Terraza en Nueva York

Freddy Castiblanco es el dueño de un reconocido bar de la ciudad que se ha convertido en el punto de encuentro de los músicos latinoamericanos.

Decir Nueva York es igual a hablar de diversidad cultural, pluralidad, y es también abordar pequeños mundos que la conforman. Quien ha venido alguna vez en su vida a la Gran Manzana sabe que no es lo mismo decir Manhattan que Brooklyn, ni tampoco el Bronx que Queens. Y es por eso que cuando se ha hablado de la inmigración de latinoamericanos en Nueva York, en realidad se hace referencia, particularmente, a este último. Más específicamente Jackson Heights y Elmhurst, dos barrios que sirven como muestra, a pequeña escala, de lo que es Latinoamérica y de lo que significa la angustiosa condición del inmigrante.

En la intersección de la Avenida Roosevelt y la calle 82 está la estación Jackson Heights de la línea 7. Caminar por ahí es habitar cualquier zona centro, comercial, de cualquier país del Cono Sur. Escuchar a la gente de la calle es confirmar que hay otro espacio protagonista. Los acentos, algunas voces que te susurran repetidamente la palabra “social”, al final, la misma angustia con otros nombres.

A sólo dos cuadras de aquel trajín, a un médico bogotano, graduado de la Universidad Nacional y quien lleva 11 años de vivir en Nueva York, se le ocurrió abrir Terraza 7 Train, un bar que es también, algunas veces, sede de reuniones políticas y de talleres literarios. La razón: había observado cómo Queens se había convertido en una zona de guetos, donde colombianos, mexicanos, ecuatorianos, etc., habían trazado fronteras más fuertes que las de sus propios países. “No había una admiración por lo que hace el otro. Me llamaba mucho la atención eso de Queens. Esa diversidad, pero a la vez ese aislamiento entre cada una de las culturas”, dice Freddy Castiblanco, creador de La Terraza, como muy familiarmente la llaman todos los que han encontrado aquí un lugar amable para el intercambio. El lugar ha cumplido el papel, a través de la música y algunas otras manifestaciones, de mostrar la riqueza de cada cultura.

Para Castiblanco no se trata sólo de una labor social, sino más bien de la materialización de sus ideales progresistas. Unificar es para él empoderar. Los esfuerzos de Terraza se extienden a la participación en diversas luchas políticas, que van de la mano de la creación de conciencia entre la minoría a la que representa. “Me parece que es importante que creemos una nueva cultura cuando emigramos; una cultura neoyorquina, pero apoyada en nuestras influencias, en nuestra memoria”, asevera Freddy, quien cree en el valor de las raíces, de la identidad, como base fundamental y referentes obligados para la creación de expresiones artísticas, por ejemplo. Es también una de sus prioridades en Terraza presentar propuestas con sólidos referentes estéticos. Es decir, no cualquiera se sube a la tarima flotante de Terraza. Los talleres literarios son liderados por profesores de la City University of New York (CUNY) y apoyado también por Carolina Cháves, esposa de Castiblanco, graduada en literatura de los Andes y magíster de CUNY. Igualmente, se hacen talleres de gaitas y tambores, de los que han salido nuevas propuestas musicales.

El componente político es inherente al espíritu de Terraza. En aras de evitar la formación de un gueto apenas un poco más grande, Freddy ha participado, en nombre de Terraza, en distintas acciones políticas de interés local, estatal y nacional, como la reforma de salud, la representación en el Congreso de los Estados Unidos de los dueños de pequeños negocios, reformas migratorias, entre otras cosas. Acciones que han llegado a las páginas del New York Times y el Washington Post. “Pensar globalmente, pero actuar localmente. Es la máxima que, siento, identifica a un pequeño negocio como Terraza”.

Los días de Terraza transcurren entre los sonidos de Granada, música marroquí y de los balcanes, ritmos afroperuanos, jazz, música cubana, música de las costas Atlántica y Pacífica colombianas, sones jarochos y guastecos, folclor de todas partes y sorpresivos Jam sessions que, no sobra decirlo, arden. Terraza espera establecer su radio local y adecuar el espacio para grabaciones de alta calidad. Proyectos inspiradores, tan necesarios por estos tiempos.

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