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El Mundo 6 Abr 2010 - 10:00 pm

Los cazadores de explosivos en Irak

Soldados estadounidenses destruyen 30 bombas diariamente.

Por: Edwin Andrés Martínez Tutek / Nueva York
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Foto: Reuters

Una intensa tormenta de arena cubre Bagdad por un instante. Es mediodía y el calor comienza a golpear. En cuestión de segundos el panorama se despeja, el polvo desaparece y se divisa un cielo limpio y claro. También se observa, como desde hace siete años cuando comenzó la guerra, a varios grupos de soldados estadounidenses armados hasta los dientes, helicópteros sobrevolando la ciudad y retenes de seguridad que paralizan el tráfico y arman trancones de varias horas.

Los niveles de seguridad en Bagdad se han elevado durante los dos últimos años. El aumento de atentados y el anuncio de retirada del Ejército de Estados Unidos de Irak han creado un ambiente de tensión. Muros, controles y convoyes militares atraviesan la ciudad, ensordecida por el ruido de las sirenas.

Una de esas unidades militares se dirige a toda velocidad a Bab Al Muazam, un barrio en pleno centro de Bagdad. Tiene prisa. Se pasa dos semáforos en rojo y de repente se detiene en seco. Luego de varios minutos de silencio, la puerta del camión se abre. Es el jefe de la unidad EOD (Explosive Ordenance Disposal) —el equipo del ejército estadounidense entrenado para atender amenazas de bombas—. El terreno ya es conocido, Bab Al Muazam es de nuevo blanco de los terroristas. Según cifras de la policía iraquí, en los últimos diez meses ocho bombas han estallado en este lugar.

Lo que todos esperan es que esta vez el artefacto no explote. Del camión descienden tres soldados más. Deciden que lo mejor es activar el robot con brazo articulado. La cámara de video instalada en la herramienta rodante muestra lo que se imaginaban los soldados antiexplosivos: hay varias bombas caseras conectadas con un montón de cables. Cualquier movimiento fuerte o ruido las puede activar y la destrucción sería total.

El líder del grupo se pone un vestido inmenso de color verde. Luego mete su cabeza en un casco de protección especial y camina lentamente hacia su objetivo. Con una habilidad pasmosa y sangre fría, el soldado corta un par de cables y mueve varias partes del paquete. Sus compañeros, que están atrincherados detrás del camión, aprietan las manos y cierran los ojos. Ya han visto esta película y saben que no siempre el final es feliz. Luego de ocho minutos, el soldado se quita el casco y señala que el peligro ha pasado.

“Cada vez que nos llaman a atender una de estas amenazas uno sabe que cualquier cosa puede suceder, pero lo mejor es no pensar en eso”, afirma el técnico EOD Fernando García, un soldado de origen colombiano que en 2008 estuvo en Irak haciendo labores antiexplosivos.

“Es como si fuéramos médicos y aunque sabemos que tenemos que hacer hasta lo imposible para salvar a nuestros pacientes somos conscientes de que a veces las cosas no salen bien y podemos ser nosotros mismos los que terminemos muriendo en el intento”.

García explica que no cualquiera entra a la unidad EOD. “Son muchos los que se presentan, pero pocos los elegidos”, explica con orgullo. Un soldado antiexplosivos debe someterse a rigurosos entrenamientos y pruebas. “Los candidatos deben tener dos años de servicios federales, excelentes calificaciones en las pruebas que hayan realizado durante su paso por las Fuerzas Armadas, poseer una excelente visión, ser ciudadano de Estados Unidos, cumplir con las pruebas psicológicas y físicas necesarias y estar interesado en hacer una emocionante carrera en el ejército”, explican quienes se encargan de reclutar a los potenciales EOD.

El capitán Christopher Wilson, quien entre julio de 2004 y enero de 2005 dirigió 1.596 operaciones antiexplosivos con su equipo EOD, reconoce que el trabajo de sus hombres en Irak es muy intenso y desgastante. “En un día normal tenemos que lidiar con carros bomba, minas, artefactos caseros y otros aparatos que no existen en ningún otro lugar del mundo”, explica. Agrega que durante un día, los antiexplosivos alcanzan a desactivar hasta 30 bombas, es decir que al año son cerca de 10.000 los artefactos que no alcanzan a detonarse.


