Primera Ciudad Sin Prisa de América Latina

En Pijao nadie teme perder el tiempo. Lo que se busca es garantizar la calidad de vida.

La guerra contra la rapidez se ha extendido alrededor del mundo de manera inesperada. Lo que comenzó en 1986 con un movimiento pequeño y silencioso llamado Slow Food, que buscaba contrarrestar el estilo de vida desenfrenado y combatir la falta de interés por la nutrición generada por la comida rápida, hoy ha logrado ampliarse hasta impulsar tendencias como el sexo lento, los clubes de la pereza y los viajes sin prisa.

La denominada enfermedad del tiempo, término que acuñó el médico norteamericano Larry Dossey para denominar la creencia obsesiva de que se debe pedalear cada vez más rápido para mantener todo a su ritmo, ha contagiado a cientos de personas de distintos países que viven en función del reloj. Un escenario complejo que, en 1995, dio origen en Italia   a la Red de Ciudades sin Prisa o Cittá Slow.

Este es un movimiento integrado por tan sólo 80 ciudades del mundo y al que a partir de este mes también pertenecerá Pijao, un municipio colombiano ubicado en el departamento del Quindío, a 40 minutos de Armenia. Con una población de 6.000 habitantes y una extensión de 243 kilómetros cuadrados, Pijao se convertirá en la primera Ciudad sin Prisa de Latinoamérica.

Desde hace cinco años Mónica Flórez, comunicadora social e investigadora etnográfica y actualmente concejal de este municipio, ha trabajado para lograr que Pijao sea certificada como miembro de esta red internacional de ciudades, en las que se privilegia la calidad de vida. De hecho, mucho antes de que se conociera la noticia de su nombramiento como Ciudad sin Prisa, decenas de turistas colombianos y extranjeros viajaban a Pijao para alejarse del estrés, el ruido y el ritmo acelerado de las grandes urbes.

Sin embargo, su certificación como integrante de esta red mundial no fue una tarea fácil. A pesar de que cumplía con los requisitos para ser catalogada Ciudad sin Prisa (ver recuadro), fue necesario concientizar a sus habitantes y enseñarles a proteger el patrimonio arquitectónico, ambiental y cultural de este lugar. Adicionalmente, un comité encabezado por Pier Giorgio Oliveti, director de la red, evaluó detenidamente a Pijao para verificar que acatara todas las normas establecidas por el movimiento.

Una vida tranquila

“Algunos dicen que la vida en Pijao es aburrida”, cuenta Mónica Flórez mientras escucha con atención el trinar de una pareja de aves que juega entre las matas del jardín de su casa. “Yo creo que aquí uno recarga baterías gracias a la tranquilidad que se respira en el ambiente”, agrega entre risas. Lo cierto es que los habitantes de este municipio, que a veces se quejan del olvido en el que viven por cuenta de otros lugares turísticos del departamento más populares como Panaca o el Parque del Café, siguen una rutina que parece no aburrirlos nunca:

Sentarse un rato en el Café Social a escuchar boleros y tangos (siempre suenan los mismos discos), jugar en el billar, asistir a los campeonatos de básquet que organizan los jóvenes en el parque o a veces en medio de las calles, unirse al grupo de mujeres mayores que se reúnen todos los días para tejer, ir a bailar a alguna de las discotecas o salir a caminar por los senderos ecológicos y bosques de palma de cera que rodean el lugar.

Así transcurren los días en este tranquilo lugar que privilegia los peatones y ciclistas por encima de los carros, las zonas verdes en vez del pavimento, el silencio y no la rumba. Un municipio en donde lo lento no es sinónimo de torpe, lerdo o perezoso, sino “una forma de no desperdiciar la vida, de aceptar que uno vive mejor cuando hace menos y encuentra el ritmo adecuado para hacer las cosas que tanto se desean”, como lo explica el escritor canadiense Carl Honoré en su libro Elogio a la lentitud, en el que habla de las tendencias mundiales para contrarrestar la inmediatez que atormenta a los ciudadanos del siglo XXI.

