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Judicial 4 Mar 2009 - 11:00 pm

“El fin de nosotros es la muerte o la cárcel”

La confesión de Armando Lugo, ex jefe paramilitar del bloque Calima, el mismo de ‘H.H.’.

Por: Redacción Judicial
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Foto: David Campuzano - El Espectador

Armando Lugo, alias El Cabezón, fue comandante del bloque Calima de las autodefensas. Por ahora está excluido de la Ley de Justicia y Paz, pero dice que quiere revelar muchos de los secretos de la guerra en Colombia, de quiénes se beneficiaron con ésta y de los muchos políticos y patrocinadores que siguen pasando de agache. Esta es su visión descarnada de la violencia que comandó como jefe paramilitar.

¿Cómo arranca en las autodefensas?

Comienzo en Santander de Quilichao (Cauca) en 2000, haciéndole inteligencia a la guerrilla. Era voluntario de la Defensa Civil y así conocí mucha guerrilla de la columna Jacobo Arenas y del sexto frente de las Farc. Entregué información y se dio de baja a muchos. Como vieron que infiltré Ejército y Policía, me pusieron de coordinador del bloque Calima. Me dedicaba a conseguir equipos, chalecos, intendencia para el grupo. Todo se hacía con el coronel Tony Alberto Vargas.

¿Usted le reportaba a ‘H.H.’?

Al Cura. Él me decía: “Cabezón, necesito camuflados, equipos, chalecos”, y yo se los conseguía. Él me daba el dinero y yo cuadraba con el coronel Vargas.

¿Cómo trabajaba con la Policía y el Ejército?

El mayor Navarro, comandante del Distrito de Santander de Quilichao, cogió unos pelados míos. Yo le dije: “Colabóreme, que es por la causa”. Él me dijo que no. Llamé al coronel Vargas y me dijo: “Ya llamo para que los suelten”. Y así pasó. El mayor me preguntó que quién era yo y le dije que era de las Auc. “Ah, bueno —me dijo—, vamos a trabajar coordinadamente”. A partir de ahí se ponen muchos muertos, todos de las Farc, porque había coordinación. Hacíamos consejos de seguridad con el Alcalde y él pedía que no dejáramos tanta gente en el casco urbano, que los tiráramos al río.

¿Cuántas personas asesinaron?

En Quilichao, entre 150 y 200. Después pasé al Valle, a Palmira.

¿Cómo conoció al coronel Vargas?

Él me pidió que le hiciera inteligencia en Tacueyó y Toribío (Cauca), sabiendo que yo era paramilitar. Lo conozco por el capitán Zambrano, que era el comandante de una compañía del Ejército que operaba en Quilichao. Me acerqué a ellos y les dije que era de la Defensa Civil y que podía hacerle inteligencia a la guerrilla. Así se trabajó. Les tomé fotos a los comandantes de la zona y ellos no sabían que yo era de las Auc.


¿Cómo tuvo contactos con la guerrilla?

Hablé con El Burro y Zepelín y les dije que la Defensa Civil quería hacer una brigada de salud. Así identifiqué guerrilleros que cuando llegaban a Santander se les ‘hacía la vuelta’.

¿En el Valle cómo adquiría armamento?

Coordinábamos con gente de la III Brigada del Ejército. El enlace era Zambrano, él me puso a una señora Jaimes como contacto y con ella me la pasaba en casas fiscales y me entregaba camuflados, equipos, todo. Yo entraba como Pedro por mi casa a la brigada.

¿Cuántas veces asesinaron a personas que después legalizó el Ejército?

Cuando estuve encargado nunca se dieron falsos positivos. Lo que se hizo siempre fue que dejábamos los muertos ahí. El Ejército nunca dijo que fueron los que los dieron de baja, pero siempre nos apoyaron.

¿Cuántas masacres perpetró el bloque Calima?

Las del Alto Naya, La Alaska y La Habana, Barragán 1 y Barragán 2 y otras más. Yo estoy condenado por la del Naya. Ahí se nos entregó un guerrillero que señaló a una cantidad de milicianos que fueron asesinados.

¿Muchos de esos muertos los tiraron al río?

Cuando trabajé en Quilichao nos cargábamos a la gente y la tirábamos al río. Hay cantidad de gente desaparecida en el Cauca.

¿Es cierto que les abrían el estómago y se lo llenaban de piedras para que no flotaran?

No. Se daban de baja y se tiraban al río. Pero nunca se picó la gente ni se tomaba la sangre. Eso es un mito. Sí había corazón para matar a un guerrillero, pero no para tomársele la sangre.

¿Y en esas masacres tenían información de gente que colaboraba con la guerrilla?

La orden era dar de baja a los colaboradores.

¿Nunca los engañaron?

En la guerra siempre hay engaños, pero yo pedía que los muertos fueran milicianos de las Farc.

¿Cómo diferenciaban milicianos de campesinos intimidados que eran obligados a colaborar?

Siempre que llegaban allá se encontraban armas, radios de comunicación, prendas de las Farc, eran pruebas contundentes.

¿Cómo era ‘H.H,’, su jefe?

Una excelente persona, un excelente ser humano.

¿Un asesino como ‘H.H.’?

Es la ley de la guerra. Mire, la guerrilla está debilitada porque nos pusimos las botas. Si no lo hacíamos, nos mataban a nosotros.

Si las Auc no hubieran aparecido, ¿dónde estaría la guerrilla?

Podríamos tener un presidente guerrillero.


¿Había mucho menor de edad en las autodefensas?

Muy poquiticos.

¿Los reclutaban o se regalaban?

El reclutamiento siempre fue voluntario.

¿El ex gobernador del Cauca Juan José Chaux les ayudó?

Puede ser.

¿Y del senador Juan Carlos Martínez qué sabe?

Con él fueron una o dos reuniones en Buenaventura y Cali, donde acompañé a Fernando Político. Él les expuso una cantidad de proyectos y regalías para Dagua y Buenaventura. Se le colaboró con votaciones. Juan Carlos nos decía que nos ayudaba porque había que eliminar la guerrilla.

¿Y de otros parlamentarios del Valle qué sabe?

Para una próxima entrevista.

Usted dijo que el general (r) Francisco René Pedraza les colaboró en Cali. ¿Cómo?

En varias ocasiones me reuní con él en su propia oficina de la III División del Ejército.

¿Pero colaboró con las Auc?

Sí, hizo algunas cositas con nosotros.

¿Por qué creerle a usted?

Yo estoy en la cárcel y fui delincuente, asesino, lo peor para la sociedad; y estos otros señores tienen corbata. Pero la justicia llega. El fin de nosotros era estar muertos o en una cárcel. Gracias a Dios estoy en una cárcel, donde todavía puedo respirar.

¿Qué le falta por decir?

Por ahí un 80%.

¿Qué incluye ese 80%?

Políticos, militares. No digo más, porque puede ser que se empiecen a dilatar cosas, a desaparecer pruebas. Ese es el temor mío.

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