A pesar de sus esfuerzos, miles de personas mueren anualmente por cuenta de las bombas. Según datos del Departamento de Estado, 4.385 soldados han fallecido en esta guerra, la mayoría, en atentados terroristas. La revista británica The Lancet cifra en 600.000 los iraquíes caídos en estas explosiones. En lo que va corrido de 2010, 45 atentados con artefactos han sacudido el país, especialmente en las ciudades de  Bagdad, Kabul y Kerbala.

Adrenalina y bonos

Entonces, ¿por qué hacer una labor tan peligrosa? Según el soldado colombiano García, “porque alguien tiene que hacer el trabajo y aunque sea difícil de creer, el entrenamiento, las normas de seguridad y la confianza en los compañeros hacen que la actividad además de emocionante sea relativamente segura”.

Y aunque nadie se atreve a poner en duda las motivaciones de cada uno de los soldados antiexplosivos, lo cierto es que hay varios incentivos para los EOD. Además de su salario, los soldados antiexplosivos reciben bonos especiales que pueden superar los US$8.000 adicionales al mes. “Esta no es la razón para entrar a esta unidad especial”, explica con algo de indignación el sargento Michael Orverton. “La mayoría de gente no se mete a esto por el dinero, lo hacen porque son máquinas de adrenalina”, advierte.

Máquinas que muchas veces pierden el control. Veteranos de guerra como Charles  Washburn han confesado que la situación se sale en cualquier momento de las manos. “A veces la presión causa desastres. Estábamos en Najaf en 2006 y en medio de una misión antiexplosivos, un compañero perdió el control y comenzó a disparar contra la gente. Fue un desastre”, aseguró Washburn a la prensa. Según una investigación realizada por el ejército estadounidense, el 25% de los soldados que regresan de la guerra sufren depresión, ansiedad y estrés postraumático.

El Ejército toma precauciones, pero a veces son insuficientes. La regla para los EOD es que no estén más de seis meses en el terreno y si alguno enfrenta tres o más veces una amenaza de muerte, debe ser enviado a casa por un corto período de tiempo para evitar “afecciones cerebrales traumáticas”.

Pero la realidad de la guerra hace que muchos no puedan recuperarse. “Mi esposo en varios momentos estuvo en incidentes donde pudo morir y no le dieron el chance de recuperarse y quedan cosas en su mente con las que es difícil lidiar”, asegura la puertorriqueña Gloria Salcedo, esposa de un agente EOD. “Ellos no son inmortales o infalibles y es la familia la que nota el cambio real en su personalidad cuando regresan de una misión con los nervios activados todo el tiempo así estemos viendo un simple partido de fútbol en el televisor”.

Y fue en parte esa realidad la que movió a la cineasta Kathryn Bigelow a llevar esta historia a la pantalla grande con la película ganadora del Oscar, The Hurt Locker. Aunque su filme ha estado rodeado por la polémica, pues muchos la acusan de no mostrar la realidad, la idea de Bigelow era darles reconocimiento a los uniformados que cazan bombas en este conflicto. “Estos hombres tienen el trabajo más difícil del mundo y sólo quise darle un rostro humano”, concluyó la cineasta.

“Es bueno que la gente entienda la dificultad de este trabajo. Aquí en Irak entierran explosivos llenos de puntillas, metralla y geles altamente peligrosos debajo de la tierra. Hay unos simples hechos con latas de gaseosa y otros sofisticados fabricados con cilindros de gas, personas o animales que son cargados con explosivos que estallan en pleno velorio”, explica la soldado dominicana Marie González,

Mientras tanto, otro equipo EOD se prepara para ir a Al Mansur, al oeste de Bagdad, en donde el lunes un carro bomba causó la muerte a cerca de 50 personas. Los soldados antiexplosivos saben que hasta que no se conozca bien cuál fue el ganador de las elecciones del pasado 7 de marzo, en Irak habrá mucho trabajo para ellos. Lamentablemente.

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