Los otros personajes de DMG

Hace cerca de 15 años, en la calle 103 al norte de Bogotá, funcionaba una pequeña oficina de producción de televisión llamada Productores Anónimos.

Una empresa con muchas expectativas profesionales que era dirigida por dos prometedores y talentosos jóvenes apasionados por el mundo de la imagen: Santiago Moure y José Luis Arzuaga, el primero un reconocido actor y director y el segundo, el hijo del inmigrante español José María Arzuaga, quien aún hoy es reconocido como uno los pioneros del cine colombiano.

Uno de los empleados de esta pequeña empresa era un adolescente inquieto, delgado, alto y de cabello largo. Se llamaba David Murcia Guzmán y apareció dispuesto a hacer lo que se necesitara porque quería aprender de televisión. Y cumplió a cabalidad su promesa. Fue mensajero, extra en comerciales o asistente de cámara. Su última orden la aceptó en 1994 cuando salió a pagar un recibo de luz y no volvió. Meses después la empresa llegó a su fin y tanto Moure como Arzuaga siguieron empeñados en cumplir sus sueños.

Arzuaga probó suerte en España y trabajó en una agencia de publicidad, pero a pesar de origen ibérico, no se amañó y empacó maletas de regreso. Fue entonces cuando ofició como director asociado de la película Bolívar soy yo y el mismo año 2002 produjo La cama cinco, un cortometraje que barrió con los premios en los festivales especializados de Europa. Por eso el nombre de Arzuaga empezó a ganar prestigio y suscribió varios contratos con el Estado. La vida le sonreía y se podía dar el lujo de vivir con cierta comodidad.

Pero a comienzos de 2006, recibió una sorpresiva llamada. Era, nada menos, que David Murcia, el antiguo mensajero de Productores Asociados, quien le pedía una reunión para hablar de negocios. La cita se hizo en un reconocido café de la calle 82 en Bogotá. Murcia llegó rodeado de escoltas en una camioneta de vidrios oscuros. Arzuaga lo recordaba vestido con jeans desgastados y tenis, ahora vestía ropa de marca. Tras recordar viejos tiempos, Murcia fue al grano y le explicó a su antiguo jefe que quería montar un canal.

Le explicó que su idea era dedicarlo al glamour, la belleza, el cuidado del cuerpo, la moda y las pasarelas, y después le dejó claro que por dinero no había problemas porque quería que se viera en toda América Latina. Días después el ambicioso proyecto se armó, el productor de cine Francisco Saade fue contactado para que se convirtiera en su mano derecha y apareció la cabeza visible del proyecto: Daniel Ángel, socio de Murcia y conocido también de Arzuaga desde años atrás.

El canal se lanzó con bombos y platillos en varias ciudades de América Latina, la nómina de modelos suscitó suspicacias y envidias y, con Ángel a la cabeza, quedó garantizado el acceso al sofisticado entorno de las top models colombianas. Como quedó registrado en la escritura de constitución en marzo de 2006, en su orden, Daniel Ángel, José Luis Arzuaga y Francisco Saade se pusieron al frente del multimillonario negocio. Desde ese momento, en sosfisticados ambientes sociales, Body Channel se convirtió en novedad.

Así lo rememora el diseñador Hernán Zajar: “No soy amigo de Murcia ni de Daniel Ángel, yo sólo veía al personal técnico, pero las cámaras de Body Channel cubrieron mis desfiles que luego pasaron por Body. A su vez, el diseñador Ricardo Piñeres, quien reconoce su amistad con Daniel Ángel desde hace mucho tiempo, expresó: “En una época hasta quisimos ser socios en un bar. Cuando Daniel montó Body Channel yo me puse muy contento porque ese canal, con esa factura, era muy bueno para todos nosotros”.

Y agregó: “En los inicios del canal era frecuente mi ayuda, pero en el último año fue ya muy esporádica, casi  me atrevo a decir que no volvieron a solicitarme ropa. Cada vez veía menos a Daniel Ángel. La última vez que me lo encontré fue en Cartagena en el matrimonio de Tomás Uribe”. Lo cierto es que Ángel estaba cada vez más inmerso en DMG y en Body Channel que empezó e emitir programación en Costa Rica, Salvador, Guatemala, Venezuela, Perú, Chile, Paraguay, Honduras, Bolivia, Argentina y Colombia.

Hoy Daniel Ángel Rueda está en la cárcel, sus socios José Luis Arzuaga y Francisco Saade no aparecen, sus contactos en el exterior no saben cómo explicar lo que sucedió con el proyecto de televisión más ambicioso de los últimos tiempos en Colombia y decenas de famosos personajes de la farándula, el espectáculo o la cultura tiemblan pensando que, de la noche a la mañana, puedan verse señalados por sus negocios con Body Channel, que ya empezaba también a proyectarse exitosamente hacia Europa y a los Estados Unidos.

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