Internacional| 24 Ene 2009 - 10:00 pm

Cuba: un breve repaso crítico a sus 50 años (I)

La otra cara de la Revolución Cubana

Por: Amir Valle * / Especial para El Espectador
El escritor cubano Amir Valle habla de las consecuencias de aquella “aventura juvenil”. Con estadísticas oficiales, Valle demuestra otra realidad de la vida en la isla.
La otra cara de Cuba

En octubre de 1987, cuando ya en el antiguo campo socialista se anunciaban los aires de la agonía de un sistema que sucumbía bajo la prepotencia, el pensamiento totalitario (en algunos casos fascista), la corrupción, la politización extrema de la sociedad y la incapacidad de sus dirigentes políticos, un grupo de estudiantes de periodismo decidimos cuestionar con nuestras preocupaciones sobre la ya en decadencia sociedad cubana a quien creíamos tenía todas las respuestas: Fidel Castro Ruz.

Ese encuentro, que se prolongó desde la tarde hasta horas de la madrugada, quedó en la historia política de la isla como uno de los escasos momentos (quizás el único) en que los periodistas cubanos se enfrentaban, inconformes, a una realidad que ya mostraba la decadencia social, económica, política y moral que hoy vive mi país.

Cuando leo las decenas de escritos de intelectuales y periodistas que, pretendiendo salvar lo salvable, se hunden en un mar de consignas engañosas, de frases calcadas del discurso político cubano y (lamentablemente) de mentiras fácilmente comprobables con un simple husmeo a las estadísticas oficiales de la isla y a las estadísticas de organismos e instituciones internacionales en materia de desarrollo humano, la memoria me regresa a aquellos días en que el joven que era, hijo de una familia en la cual hay mártires de esa Revolución, y todavía (por esos días) enamorado de ese proyecto que debía ser un ejemplo para el resto mundo, tuvo que abrir los ojos ante las consecuencias de aquella “osadía juvenil”: cientos de periodistas descubrimos que era cierto algo que los enemigos de la Revolución decían, “contradecir a Fidel Castro es el suicidio”.

Y a quienes quieran saber a qué me refiero, pueden averiguar qué ha sido de la vida de todos aquellos estudiantes de periodismo que, ingenuamente, creímos que podíamos dialogar y dar nuestras preocupaciones sobre asuntos que como parte del pueblo cubano vivíamos en esos tiempos, todavía de cierta bonanza económica: sólo aquellos dos o tres que manifestaron luego públicamente su arrepentimiento están hoy entre esos periodistas que desde la isla defienden lo hasta indefendible. Y es que, con perdón de algunos colegas, un sueño, por hermoso que sea, no puede defenderse con consignas y con mentiras (o con verdades a medias).

Porque, efectivamente, de estos 50 años de Revolución Cubana sólo queda intacto aquel sueño de 1959: queríamos, necesitábamos, al mundo le hacía falta una revolución como la que defendieron miles de revolucionarios cubanos cuando se alzaron contra la dictadura sangrienta de Fulgencio Batista. Pero lo primero es no olvidar que ese sueño fue defendido por hombres y mujeres de todos los credos políticos que coincidían en un propósito: la nueva Cuba debía ser democrática, abierta, libre y, sobre todo, “con todos y para el bien de todos”.

Esos líderes que estuvieron dispuestos a dar su vida (e incluso que la dieron en cientos de casos) pertenecían a todas las clases sociales, profesaban todo tipo de ideologías, militaban en los distintos grupos y partidos políticos de la Cuba de entonces, y curiosamente fueron dirigidos por un hombre de ideología indefinida, Fidel Castro, quien en la Sierra Maestra confesó a los periodistas que jamás había sido comunista; que luego del triunfo (en discurso grabado) le dijo al pueblo cubano que quienes acusaban a la Revolución de comunistas eran mentirosos, traidores, que querían engañar al pueblo; y en un discurso posterior (también grabado) juró ante ese mismo pueblo que él siempre había sido comunista y que la Revolución Cubana siempre había sido comunista.

Como creí en ese sueño (y como aún creo en que es posible ese mundo mejor que la Revolución Cubana representó en un tiempo) paso la vida buscando, hurgando, escribiendo (especialmente desde que en 2005 fui desterrado de mi país por mis ideas políticas y he tenido acceso a mucha información que cualquiera puede consultar, menos los cubanos de la isla).

Y hay una pregunta que siempre me he hecho, especialmente cuando busco en la historia y en el presente, cuando cotejo datos de entonces y ahora, cuando llego a una verdad que no sea esa manipulada historia que desde 1959 se escribe en y sobre Cuba: ¿Por qué hoy, 50 años después de la Revolución, se condena a Cuba por haber llevado a cotas más profundas de depauperación aquellos mismos problemas que Fidel Castro denunció en 1953 en su histórico discurso de autodefensa “La historia me absolverá” .

  • Amir Valle * / Especial para El Espectador | EL ESPECTADOR

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