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De héroe a pescador

Historia de un desconocido soldado, otrora destacado en Israel. Jorge González sobrevive en Tolima, a orillas del Magdalena, a la espera de la pensión que cree merecer por sus servicios y por haber sido rehén de las Farc.

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Olga Lucía Garzón/ Especial para El Espectador
12 de septiembre de 2008 - 09:03 p. m.
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En una vieja canoa prestada, esperando atrapar aunque sea un pez del río Magdalena para venderlo y conseguir lo del día, Jorge González, un humilde pescador de 38 años, moreno, corpulento, de 1,83 metros de estatura, suele mirar hacia atrás y recordar su insigne vida en el Ejército.

“Usted no me va a creer, estuve en el Sinaí tres veces por méritos, por disciplinado y obediente”, dice el ex militar que después de 12 años de servicio pasó a la Dirección Nacional del Ejército su carta de retiro, pero no obtuvo respuesta.

“El cuerpo ya no me daba para más. No quise esperar y me fui sin nada”. Dejó el camuflado, el fusil y las botas y se fue a un pueblo del Tolima cuyo nombre pide no revelar por seguridad.

“Armé un cambuche a orillas del Magdalena. Lo único que encontré para hacer fue pescar. El río es un buen amigo que lo deja a uno trabajar sin cobrarle arriendo ni impuestos”, dice Jorge.

Jorge González, nacido en Valledupar y criado en Barrancabermeja, ingresó al Ejército en 1990 no por gusto, sino porque igual que a sus hermanos, quienes entregaron su vida en combates con las Farc, lo reclutaron. Sin embargo, su desempeño fue exitoso desde el principio.

Cuando Jorge apenas llevaba seis meses de estar prestando servicio como soldado profesional, la tropa que enfilaba le dio el primer golpe a la guerrilla.

Él y sus compañeros capturaron a dos integrantes de las Farc que mantenían secuestrados a 26 policías, tras la toma guerrillera en Santa Helena del Opón (Santander).

El rescate se hizo entre Puerto Parra y Chucurí, a la orilla del río Magdalena. “La guerrilla, al mando de alias Vladimir, me acuerdo muy bien, iba a cruzar a pie, nosotros fuimos en lanchas, les quitamos a los uniformados y los capturamos”, recuerda Jorge.

Esta hazaña le valió al ex soldado una recompensa: ser enviado por primera vez a Israel por nueve meses para formar parte de las misiones de paz…


El pescador, quien vive en una humilde casa, se lamenta de su situación porque a pesar de que su paso por el Ejército fue notable y su sacrificio retribuido por sus superiores, hoy padece una dura pobreza.

Cuando regresó la primera vez de Israel lo enviaron a hacer patrullajes en diferentes zonas del país. Una de ellas, en el sur de Bolívar, donde tuvo una amarga experiencia: el 16 de noviembre de 1996 Jorge fue secuestrado por hombres del 35 frente de las Farc, durante un combate en esa zona del país.

Aunque fue una vivencia traumática, a los tres meses (febrero del 97) logró volársele a las Farc. “Los guerrilleros se fueron a bañar y descuidaron los fusiles. Nosotros nos movimos muy ágilmente y los alcanzamos”.

A su regreso, fue a patrullar a la Hormiga (Putumayo). Allí por informaciones de la comunidad logró el rescate de dos hacendados. Los sacamos al pueblo más cercano, lo que le significo que a finales de 1998 por tercera vez lo embarcaran a Israel.

“Ir al Sinaí es un premio, es como tomar unas vacaciones porque allí uno carga fusil sin munición, tenemos todo. Ayudamos a cuidar las fronteras”, manifiesta.

Aunque durante su primera estadía en Israel logró ahorrar buen dinero, gracias a que recibía como pago mensual 1.200 dólares, su capital se agotó pronto porque a su regreso a Colombia debió costear los gastos de la enfermedad de su abuela.

Cuatro años después del último viaje a Israel (2002) Jorge González pensó en que era el momento de salir del Ejército. El sacrificio, el arriesgar la vida y muchas pesadillas provocadas por los combates y rigores de la guerra lo llevaron a tomar la decisión. “Pasaron semanas y no me dieron respuesta. Pensé que ya el cuerpo no me daba para más y me fui”.

Hace un año un abogado amigo interpuso una demanda reclamando la contestación a la carta, y hace ocho meses que le dieron respuesta, pero hasta el momento no ha recibido la liquidación por sus 12 años de servicio.

El coronel Carlos Prada, de la VI Brigada de Ibagué, le dijo a El Espectador que el Ejército le garantiza a González los recursos por sus 12 años de servicio, mas no por los 6 que lleva fuera de la institución y que el militar retirado pretende cobrar aduciendo que su nombre siguió en la nómina oficial pese a que ya no pertenece a las Fuerzas Armadas.

Por Olga Lucía Garzón/ Especial para El Espectador

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