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Desde su amplia oficina, con una vista panorámica envidiable del corazón financiero de la ciudad, Astrid Martínez se encarga de guiar el rumbo de una de las empresas más emblemáticas del Distrito: la Empresa de Energía de Bogotá. Llegó hace más de dos años y medio a la presidencia de la compañía, como un paso más en la consolidación de su exitosa carrera, que incluye cargos destacados tanto en entidades públicas y privadas, como en la academia.
Así, entre empresas y salones de clase, Martínez ha aprendido que los negocios y la academia son sectores muy distintos, pero igualmente enriquecedores. Sin embargo, si se le pide escoger el lugar en el que se siente más cómoda, piensa un minuto y responde: “Yo me siento muy contenta en un aula de clases con mis alumnos, porque es un espacio más libre, más espontáneo, las relaciones de autoridad son otras”. Destaca el hecho de que en la universidad el respeto se consigue con conocimiento y no con base en el cargo que se ocupa. No obstante, inmediatamente aclara que hoy se siente muy a gusto con su trabajo en la Empresa de Energía, y explica: “Estos escenarios son muy distintos, porque ya las decisiones que uno toma tienen impacto en las personas y en la sociedad. Uno debe ser supercuidadoso y medir mucho lo que dice. Es completamente distinto”.
Y precisamente su naturaleza académica es lo que le imprime un sello particular a su gestión como dirigente empresarial. Es una investigadora innata y le gusta ver los ángulos ocultos de las situaciones, por lo que asegura temerle a los consensos del mercado. De ahí que lo que más destaca de su paso por entidades como Ecopetrol, en calidad de directora de planeación corporativa, y por Asobancaria, como vicepresidente técnica, sean las publicaciones realizadas y los espacios de formación y discusión que dejó abiertos a su paso.
Astrid Martínez es economista de la Universidad Nacional, maestra en Economía de la Universidad de los Andes, especialista en Banca de la misma universidad, y doctora en Economía de la Universidad de Campinas, en Brasil. Considera que ser la primera mujer en presidir la EEB tiene un valor simbólico y, tras haber liderado la incursión de la compañía en el negocio del transporte de gas, asegura que hay mucho por hacer aún en la consolidación de esa nueva vocación de la empresa. La ampliación de la infraestructura de transporte de gas en el país y la inscripción en Bolsa, tanto de la Transportadora de Gas Interior (TGI S.A. ESP.) que está por realizarse, como de la EEB, que ya se hizo, son sus principales objetivos en el futuro inmediato.
Su escuela en el sector de servicios públicos fue la gerencia de Transmilenio, que además de ser el primer cargo que le dio visibilidad ante los medios de comunicación, se constituyó en un giro inesperado de su carrera. “Cuando a mí me dijeron
Transmilenio, dije: no tengo nada que ver con eso. Además me parecía un poco aburrido”, reconoce Martínez. No obstante, hoy, al hacer un balance de esa experiencia, asegura que “fue muy estimulante porque yo, como ciudadana, entendí los problemas de la ciudad, cosa que nunca lo había hecho”. A pesar de que debió hacer frente a situaciones difíciles, como el accidente del bus escolar del Agustiniano en el que un contratista de la empresa resultó involucrado, recuerda con gratitud la experiencia de haber trabajado en una empresa joven y de haber recorrido metro a metro las troncales de Suba y la Avenida 30.
Siempre le ha interesado lo público, y, de no haber sido economista, habría estudiado Ciencias Políticas. Sin embargo, ha aprendido que trabajar en empresas de servicio público es una experiencia agridulce, puesto que “en general, el servicio público es muy desagradecido, porque la gente no ve lo que se hace cuando está bien hecho, sino cuando se falla. Es como el trabajo del ama de casa, que nadie aprecia hasta que hace falta”.
Sin embargo, la gestión pública de Martínez ha hecho eco y hoy su nombre encabeza listas de mujeres de mayor influencia del país. Sin embargo, asegura que ese tipo de reconocimiento y menciones resultan importantes para la empresa que para ella, puesto que se constituyen en “un ejemplo para los empleados de la empresa, particularmente para las mujeres profesionales con las cuales soy exigente, porque creo que tienen que tener más aspiraciones”.
Para Martínez generan más satisfacción personal las publicaciones que ha desarrollado sobre agricultura, comercio exterior, inversión extranjera, economía del crimen y petróleo; su trabajo como profesora asociada de las universidades Nacional y Externado, y la creación de los observatorios colombianos de coyuntura internacional y de energía.
Y por eso le gusta mantenerse actualizada. Lee sobre economía y política, pero también le gusta la literatura y apela a ella para conocer otras culturas. Por eso, acaba de terminar de leer El hablador, de Mario Vargas Llosa, que describe la selva peruana, y, teniendo en cuenta que actualmente la EEB tiene varios planes de expansión en el vecino país, éste es un excelente mecanismo para ahondar en el conocimiento de dicha cultura. Incluso estuvo de vacaciones allí, lo que da cuenta del interés permanente de aprender cada día.
La gestión de Martínez en la EEB
Para destacar, en los dos años y medio que Astrid Martínez lleva al frente de la EEB, la compañía compró los activos, derechos y contratos de Ecogas; obtuvo recursos por US$1.469 millones, producto de la inversión de 150 inversionistas extranjeros; entregó la ampliación de la interconexión a Ecuador, y creó la nueva empresa Transportadora de Gas Interior (TGI), entre otros.
Actualmente la compañía adelanta varios proyectos en Perú, uno de energía eléctrica en sociedad con ISA, en la que tiene el 40%, y ahora, a través de TGI, se obtuvo un contrato de US$200 millones para hacer un gasoducto en la región de Ica. “En la capital peruana hay 8 mil usuarios residenciales conectados. Bogotá tiene 1.400.000, y Lima es más grande que Bogotá. Perú está creciendo al 10% y tiene déficit de energía, lo cual encierra un alto potencial”, asegura Martínez.