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Judicial| 9 Ago 2008 - 3:20 am
Parientes de los desaparecidos no abandonan sus esfuerzos
Relevo generacional por la verdad
Por: Redacción Judicial
El único recuerdo que tiene de su madre es también el último de su familia. Él tenía cuatro años y se quedó esperando a que esa noche del 6 de noviembre de 1985, Ana Rosa Castiblanco regresara a casa con el muñeco de Supermán que en la mañana le había prometido. Hoy tiene 27 años, su nombre es Raúl Lozano Castiblanco y junto a su hermana Esmeralda llevan dos décadas aguardando a que alguien les explique qué sucedió con su madre, cuyo destino fue el silencio por la mala suerte de trabajar como auxiliar de la cafetería del Palacio de Justicia.
Ese mismo noviembre de 1985, a sus 23 años, desde su casa en el sector de La Esmeralda, René Guarín también se quedó a la espera de que retornara al hogar su hermana Cristina, con quien compartía una cercana relación, además extensiva a los amigos del colegio. Hoy tiene 46 años, ejerce como ingeniero en una empresa telefónica, pero saca el tiempo que sea necesario para reclamar una respuesta a su interrogante: ¿Qué pasó con Cristina, cuya triste condición fue ejercer como encargada de la caja en la cafetería del Palacio de Justicia?
Hace dos décadas, Raúl Lozano y René Guarín fueron testigos de la lucha de sus mayores. Lozano creció en casa de su abuela María Torres y muchas veces constató cómo su tía Inés Castiblanco daba peleas públicas por conocer el paradero de su hermana. Además, fue ella quien se encargó de recordarle siempre que Ana Rosa Castiblanco era una mujer risueña, de amables modales y entregada a sus hijos. Cuando desapareció estaba embarazada de ocho meses y medio. Ese día rompió para siempre su implacable rutina: del trabajo a la casa.
A su vez, René Guarín rememora que en la misma noche del 7 de noviembre, a instancias del político conservador Víctor G. Ricardo, se le permitió a su padre José Guarín ingresar a la cafetería del Palacio a constatar lo sucedido, y que él fue quien lo acompañó a esa desolada inspección, en la cual encontraron, junto a la caja saqueada, la cédula de su hermana Cristina. Desde ese día, René Guarín constató cómo su padre se entregó a la dura tarea de liderar el reclamo de 10 familias más en búsqueda de los desaparecidos del Palacio de Justicia.
En los primeros años, mientras los familiares de los desaparecidos se conocían para compartir su desgracia, dos hombres lideraron la penosa súplica de justicia: el ex juez Enrique Rodríguez, padre de Carlos Rodríguez, administrador de la cafetería también desaparecido, y José Guarín, el padre de Cristina.
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