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Tomemos posición

Desde la famosa votación en la Universidad de Michigan para evitar la venta de Coca Cola en el campus ante las violaciones de los derechos humanos, que la empresa posiblemente cometía, se abrió un nuevo campo de acción al consumidor: la acción política.

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Camilo Herrera Mora
05 de septiembre de 2008 - 11:18 p. m.
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En Colombia esto es un caso lejano. De hecho, en los últimos meses el país ha presenciado algunas situaciones de las marcas que no han causado ninguna queja por parte de los consumidores, pero que no debemos dejar pasar: la campaña radial de Chevrolet donde la esposa apura a su pareja para irse rápido del concesionario, pensando que por error habían dejado un portátil en la silla trasera y que era mejor irse antes de que se dieran cuenta y lo perdieran; la portada de SoHo con Amparo Grisales mostrando sus senos, que se dispuso en los paraderos de los buses; los mensajes de texto para descargar fotos de mujeres sensuales, donde se demuestra que los menores de edad tienen acceso libre a contenidos de adultos; y hasta la escandalosa situación de esta semana donde los locutores de Candela Estéreo simularon una llamada de secuestro.

Quizá usted esté en contra mía o me crea un godo taimado, y quizá lo soy. Pero hay situaciones que si dejamos que cojan carrera, seguirán cambiando nuestros hábitos morales, como ha pasado con el semáforo en amarillo y dejar cuidando el puesto en una fila mientras hacemos otra diligencia.

Todos somos consumidores y ciudadanos y cada vez más debemos comenzar a confundir estos roles. Si compramos y usamos cosas que no cumplen con las normas sociales, estamos financiando que esto pase, e infortunadamente la reciente historia de Colombia tiene tristes pruebas de financiamiento a cosas que nos hacen mucho daño.

Más del 3% de la razón de uso de los servicios se da por el buen servicio, deja ver que el consumidor colombiano comienza a premiar el buen trato y la sensación de servicio; mientras en muchos casos seguimos soportando un mal servicio porque nos da pena quejarnos, o algunos piensan que “pobre vendedor, ni sabe lo que vende”. Si no exigimos, seguiremos recibiendo mal servicio y cosas mal hechas.

Cuando compre algo pregúntese si están haciendo las cosas bien y sobre eso decida. ¡Lo sé!, suena utópico y de mundo desarrollado, pero si no comenzamos a cambiar, ¿quién va a cambiar por nosotros? O pregúntese, ¿nunca le ha sacado la piedra un vendedor o un mesero?

Por Camilo Herrera Mora

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