‘El Tripas’, en primera persona

Héctor José Buitrago, detenido el miércoles pasado, contó que ‘El Mexicano’ fue el primero en darle armas. Dijo que ‘Don Mario’ le propuso “derrotar”  el poderío de ‘Cuchillo’, pero se negó porque no era su guerra.

Cuando Héctor José Buitrago Rodríguez vio a los cuatro oficiales de inteligencia de la Policía que lo abordaron en un camino veredal cerca a la laguna del Neusa, en Cundinamarca, sabía que no tendría escapatoria. Sin embargo, intentó escabullirse. Así lo había hecho en otros tiempos, con otros protagonistas o enemigos agazapados que buscaron heredar su poder a las malas, a punta de balas o fusiles, en las distintas guerras que le tocó vivir.

Los oficiales le preguntaron su nombre y él recitó de memoria uno que se había aprendido hace algunos años cuando obtuvo una cédula falsa que lo identificaba como Saúl López Pineda. Entonces le preguntaron por el nombre de sus padres. Buitrago titubeó. Finalmente no supo decir la fecha de su cumpleaños. Los agentes encubiertos le preguntaron por tantearlo si conocía al viejo Héctor Buitrago. Le salió una sonora carcajada y simplemente dijo: “Ya perdí, perdí”.

Hace 14 años cayó preso y así se mantuvo hasta 1999, cuando un comando paramilitar, a sangre y fuego, permitió su fuga de una clínica en Villavicencio. Hoy Buitrago Rodríguez o El Tripas como siempre le dijeron desde que se alzó en armas, permanece recluido en un calabozo de la Policía Metropolitana de Bogotá. Las autoridades reportan que sus hijos, conocidos con los alias de Martín Llanos y Caballo, perdieron mucho del poderío económico y hasta territorial que ostentaron durante años en los Llanos Orientales. Poco queda de los tiempos en los que el viejo Tripas llegó a tener un ejército privado de más de mil hombres a su servicio.

Su estructura quedó reducida, dicen, a un puñado de mensajeros, choferes y un par de escoltas que ni siquiera estaban con él cuando fue apresado, el miércoles pasado, por unidades de inteligencia de la Policía en una vereda entre Neusa y Ubaté, en Cundinamarca. Fue el epílogo de un hombre que durante más de tres décadas fue el amo y señor de los Llanos Orientales. Como fundador de las Autodefensas Campesinas del Casanare pronto fue expandiendo sus negocios e intereses y, al final, les entregó sus ejércitos a sus hijos, Héctor Germán Buitrago, Martín Llanos y Nelson orlando, Caballo, hoy prófugos  de la justicia.

A sus casi 71 años, el ‘patriarca’ del paramilitarismo en los Llanos tiene que responder por más de 20 órdenes de captura. Muchos expedientes le corren ‘pierna arriba’: por secuestro, homicidio, fuga de presos, tentativa de homicidio, narcotráfico, concierto para delinquir, conformación de grupos sicariales, desaparición... En fin. Por la masacre de una comisión judicial en San Carlos de Guaroa (Meta) en 1997 fue condenado a 40 años de prisión. Fue una salvajada. Con semejante récord criminal seguramente es que no ha tenido reparos en contarles a los oficiales de inteligencia su historia en las autodefensas.

Según su propio relato, hace más de 20 años inició todo cuando conoció en una feria ganadera en el Meta a Gonzalo Rodríguez Gacha, El Mexicano, el ‘narcosocio’ del capo de capos Pablo Escobar Gaviria. En su testimonio conocido por El Espectador, contó que llegó muy joven a Casanare porque un cuñado le ofreció una pequeña parcela de tierra para que la cultivara y pudiera vivir. Vinieron después las hectáreas y las propiedades, las cabezas de ganado.

“Pero un día empezaron los rumores de que la guerrilla, dizque el Eln, se iba a meter a la zona. La gente estaba nerviosa y eso fue lo que pasó. Los guerrilleros llegaron a mi finca y no tuve cómo defenderme. Por esos días había conocido a Gonzalo Rodríguez Gacha y me dijo que iba a realizarse una reunión en el Magdalena Medio, que me invitaba, que fuera porque él quería que yo conociera a unos señores que estaban teniendo los mismos problemas que yo con la guerrilla. Fui y Rodríguez Gacha me presentó como un líder en Casanare. Me extrañó porque yo no era más que un campesino con ganas de no dejarse quitar su tierra.

“Yo tampoco tenía grandes estudios ni nada de eso. Pero bueno, yo lo dejé. Y me presentó a los otros dos señores que estaban allí: el primero se identificó como Henry Pérez y el otro como Ramón Isaza. Yo salí de esa reunión con 100 fusiles que me regaló El Mexicano para que me defendiera. Y así llegué a mi finca. Y otra vez la guerrilla se metió. Ya yo le había entregado los fusiles a unos trabajadores míos y a gente del pueblo. Y esos guerrillos se volvieron a meter a mi finca. Mataron mucha gente, como a 20, y yo sentí que ese era el fin. Pero de nuevo Rodríguez Gacha me animó y me mandó más armas y así fue como empezó todo.

