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La joyería deja de brillar

A pesar de la bonanza en los precios internacionales del oro, el negocio para los comerciantes ya no resplandece como antes. Inseguridad e informalidad y altas tasas de interés son algunas de las causas.

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Edwin Bohórquez Aya / Santa Marta
21 de agosto de 2008 - 10:14 p. m.
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Los aretes en oro puro que tanto atraen a los turistas estadounidenses que arriban a Colombia se están dejando de producir. Las pulseras de 18 kilates por las que llegaban los suizos, ya no se encuentran por doquier, y los anillos, las argollas y las cadenas que tenían los precios más competitivos de la región, ya no se fabrican con la misma intensidad, porque sencillamente se están dejando de vender. Ese es el panorama que observa la industria en el país y por el que ya se están buscando nuevas estrategias para no perder el terreno ganado en el último quinquenio.

Y esto se debe, paradójicamente, a que el precio de la onza de oro está en los niveles más altos de la última década, pues en junio de este año se pagó a US$939,77, cuando en enero de 2000 no alcanzaba a los US$290, “motivo por el cual hemos tenido que dejar de producir en ese material y ahora nos enfocamos en la elaboración de joyas a partir de la plata con algunas combinaciones, terminados y aleaciones en oro, bajando los precios y haciendo asequible el producto final a los consumidores”, explica Carolina Gómez, de Carolina Gómez Design, empresaria del negocio.

A eso se suma que, por la subida de las tasas de interés, los compradores han dejado de adquirir este tipo de bienes, que no son perecederos, sino que aparecen en el renglón del lujo. “Es una respuesta lógica del mercado, que por tradición siempre accede a la joyería con los sistemas de crédito y por eso, con tasas tan altas, prefieren abstenerse de hacer compras altas y se quedan sólo con las necesarias”, apunta Carolina Nieto, gerente del área de investigaciones económicas de Fenalco.

Y por si fuera poco, una serie de debilidades se adhieren a esta problemática que viven las más de 3.700 empresas formales que se dedican a este negocio y que no coinciden en cifras de ventas, pues de acuerdo con las estadísticas más recientes de la Cámara de Comercio de Bogotá y Confecámaras, hay 701 (de esas 3.764) empresas que registraron ventas netas por valor aproximado al billón de pesos, mientras que según reportes de Supersociedades, en el año 2005 la fabricación de joyas y artículos conexos vendió $51.808 millones y en 2006, $68.580 millones.

Pero es Fenalco la que asegura que esas debilidades están enmarcadas en poca capacidad de las cadenas productivas, la informalidad, la insuficiente calidad y diseño de productos, la carencia de tecnología e ineficiencia en procesos de producción, la poca especialización del trabajo, las dificultades en la comercialización por desconocimiento del mercado, la escasa integración con mercados internacionales, la falta de integración entre diseñadores, joyeros, artesanos y empresarios, y además, que la microempresa se ubica en zonas alejadas del mercado.


Sin embargo, entre las principales fortalezas en las que ya se está trabajando para contrarrestar este panorama, está la fuerte aceptación, no sólo en el mercado local sino en el internacional, de la tradición artesanal, joyera y orfebre de los empresarios colombianos, los bajos costos de mano de obra, la disponibilidad de materia prima como el oro, a pesar de su alto costo; la plata y las esmeraldas, además de la variedad de diseños.

Entre tanto, fue el propio presidente de Fenalco, Guillermo Botero, quien dejó claro que “no se puede asegurar qué tan informal es el sector, pero cuando la situación se pone difícil, algunos de los consumos descienden notablemente y uno de ellos es la joyería, por ser un bien suntuario”.

El negocio, de acuerdo con los representantes del sector, se ha venido dañando porque cualquier persona toma un curso de joyería y en la sala de su casa monta un taller y empieza a elaborar muchos productos que pueden resultar fácilmente en el mercado internacional. Además, la salida de joyas sin registrar y sin pagar los debidos impuestos es una práctica que cada vez cobra más importancia y que aún no ha podido ser reglamentada, precisamente por el pequeño tamaño de las joyas y la facilidad para ponerlas en un bolsillo y sacarlas como una prenda del turista.

Al final, el gremio de comerciantes dejó claro que no se puede caer en la sustitución de productos con menor precio, estar por fuera de las cadenas globales de valor y menos, ofrecer al mercado productos con baja tecnología incorporada. Y por eso las principales oportunidades se deben enfocar aclaró Nieto en apuntarle al crecimiento del comercio internacional, observar este negocio como una fuente clara de generación de divisas, desarrollando ventas por catálogo con la ayuda de internet y la mejor de todas: el auge del conocimiento cultural a través de la expresión artística.

El Gobierno, por su parte, ya viene haciendo lo propio en el incentivo a la cadena joyera, mediante estímulos económicos y de políticas de integración. Para eso se logró el lanzamiento de la política nacional de apoyo a la cadena productiva de la industria de la joyería, metales, piedras preciosas y bisutería en Colombia por parte del Ministerio de Comercio Industria y Turismo. Además, ya se establecieron presupuestos de recursos de Fomipyme para ese sector, por valor de $923 millones, y entidades de cooperación empresarial, como la Organización Corona, el Mincomercio y Colciencias.

 

 

Por Edwin Bohórquez Aya / Santa Marta

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