del agro y Cristina Fernández; la pugna autonómica en Bolivia; o el enfrentamiento entre el Congreso y los educadores en Chile…

Claro. Pero la democracia trae la promesa de la defensa de los derechos. Es una paradoja: el gobierno no está siendo felicitado por permitir que la gente salga a protestar por lo que quiere, sino que está siendo castigado por aquellas cosas que no pudo solucionar y por las cuales la gente está en la calle protestando. Es una paradoja indisoluble.

¿Qué le sorprenden de la realidad política regional?

Yo tengo hitos. A Chávez, por ejemplo, una gran mayoría le dio un segundo mandato. En ese momento, la interpretación fue que Chávez tenía encantado al pueblo venezolano. Sin embargo, vino poco después el plebiscito en el que Chávez pidió poderes totales y el mismo pueblo se los niega. El pueblo venezolano quiere un futuro con medios políticos y económicos, pero no quiere a una sola persona dueña de todo el poder. Los venezolanos saben lo que están haciendo.

¿Por qué ese pueblo se empeña en reelegir a sus candidatos en por lo menos siete países?

Hay una gran demanda de líderes, pero también un déficit.   Aquellos que logran llegar al poder se quedan porque no tienen contestatarios. Es el caso de Venezuela, con una oposición muy débil. Y el de Uribe, que tiene tal fortaleza de líder que ni siquiera tiene un sucesor de su propia coalición. Y eso pasa porque las élites están personalizadas y los partidos están debilitados.

¿Cómo les fue a nuestros mandatarios tras las graves crisis bilaterales entre Colombia, Venezuela y Ecuador?

Todos los problemas fronterizos son una oportunidad de nacionalismo. Latinoamérica está en una introspección nacionalista: rescatar, proteger y defender sus valores nacionales, de los cuales, por encima de todos, es el territorio. Todas las disputas que ha habido son oportunidades para que los gobernantes reafirmen su liderazgo. Basta con que el gobernante defienda su territorio para que sea aplaudido por el 100% de los habitantes.


Y hablando de conflictos, explíqueme el desempeño político de Ortega en Nicaragua.

Es algo bien distinto. Él llegó al poder con un apoyo estrecho, sólo un tercio de la población. Hoy está gobernando en un país donde el 60% de la gente está en contra de él. Y no es posible gobernar un país así: la fuerza de la oposición es muy grande. Es una legitimidad de origen muy grande.

Además, como dice un gran cientista político, todas las personas que llegan a la élite se comportan como élite. Ellos están siendo castigados por haber sido lo que fueron, y por ser lo que son hoy. Y se cumple la regla: toda la persona que tiene el poder, sólo busca defender el poder y sus propio interés. Se acaba el altruismo.

Finalmente, ustedes demostraron que la región no estaba tan a la izquierda como se creía, ¿qué va a pasar en las elecciones del 2010?

Todos los gobiernos elegidos de izquierda tuvieron los votos necesarios gracias a los votos del centro. Por tanto, el mandato que tienen esos gobiernos es un mandato híbrido, donde una gran parte del peso es de política de centro.

Vamos hacia el centro, porque ni los gobiernos de derecha ni los de la izquierda han logrado realmente su cometido. El caso de Lula lo muestra claramente: fue una campaña de izquierda, pero ha tenido un gobierno muy socialdemócrata, en el cual ha tenido que moderar su mandato.