“Después de mí vinieron mis hijos. Es como cuando un papá es médico y le sale un hijo médico. Lo mismo me pasó a mí, yo era autodefensa y mis hijos son autodefensa. Yo conocí a muchos en este país. Por ejemplo, recuerdo que cuando estaba preso en Palmira allá jugábamos cartas con (Iván) Urdinola, (Hélmer) Pacho Herrera y otros más de los carteles que estaban allá. Y vea las cosas de la vida, cada dos o tres días iba Diego Montoya (Don Diego) a visitarnos. Allá jugaba cartas con nosotros y después, tarde en la noche, salía de la cárcel como si nada.

“Cuando las cosas con Cuchillo (el narcotraficante Pedro Oliverio Guerrero) se pusieron feas, el propio Don Mario (Daniel Rendón) me ofreció ayuda para derrotarlo, pero yo no acepté. No quería meterme en esa guerra. Yo personalmente escogía a los jefes, a los comandantes, a la gente mía. Me parecía que tenían que ser altos y grandes. Así los escogía, como cuando recluté a El Boyaco, un tipo fornido y alto, de ojos grandes y de piel blanca. Con unos me fue muy bien, con otros muy mal. Con varios me equivoqué”.

También se equivocó cuando pensó que viviendo en una casa semiabandonada en cercanías al Neusa podía pasar desapercibido para las autoridades, que duraron siguiéndolo durante cinco meses. Hasta encima de los árboles, literalmente. Un oficial pasaba hasta dos y tres horas registrando cada uno de los movimientos de Buitrago con unos binóculos. Por eso se supo que el viejo Buitrago se levantaba antes de las 7 de la mañana; a las 3 de la tarde leía periódicos; a las 5:00 p.m. se pegaba de la radio y en la noche veía noticias. Muy temprano se dormía sobre dos camas sencillas que él juntaba. Y sólo una cobija lo separaba de las heladas madrugadas de la región.

Vivía acompañado de una pareja de esposos que jamás sospecharon que al hombre al que le compraban los diarios nacionales cada tarde era uno de los más buscados, aquel que lleva casi tres décadas dándole lidia a las autoridades. Su otra compañía era un perro. De cuando en cuando recibía la visita de un pequeño grupo de mensajeros que se encargaban de comprar y vender ganado a nombre suyo. Buitrago Rodríguez seguía todas estas transacciones vía computador. Su captura significa ni más ni menos que el Marulanda de los autodefensas no morirá de viejo sin pagar el largo etcétera de sus crímenes.

La nueva guerra de ‘Martín Llanos’

Luego de cinco años de que no se supiera de su paradero, las autoridades colombianas tuvieron información del regreso al país de Héctor Germán Buitrago, alias Martín Llanos, el año pasado. Al parecer su objetivo, luego de estar en Venezuela y Ecuador, era recomponer su ejército privado. En ese momento fuentes judiciales señalaron que para conseguir esa meta se alió con el ex ‘para’ y narcotraficante Pedro Oliverio Guerrero, alias Cuchillo. Martín Llanos, líder de las Autodefensas del Casanare, es acusado de infinidad de crímenes, como la masacre de una comisión judicial en el Meta, en octubre de 1997. En 2003, Buitrago inició una  guerra contra el Bloque Centauros liderado por Miguel Arroyave en el sur del Casanare, según las autoridades por el control de rutas y cultivos de coca, que dejó  cerca de mil muertos. Iniciado el proceso de paz con las Auc, Martín Llanos propuso formar un partido político, pero su idea fue rechazada y volvió a la clandestinidad.

El extenso prontuario de Héctor Buitrago

En el sistema operativo de la Policía, el nombre de Héctor José Buitrago Rodríguez figuraba relacionado con 21 órdenes de captura. Las más antiguas corresponden a dos expedidas por un juzgado penal del circuito de Villavicencio en 1999, que lo requería por conformación de grupos de justicia privada y homicidio agravado.

Al año siguiente, la Unidad de Derechos Humanos de la Fiscalía le abrió un proceso por fuga de presos y un juzgado penal de Bogotá, en 2002, también lo solicitó por conformación de grupos de justicia privada. En 2003 y 2004, autoridades judiciales de Bogotá, Yopal y Villavicencio pidieron privarlo de la libertad por delitos como homicidio agravado, secuestro, concierto para delinquir y porte ilegal de armas.

Entre 2006 y 2008 se emitieron las demás órdenes de detención. Delitos tan graves como desplazamiento forzado, tráfico de armas y desaparición se sumaron al ya extenso prontuario de este fundador de grupos de autodefensa en los Llanos.