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Juan Carlos Dib tiene muy claro en qué momento se convirtió en blanco de los grupos delincuenciales que le han escrito más de 60 veces para amenazarlo. Fue en abril de 2007, cuando asumió la rectoría de la Universidad del Magdalena, tras la muerte por cáncer de Carmen Yadira Romero, quien había sucedido a Carlos Caicedo, condenado en primera instancia por peculado. Sin embargo, el primer escrito con presiones le llegó apenas en diciembre siguiente.
Dib, quien lleva más de diez años vinculado con la institución, aceptó el encargo temporal, que se fue prolongando a la par con sus problemas de seguridad, hasta que decidió dimitir. Renunció tres veces, pero procedimientos internos le impidieron dejar su puesto hasta que se escogiera al sucesor, paso que aún no se ha dado. Entre tanto, su familia y él mismo tuvieron que esconderse a rogar para que no lo maten y para que tampoco lo acusen de abandono del cargo, idea que ronda en un sector de Santa Marta, pese a que localmente están probadas las presiones contra su vida.
¿De dónde vienen las presiones en su contra?
Para mí son mafias, no de izquierda ni de derecha, sino que sólo quieren manejar clientelismo y que están detrás del presupuesto de la universidad para hacer negocios. Son gente de afuera ligada con gente de adentro.
¿Quiénes son los de dentro de la universidad?
Sectores que están opuestos al proceso democrático y participativo. De pronto algunos docentes o trabajadores oficiales.
Es decir, hay una pelea política por la universidad…
Sí, hay una confrontación entre partidos por el control de la universidad. De Unimagdalena salieron listas del Polo Democrático, a raíz de eso algunos iniciaron una pelea y dijeron que nos iban a asfixiar y se propusieron lograrlo.
¿Y cómo los iban a asfixiar?
Nos pusieron 70 tutelas de desacato, contra derecho, que la Corte Constitucional finalmente revocó en Bogotá.
¿Entonces por qué sigue como rector?
A mí me empiezan a respaldar por mi gestión. Me ven como un académico impecable, que no tengo que ver con partidos. Ni de izquierda ni de derecha. Me respalda el Gobierno Nacional, el Ministerio de Educación. Pero a raíz de eso, en Santa Marta empiezan a decir que soy uribista y el DAS atribuye las amenazas en mi contra a grupos bolivarianos.
¿Y ya puso su caso en conocimiento de las autoridades?
Cuando voy a la Fiscalía me dicen “usted es muy joven, dedíquese a otra cosa”. Agregan que “esa gente de la Gobernación es capaz de cualquier cosa”. Y cuando llegan los del Gaula, me dicen que no confíe en nadie, ni siquiera en los de la Fiscalía.
¿Será que no le creen?
Me dicen que cuando a uno lo van a matar no le avisan. A Martha Hernández, directora del Parque Tayrona, le avisaron con un mes de anticipación. Ella desestimó la amenaza y al mes fueron y le pegaron tres tiros en la puerta de la casa, hace como tres años. Al día siguiente de pasar la renuncia me llamó la directora del Parque, sorprendida, y me dijo: “Acuérdate de lo que le pasó a Marta, con eso no se juega”.
Pero en algo le deben haber ayudado las autoridades locales...
Dicen que no le haga caso a eso. El esquema de seguridad me lo garantiza el gobernador, que es el que manda la policía departamental, pero finalmente a él lo ponen como sospechoso por las amenazas.
¿Cuántas veces ha renunciado al cargo de rector?
Hace dos semanas renuncié irrevocablemente, fue la tercera. He recibido entre 60 y 70 escritos amenazantes. En mi vida me he cruzado con alias Hernán Giraldo, con el frente 19 de las Farc, y siempre que me dicen “cuidado se equivoca” y yo les digo “cuidado se equivocan ustedes conmigo”. Pero esto de la universidad sí se convirtió en un problema, porque me volví un estorbo para terceros sólo por hacer las cosas bien.
¿Y ha recibido amenazas en persona?
Sí, el primero de agosto. Yo salía en mi carro hacia la casa, después de las diez de la noche. Me bajé a abrir la reja y una persona en una moto se me acercó y pensé que me iba a robar. Me puso una pistola en la frente, no pude reconocerlo. Me dijo: “Tiene treinta días para salir de la rectoría o si no lo mato. Yo sólo cumplo órdenes”.
Pero en algún momento se dijo que las presiones contra usted procedían exclusivamente de la universidad...
En febrero una persona en Bogotá puso denuncias ante la Fiscalía con nombres propios de personas que me estaban amenazando de muerte. Lo que se busca desde algunos sectores es a quién cargarle la responsabilidad de lo que a mí me pase, pero no hay una preocupación legítima desde antes para evitar que me suceda algo. Es como matar dos pájaros de un tiro, sacarlo a uno de la rectoría y tener un motivo para crear una guerra entre otros.
¿Se piensa ir del país?
En Colombia no hay garantías. Garantías hay cuando hay conciencia ciudadana del respeto a la vida. Yo me siento seguro cuando nadie me quiere hacer daño, no cuando estoy en un carro blindado con escolta. Eso no es seguridad. Es una presión
más como para jugar a ser mártir y me preocupa. Yo quisiera que así como hay unas leyes internacionales que protegen a la misión médica dentro de la guerra, hubiera normas para que dentro de esa guerra se respete la academia.
Entonces se va…
No, yo pasé la renuncia irrevocable nuevamente. No quiero que me presionen más, dejo un rector delegado que vaya al consejo superior por mí y que allí me acepten la renuncia y nombren un rector encargado nuevamente y yo veré que hago con mi vida por un tiempo. Tengo muchas cosas pendientes. Soy profesor de medicina, tengo dos grupos categoría de Colciencias, tengo proyectos aprobados por Colciencias, mucha gente depende de mí, pero también por eso, porque dependen de mí, me tengo que cuidar. Mi familia está atemorizada. Es que es la rabia por la locura de quedarme tanto tiempo y la tristeza porque, así me vaya a donde sea, quiero mucho a Colombia. En otro país no aguanto mucho rato, porque yo soy muy apasionado por esta tierra y por la Sierra Nevada y por Santa Marta.
Las cifras de Unimagdalena
La Universidad del Magdalena cuenta con unos 10 mil alumnos y maneja un presupuesto de $50 mil millones anuales, es decir, 35 veces más que la Gobernación del departamento. Cuenta con 25 programas presenciales, entre los cuales se destacan el de ingeniería pesquera (único en el país con certificado de alta calidad) y el de antropología.
La institución fue fundada hace más de un siglo, pero cerró durante mucho tiempo y en su era reciente lleva apenas 10 años.
Debido al modelo de gestión implementado por la última rectoría, la universidad salió de los problemas que había obligado a su intervención por parte del Gobierno Nacional. Eso y los millonarios recursos que maneja la tienen permanentemente en los ojos de la dirigencia política regional, que varias veces ha intentado recuperar su control.
Su problema más grande en los últimos años ha sido el pago del pasivo pensional, tema que llegó hasta la Corte Constitucional y por el cual el rector Dib afrontó 70 desacatos. Finalmente la Corte le dio la razón y el Ministerio de Hacienda debe pagarle a la entidad los $9.500 millones que invirtió en la cancelación de las últimas 20 mesadas, cada una de las cuales costó $500 millones.
Unimagdalena tiene 901 funcionarios y un buen colchón financiero para los gastos de funcionamiento y para la construcción de nuevos edificios.