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El otro mundo posible

A través de la Red de Desarrollo y Paz el padre Rafael Castillo busca que la región deje atrás la violencia, se vuelva productiva y se convierta en un ejemplo para el Caribe.

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David Mayorga* / Cartagena
28 de noviembre de 2010 - 09:57 p. m.
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Hace algunos años, cuando los grupos armados dominaban la zona a sangre y fuego, el futuro de los Montes de María era cuidadosamente delineado desde Roma por el padre Rafael Castillo. Había llegado allí desde su parroquia en El Carmen de Bolívar por petición de sus superiores, quienes vieron en él a un potencial sociólogo que podría traer la paz y el desarrollo a los 15 municipios de Sucre y Bolívar que conforman esta región.

 “Lo más importante es rescatar la democracia y promover la cultura de la legalidad”, asegura Castillo, quien, de regreso al país, se puso manos a la obra y con la ayuda de la Iglesia, los empresarios, el Gobierno y el Programa de Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD) abrió las puertas de la Fundación Red de Desarrollo y Paz de los Montes de María, el 19 de noviembre de 2003.

Su primera tarea consistió en un imposible: construir confianza alrededor del programa en un contexto en el que los intereses particulares han causado daños más profundos que la misma violencia. “Quien más muertes ha generado no han sido ni los paracos ni los guerrilleros, sino la corrupción”, dice el sacerdote. Fue un proceso lento el de reunir a los pobladores, sentarlos para hacerles entender que ellos mismos tienen la llave de su futuro y ponerlos a conversar para crear alianzas.

De esa forma nacieron las redes de jóvenes, mujeres, campesinos, artesanos, comunicadores populares y universidades, para educar en materia de liderazgo, derechos humanos y democracia. El siguiente paso consistió en la creación de cooperativas y un modelo de desarrollo para todos los pobladores, que dio paso a la finca montemariana: un grupo de familias (cerca de 60) se hace cargo de la administración de una finca que, en otros días, estuvo en manos de los grupos irregulares y que hoy es cultivada para beneficio de los pobladores y sus comunidades.

“Esa finca tiene que generar empleo y tener un trato amigable con el medio ambiente”, comenta Castillo, quien el fin de semana pasado expuso en Cartagena los alcances de esta iniciativa en el foro “Alianza por la Evolución del Caribe”, de la Universidad Tecnológica de Bolívar.

Allí, el sacerdote explicó que la suerte de este proceso —que también se ha replicado en Córdoba, Urabá, el Bajo Magdalena, la Sierra Nevada de Santa Marta y en otros lugares del Caribe— no hubiera sido viable sin entidades como el Incoder y Acción Social, entre otras. “En Montes de María entendemos la justicia como ajustar lo que está desajustado. Y lo que más ha estado así es la propiedad de la tierra”, afirma.

Su fundación está en diálogos con el Ministerio de Agricultura para fortalecer el proyecto. Y tienen metas muy claras para 2014: que las cerca de 120 fincas montemarianas se conviertan en empresas productivas con aire propio, que las entidades territoriales le rindan cuentas transparentes a la población y que de la red salgan, en al menos seis municipios, los futuros alcaldes de la región.

“Queremos llegar a donde se toman las decisiones”, anuncia Castillo, reivindicando que su proceso es una apuesta política que desde el primer día ha seguido una enseñanza del activista indio Mahatma Gandhi: “La tierra tiene lo suficiente para las necesidades de todos, pero no para la avaricia de unos pocos”.

 

 *El periodista fue invitado por la Universidad Tecnológica de Bolívar.

 

Por David Mayorga* / Cartagena

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