La transformación de Pijao

Las autoridades locales de este pequeño municipio del Quindío han trabajado desde hace mucho tiempo por generar


programas de cultura ciudadana y de sensibilización del patrimonio cultural. Sin embargo, mantener en buen estado la arquitectura de las casas, las calles y los sitios de interés no ha sido nada fácil.

De hecho, hace poco Mónica Flórez, con el respaldo del alcalde local, Édgar Cuervo, realizó un inventario de los bienes de interés cultural e impulsó varias obras de restauración de las edificaciones más deterioradas. Además, se verificaron las condiciones en las que se encuentran las 200 piezas arqueológicas de la cultura Pijao, que se exhiben en la Casa de la Cultura.

Una labor que estuvo acompañada por programas pedagógicos de sensibilización a la comunidad, que se llevaron a cabo a través de la Fundación Pijao Cittá Slow, que creó Mónica hace algunos años. La estrategia de difusión y concientización también incluyó repartir volantes en los puntos estratégicos del municipio: la papelería Teresita, el Café Social y el Hostal Las Nubes.

Édgar Cuervo, alcalde de Pijao, explica que la certificación de Ciudad sin Prisa “no sólo es el reconocimiento para un municipio que se ha preocupado por preservar el medio ambiente y ofrecerles a sus habitantes calidad de vida, sino una manera de impulsar el turismo productivo y generar empleo”. Este es un lugar en el que no hay oportunidades para todo el mundo, reconoce Mónica Flórez, por esta razón la mayoría de jóvenes prefieren marcharse después de graduarse como bachilleres a probar mejor suerte en ciudades como Pereira, Bogotá o Armenia.

Precisamente esta fue otra de las razones que motivaron al alcalde Édgar Cuervo a respaldar la iniciativa de certificar al municipio como Ciudad sin Prisa. “Con esta novedoso proyecto de pertenecer a esta red internacional de ciudades, no sólo estamos fortaleciendo la identidad local sino contribuyendo a reactivar nuestra economía”.

Con la colaboración de la Agencia Presidencial para la Acción Social y una pequeña participación de la Gobernación del Quindío, Mónica Flórez logró cumplir la meta por la que abandonó su sueño de estudiar antropología en la Universidad Autónoma de Barcelona: convertir a Pijao en la primera Ciudad sin Prisa de Latinoamérica y lograr que sus habitantes se sientan orgullosos de vivir en un lugar que ofrece bienestar y permite saborear los placeres de la vida.

Lo cierto es que la mayoría de personas que viven o que han viajado a Pijao coinciden en afirmar que en este lugar se deja a un lado la cultura de la prisa y la impaciencia. Se vive a un ritmo pausado y se ha perdido por completo el miedo de perder el tiempo.


Pijao, un lugar para recargar baterías

Desde hace cinco años Mónica Flórez está trabajando por lograr que Pijao haga parte de la red de ciudades tranquilas que existe en el mundo.

Una propuesta que se convirtió en la base de su proyecto político el año pasado y que le permitió alcanzar una curul en el Concejo de este municipio del departamento del Quindío.

A sus 40 años, Mónica Flórez reconoce que en un momento de su vida sintió que debía tranquilizarse y disminuir el ritmo acelerado que llevaba. Por eso decidió abandonar la idea de continuar sus estudios en Barcelona y regresó a Pijao, en donde creó una fundación para sensibilizar a los habitantes sobre lo que significa ser una ciudad tranquila.

Édgar Cuervo, alcalde del municipio, y funcionarios de Acción Social respaldaron su iniciativa y gestionaron programas para fomentar la elaboración de productos autóctonos y la restauración de los bienes culturales.

Aunque para algunos Pijao puede ser aburrido, Mónica asegura que se ha convertido en el lugar predilecto de colombianos y extranjeros que buscan alejarse del ruido y recargar baterías para seguir con su vida diaria.

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