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Judicial 11 Jul 2009 - 10:00 pm

La pelea del primer extraditado

La historia del dirigente deportivo Hernán Botero. Fue condenado en Estados Unidos y purgó una pena de 17 años de prisión. Hoy dice que el Estado no lo protegió y que tiene que pagarle.

Por: Redacción Judicial
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Foto: Luis Benavides - El Espectador

Hace 25 años, tras el asesinato del ministro de Justicia, Rodrigo Lara Bonilla, el gobierno de Belisario Betancur dispuso la aplicación del tratado de extradición que Estados Unidos y Colombia firmaron en 1979, desatándose una guerra frontal contra las mafias del narcotráfico. Sin embargo, el primer colombiano en ser llevado ante una corte federal de EE.UU. no era un narcotraficante, sino un reconocido dirigente del fútbol a quien acusaron de lavado de dinero.

Después de purgar 17 años en instituciones federales de Estados Unidos, haber sido deportado a Colombia tras la culminación de su condena y ajustar siete años más reconstruyendo sus negocios, hoy Hernán Botero Moreno, ex presidente del Atlético Nacional, está empeñado en cobrarle al Estado lo que él califica como “una bellaquería”. Lo hace a través de una multimillonaria demanda contra la Nación que entró en su recta final en el Tribunal Administrativo de Cundinamarca y que podría resolverse antes de que caiga el telón de 2009.

El primer extraditado de Colombia reclama una indemnización superior a los $50 mil millones basado en que fue condenado injustamente y que la compensación del Estado debe ser proporcional a los negocios que tuvo que dejar durante casi dos décadas para ocuparse de su defensa. Dice Botero Moreno que sus líos con la justicia norteamericana se originaron por “una jugada burda de varios políticos colombianos”, que lo acusaron por hechos que no eran delitos y que pagó por su popularidad en la industria del deporte.

Cuando fue extraditado, el 5 de enero de 1985, Hernán Botero Moreno tenía 52 años recién cumplidos. Hoy, a sus 76 años, está convencido en que fue “el bobo del paseo o el chivo expiatorio del Gobierno”. Por eso, actualiza su reclamo: “Nunca me acusaron por narcotráfico. Me enviaron a EE.UU. por no dar una información contable que no era obligación entregar. Jamás conocí a Pablo Escobar Gaviria o a narcotraficante alguno. Lo mío fue un caso político y espero que la justicia así lo reconozca”.

Al momento de su extradición Botero Moreno era el propietario del 76% del club Atlético Nacional y tenía el 17% del Hotel Nutibara. Pero básicamente sus dos actividades eran las de transportador de cereales a granel y dueño de una oficina de finca raíz. Pertenecía al estrato seis de la sociedad antioqueña y era un personaje reconocido en Colombia. Sin embargo, la gente lo distinguía por el tema del cual sigue hablando como si aún fuera el promotor de las victorias en los años 70 y 80 del equipo verdolaga.

“Llegué al Nacional en 1971 adquiriendo un derecho. El equipo había quedado de último el año anterior, pero cuando lo cogí quedó subcampeón. En 1973 le di su segundo título. Meses después, cuando José Curtí dejó el equipo, le entregué US$6.000 al Zurdo López para que contratara en Argentina a Oswaldo Juan Zubeldía como técnico. Lo hizo, pero Zubeldía dijo que sólo recibía plata cuando estuviera en Medellín. Llegó en 1976 y ese año salió campeón. Fui el gestor financiero de ese título”, recordó.


Según él, cuando cayó en desgracia en 1985, dejó la estructura para que Nacional siguiera ganando campeonatos, y a la distancia gozó como propio el de la Libertadores, en mayo de 1989. Su concepto sobre su equipo del alma ya no es el mismo: “Está acabado, hoy toca el fango, ya no es la potencia de otras épocas. El fútbol colombiano es muy distinto al que viví. Los empresarios se la quieren ganar toda y en los torneos no gana el mejor, sino el que cuente con mejor suerte. Actualmente gana cualquiera”.

La misma desconfianza con que se refiere al país: “No se puede salir tranquilo a la calle porque la famosa seguridad democrática no llega a las ciudades. Vea cómo mataron al suegro de Víctor Hugo Aristizábal y nadie dijo ni mu. Me da pena decirlo, pero Colombia está peor que en la época en que me extraditaron. Nunca la he visto tan desordenada”. De vuelta en el país, recobró su actividad en la finca raíz y en las asesorías en asuntos económicos. Pero su rabia está intacta y la describe así: “El tiempo es irrecuperable”.

“Duré 17 años estudiando. Todos los días trabajaba hasta entrada la noche y me levantaba tarde a leer. Todas las semanas llamaba a Medellín. Mi familia nunca tuvo restricciones para ir a EE.UU. ni las tiene hoy. Mi pelea no es con ellos, no tengo dinero para hacerlo. Mi lucha es contra el Estado colombiano porque me vendieron. Viví una tortura psicológica muy brava, pero aun así puedo jurar que jamás denigré de mi país. Mi pelea no es contra Colombia, sino contra las autoridades que me extraditaron”, añadió.

Su extradición a Estados Unidos fue más dolorosa, refiere en su millonaria demanda, por varias razones: fue tratado como un capo del narcotráfico, pese a no haber sido requerido nunca por este delito, fue privado del derecho de visita de amigos y familiares sometido a un “confinamiento solitario”, nunca tuvo derecho a una visita conyugal durante su tiempo de reclusión y el Estado vio con desdén una solicitud para que el Gobierno interviniera en su defensa, aunque su esposa, Rosalía Montoya Palacios, respaldó esa idea con más de 20 mil firmas.

Treinta años después de haberse graduado como ingeniero civil del Instituto Politécnico Rensselaer en Nueva York, Botero Moreno regresó a EE.UU., pero en calidad de sindicado. Eran los tiempos en que Pablo Escobar atemorizaba al país con la arremetida del narcoterrorismo. El ex directivo del Nacional regresó al país el 20 de febrero de 2002, el preciso día en que el gobierno de Andrés Pastrana rompió los diálogos con la guerrilla de las Farc. Desde entonces anda en consultas, acude a abogados, recapitula su vida y vuelve a reafirmar su inocencia.

De cualquier manera, inocente o no, el polémico Hernán Botero Moreno es un hombre condenado por la justicia de EE.UU. y, aunque le gane el millonario pleito al Estado, seguirá cargando, junto con otros tres colombianos más, el karma de haber sido los primeros extraditables colombianos. “Yo aguanté psicológicamente y por eso sigo vivo. Escribí mucho porque sabía que iba a volver. Me fui cuando estaba en el estrato seis y sigo en el estrato seis. Pero tengo una cuenta pendiente y no me muero hasta ganarla”.

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Juancito1234567

Vie, 09/13/2013 - 08:14
Este Señor era el que compraba todos los partidos en esa época?En el 89 desde la cárcel de los EEUU igualmente pudo negociar para la final de la Copa Libertadores, aparentemente.-
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