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No se trata de sexo en vivo, tampoco de pornografía extrema ni mucho menos de un osado e insinuante catálogo de servicios íntimos en donde hermosas mujeres que visten corset y liguero menean sus cuerpos agarradas de un tubo de acero, mientras recogen de cuando en cuando billetes arrugados por la euforia que ellas producen en sus espectadores.
No hay gemidos de por medio, tampoco cámaras web transmitiendo escenas triple X ni rubias voluptuosas que forman parte de la imagen publicitaria de una que otra rentable línea caliente. Se trata de los empresarios del sexo, pero de aquel segmento de “artículos para adultos o juguetes sexuales”, que como un sector comercial viene creciendo de la mano de una amplia variedad de consoladores, vibradores y aceites calientes que mueven cerca de US$4 millones al año.
Detrás de él no están más de 70 empresarios formales en todo el país, número calculado entre los mismos protagonistas del negocio, que explican la inexistencia de un gremio que los reúna, debido a los antecedentes de informalidad del negocio, su mala imagen y su relación frecuente con la prostitución. Gregorio Mejía es uno de ellos y desde las tiendas Kamasutra, un cuartel del negocio erótico en Bogotá, cuenta abiertamente el modelo empresarial que gana cada vez más reconocimiento entre quienes se “aventuran a explorar otro lado del mundo de la sexualidad”.
Importador, distribuidor, vendedor y hasta docente de las artes físicas en las cuales educa sobre los usos de estos productos, en charlas con grupos de 10 ó 20 mujeres, Mejía es contador de profesión y sabe como pocos sobre el negocio de los juguetes sexuales. “Son elementos de comunicación, por eso hay que conocerlos y de esta forma ofrecer un portafolio amplio a los consumidores. Observamos tamaños, formas, colores, olores, usos y sabores. Tenemos en cuenta las texturas y, ante todo, que sean atractivos para el tacto”, apunta, mientras comenta que lo más importante es educar al cliente y no dejar su oficio en una simple transacción de compra y venta.
Los productos que allí comercia, son traídos de mercados como el estadounidense y llegan también en varios contenedores que viajan desde China. El promedio de compra de cada uno de sus clientes está por los $100.000 y cuando los visitantes extranjeros llegan de compras, pueden fácilmente sumar facturas por $1 o $2 millones cada uno. Los vibradores, disfraces, lubricantes, preservativos y retardantes figuran en el ranking de los más comprados.
Un mercado tan interesante que, según las estadísticas del DANE, el renglón al que pertenece este tipo de productos de acuerdo con su partida arancelaria registró en el 2007, importaciones superiores a US$8 millones. Catalogados como productos sicotécnicos o de masajes, en su mayoría provienen del lejano Oriente: China, Corea del Sur y de países como Estados Unidos, Israel y Argentina. Los dos primeros son los principales productores en el mundo.
Otra de las cadenas que existen en el país es Romance, de propiedad de Luis Ramos, conocida en varias ciudades del país donde sus boutiques se pelean el espacio con famosas cadenas de comercio. Ramos, habla feliz del prometedor negocio que le ha servido para, en poco menos de cinco años, consolidar su marca como la única cadena de productos de este tipo, con presencia en Bogotá, Cartagena, Barranquilla, Pereira, Armenia y tres franquicias más en la zona cafetera y una en Cúcuta.
Su experiencia proviene precisamente de haber trabajado en Estados Unidos con una de las fabricantes más grandes de juguetes sexuales de todo el mundo. Entonces, trajo su experiencia y ahora ya cuenta con una firma importadora de artículos para adultos llamada Emporium y con la que provee no sólo sus tiendas y sus franquicias, sino gran parte del mercado nacional.
Ramos dice que el negocio debe estar dirigido más a las mujeres que a los hombres, y por eso el 70% de los productos que se traen a Colombia están enfocados al público femenino, entre 18 y 55 años. Del balance general de su negocio, explica que de acuerdo con las proyecciones de 2008, espera terminar el año con ventas que superen los $1.000 millones, tan sólo de sus tiendas, pues de la firma importadora y distribuidora espera recibir algo más de $400 millones.
La inversión no sólo sigue en ascenso para el propietario de Romance. Existen en promedio otros diez importadores que podrían, en las buenas temporadas, promediar ventas al año cercanas a los US$500.000. Empresas que se nutren de las novedades de la industria mundial que se presenta en las ferias internacionales de Las Vegas, Los Ángeles y Barcelona, las más famosas en el gremio. Este tipo de eventos se han integrado al país, a pesar de no tener muy buenas experiencias con las ferias realizadas en Bogotá, Ibagué y Cali, entre 2005 y 2006, aunque se observaron con otros ojos las de Manizales y Pereira en 2007.
“En Manizales fueron siete días, 30 stands, 17.600 asistentes y se desarrolló en cinco niveles: académico, cine, arte clásico, show artístico y performance. El montaje tuvo un costo cercano a los $100 millones y hubo empresarios que esos días lograron ventas superiores a los $30 millones, posicionar sus marcas y, ante todo, trabajar por la cultura del sexo”, explica Juan Andrés Correa, organizador de Expoerótica, la feria de los placeres.
Una jugada que Correa replicó en Pereira con más de 8.000 asistentes y que luego quiso llevar a Medellín y Cartagena, pero nunca encontró un lugar para montarla y los permisos siempre le fueron negados. Ahora, ya está adelantando los trámites para mudar el modelo ferial a Bogotá, “en donde la gente tiene mente más abierta y es más fácil la asistencia de compañías que van al evento de Barcelona”. Más aún, teniendo en cuenta que desde ya está tramitando la visita de Play Boy Argentina para finales de octubre.
Representantes de esta industria en Venezuela y Ecuador ya lo han contactado para llevar el evento a estos países. Mientras tanto, según empresarios como Ramos y Mejía, la industria sigue subiendo cada vez que un comprador entra a sus tiendas y, gracias a la calidad del producto y a sus estrategias de ventas, regresa en promedio a los tres meses por más productos, varios de ellos más costosos que los conduce a probar las más recientes novedades.
Las mismas que se venden en las grandes capitales del mundo como Nueva York y Londres por US$200 en promedio, mientras en Colombia se pueden adquirir con iguales especificaciones a mitad de precio, por la reducción de los aranceles del 30 al 15%, explica Mejía. Un segmento de la industria que en todo el mundo mueve más de US$60.000 millones al año y que en Colombia, más que una simple feria de juguetes sexuales, ya se perfila como una fuerte industria comercial.
En cifras
$100 mil
es el promedio que puede gastar un comprador cuando visita una tienda sexual.
US$8 millones
en promedio fue la suma de importaciones de productos de sicotecnia en 2007, según el Dane. Dentro de este esquema aparecen los juguetes sexuales.
Escena erótica
En Colombia no existe una cifra oficial sobre la industria de los juguetes sexuales, pero al indagar sobre ellos en la Web, aparecen 443.000 vínculos dedicados a este erótico negocio. En ciudades como Bogotá, según la Cámara de Comercio, existen 22 tiendas que dicen dedicarse a esta actividad, pero es enfática en aclarar que pueden ser muchos más locales comerciales dedicados a ello pero que no aparecen registrados bajo este rótulo. Las ciudades en el mundo más adelantadas en el tema son Amsterdan y Estocolmo, teniendo en cuenta que las capitales de China y Corea están incrementando su participación en el negocio, precisamente por ser los fabricantes.