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En Rangoon la policía mantiene rodeada la cárcel de Insein, conocida con el escalofriante apodo de “la fosa del infierno”, donde arrancó un nuevo proceso contra la líder del Movimiento Democrático de Birmania, Aung San Suu Kyi. La ganadora del Premio Nobel por la Paz enfrenta hasta cinco años en prisión por supuestamente violar los términos de su arresto domiciliario al albergar un hombre estadounidense que atravesó un lago para tener acceso a su casa.
Las nuevas acusaciones del régimen militar, en el poder desde 1962 en este país sudasiático, han provocado una multitud de llamadas de gobiernos y organizaciones alrededor del mundo por la libertad de Suu Kyi, cuya sentencia habría terminado el 27 de mayo de este año. Muchos ven estos cargos como un pretexto para que el gobierno la mantenga encarcelada hasta después de las elecciones del próximo año, que, según el régimen, forman parte del “mapa de la democracia”.
Blanco del Estado desde su victoria aplastante en las elecciones de 1990, que fue rechazada por el régimen, Suu Kyi ha estado detenida durante más de 13 de los últimos 20 años. Los motivos por las acciones de John William Yettaw, su misterioso visitante, no están claros; nadó por el lago hasta la casa de Suu Kyi y fue atrapado durante su regreso.