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Judicial| 10 Ene 2009 - 10:00 pm
Fue conocido como el jefe del cartel de Caquetá, con cultivos de coca y de amapola
El último corrido de Leonidas Vargas Vargas
Por: EL ESPECTADOR
Leonidas Vargas Vargas dedicó su existencia a huirle a la muerte. En La Picota se ingresaron explosivos para hacerle un atentado. Intentaron envenenarlo. Este hombre, que fue la mano derecha del extinto capo Gonzalo Rodríguez Gacha (El Mexicano), mantuvo su suerte atada a la del país: estableció alianzas con la guerrilla, promovió el surgimiento de grupos paramilitares en Putumayo, se entendió con Pablo Escobar y originó una sangrienta guerra con el capo del cartel del norte del Valle Iván Urdinola. A pesar de estos antecedentes logró salir del país y se fue a España, en donde un sicario dio con su paradero, en una habitación de un hospital de Madrid, y con cuatro tiros certeros segó su vida.
Fue el fiel retrato del estereotipo de los narcotraficantes de la década de los 80: ostentoso y excéntrico. Patrocinó a reinas nacionales de la belleza, coleccionó finas joyas y obras de arte, compró pistolas de oro y anduvo en lujosas camionetas. En la hacienda Las Piedras, situada en el sector de Guaymaral, al norte de Bogotá, alias El Viejo construyó una inmensa piscina con la forma del croquis del departamento de Caquetá. Pero su dinero no fue suficiente para evitar ser encarcelado. Un texto anónimo que conoció la Dijín dio pie para su captura en 1993. Según se supo después, la carta la envió un hombre que también participó en la operación en la que murió El Mexicano.
Por años, Vargas y la justicia fueron pareja de un eterno baile. En 1983 estuvo procesado por corrupción de menores. Cuatro años más tarde fue detenido por porte ilegal de armas. En abril de 1987 y octubre de 1989 fue arrestado por homicidio y narcotráfico. Pero, cada vez que fue capturado, recuperó su libertad. Sin embargo, el 6 de enero de 1993 a las 3:00 a.m. fue apresado por agentes de la Dijín en un casino de Cartagena y el 14 de noviembre de 1995 fue condenado a 26 años de prisión. El 12 de octubre de 2001 dejó la cárcel de Itagüí por vencimiento de términos, pero a los cinco años fue capturado en Madrid por presentar un pasaporte venezolano falso.
La sentencia que recibió en 1995, proferida por un juez sin rostro, fue de 26 años de cárcel y una multa $5.332 millones. Este fue el primer fallo en contra de un temido jefe de la mafia en Colombia por el delito de enriquecimiento ilícito. Pero, tras los barrotes, Vargas siguió dando muestras de sus extravagancias. Y así como los juglares narraban sus vivencias de pueblo en pueblo, a lomo de burro y a ritmo de acordeón, El Viejo contó parte de su vida a través de corridos, en el trabajo discográfico Cuatro años de prisión, que él mismo grabó. “La justicia es muy dura en esta administración,/ la comparten con los gringos pidiendo la extradición,/ yo le digo al presidente; no se deje convencer/ y recuerde que su gente fue la que le dio el poder”, cantaba.
Cuando estaba en La Picota, Leonidas Vargas e Iván Urdinola, el extinto capo del cartel del norte del Valle, encendieron una sangrienta guerra. La pugna, según organismos judiciales, estaba relacionada con la posesión de unos predios ubicados en el Magdalena Medio y Córdoba. En marzo de 1997, una bomba estalló cerca de la celda de El Viejo. Atentado que, dedujeron los investigadores fue patrocinado por Urdinola y tenía como fin segar la vida de Vargas Vargas. El hecho causó tanto revuelo que el Gobierno consideró declarar el estado de conmoción interior y El Viejo fue trasladado a la cárcel de Itagüí siete meses después.
Según indicios, Vargas fue plagiado por el ahora desmovilizado grupo guerrillero M-19. En 1986, cuando estaba en su hacienda La Granja, hizo lo mismo el frente 13 de las Farc. Por su rescate se pagaron $35 millones. En cautiverio, Vargas hizo negocios y pactos con la guerrilla, a la que aportó inicialmente radios de comunicación de alta frecuencia y $20 millones.
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