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El 10 de marzo del año pasado, Vitalia Mosquera Ospina, del área de contravenciones de la Inspección de Tránsito y Transporte de Puerto Boyacá radicó un oficio ante el Ministerio de Transporte solicitando información sobre la reglamentación de la circulación de cuatrimotos en su municipio.
La carta de esta funcionaria no ha sido la única que ha llegado a las oficinas de la cartera de Transporte. En los últimos meses este tipo de comunicaciones se incrementó al mismo ritmo que los colombianos con mayores recursos económicos entraron en la onda de las cuatrimotos.
En la actualidad se pueden observar grupos de aficionados a estos vehículos, especialmente en los sitios con mayor afluencia de turistas (costa Atlántica, Girardot y Melgar), y cerca de las grandes capitales.
Aunque no existen cifras concretas sobre su número en el país, de acuerdo con datos de los comercializadores, durante 2008 se importaron cerca de 920 y por Colombia ruedan aproximadamente tres mil automotores de este tipo.
Distribuidores como IMB Colombia y Suzuki coinciden en señalar que las ventas del año pasado prácticamente doblaron las de 2007, y que se encuentran a la expectativa de lo que podrá pasar en 2009.
Según el importador Gonzalo Villa, lo único claro es que el mercado ha aumentado de manera sustancial durante el último tiempo. “Mensualmente las ventas pueden estar creciendo al 25%, pero no existen estadísticas sobre el número de estos autos que hay en Colombia”.
Esta realidad se evidencia a la hora de cotejar la cantidad de cuatrimotos matriculadas en Bogotá. Según la oficina de Servicios Integrales para la Movilidad (SIM), entidad que maneja la información sobre la cantidad de automotores en la capital del país, en la ciudad sólo hay dos registradas oficialmente.
Por su parte en Antioquia, el departamento que mayor auge ha tenido de estos vehículos y que cuenta con pistas para su uso, sobre todo en la región oriental, la Dirección de Tránsito Departamental advierte que no se puede indicar cuántas cuatrimotos hay, “pues aparecen registradas como motocicletas”.
Aunque sus características son de carros, e incluso a la hora de importarlas pagan los mismos aranceles de un vehículo convencional, diversos vacíos en la legislación colombiana les permiten matricularse como motocicletas.
Las marcas más comercializadas en Colombia son la estadounidense Polaris, la canadiense Can-Am; la austríaca KTM, las japonesas Suzuki, Kawasaki, Yamaha y Honda, y las chinas Kazuma y Roketa. Sus precios varían, entre 5 y 45 millones de pesos de acuerdo con sus usos y sus especificaciones (van desde los 50 hasta los 850 centímetros cúbicos).
Luces y sombras
Aunque empezó como una práctica común entre los amantes de las motocicletas, con el paso de los meses se ha convertido en una actividad cada vez más familiar en la que hasta los niños están involucrados. Para Claudia Ruiz, jefe de comunicaciones de Incolmotos Yamaha, los meses de junio y diciembre fueron la época durante la cual se efectuaron las mayores ventas, asociado al período de vacaciones de los menores de edad.
Aficionados como Luis Fernando González reconocen que en la actualidad es común encontrar usuarios de cuatrimotos entre profesionales que buscan compartir su tiempo libre. “En principio los grupos los empezaron a armar los amantes del vértigo”, señala, para agregar que en este momento son médicos, ejecutivos y profesionales de diversas disciplinas quienes conforman el grueso de la población que conduce estos autos.
En su caso, los lugares más propicios para utilizarlos son parajes cercanos a Bogotá, entre los que se encuentran caminos de La Calera, Tabio, El Tablazo, Mondoñedo o La Mesa.
Este uso contrasta con oscuros episodios de la vida nacional en los que las cuatrimotos han aparecido como protagonistas.
Tal vez una de las primeras imágenes que se recuerda en Colombia de estos vehículos es la de un Pablo Escobar montado en una cuatrimoto recorriendo la famosa hacienda Nápoles, en el Magdalena Medio. Más recientemente el juicio contra el ex director de Fiscalías de Medellín, Guillermo Valencia Cossio, ha vuelto a poner sobre la mesa el tema de estos automotores.
Cabe recordar que el caso del hermano de Valencia Cossio se inició cuando se conoció, mediante grabaciones de llamadas telefónicas, que la banda del narcotraficante Don Mario supuestamente le habría regalado una cuatrimoto al ex director de Fiscalías de Medellín.
Precisamente en las últimas incautaciones que le han realizado las autoridades a las propiedades de Don Mario, han encontrado “flotillas de cuatrimotos”.
En un reciente par de columnas en El Espectador, el escritor Héctor Abad Faciolince fustigó fuertemente el uso de estos vehículos. “Son como tractores en miniatura que pueden ir a toda velocidad, que producen más ruido que una moto grande, y hacen estragos por todos los caminos destapados de Colombia. Se llaman cuatrimotos y antes las tenían los mafiosos o los paracos (o sus retoños), pero como aquí el modelo a imitar son ellos, ahora las tienen los hijos de burgueses y terratenientes”.
Pero más allá de sus contradictores, estos vehículos se han convertido en un “fenómeno social”, tal y como los califica Paulo César Mejía, un consumado motociclista que se ha encargado de organizar competencias deportivas de estos automotores.
En agosto del año pasado se realizó en el oriente antioqueño la primera Válida Nacional de Cuatrimotos, con la participación de más de 70 pilotos que disputaron la competencia en tres categorías: expertos, novatos y júnior. La idea es continuar con este tipo de válidas.
Pero además del uso recreativo y deportivo, algunos finqueros han convertido estos autos en vehículos utilitarios a la manera de tractores.
Frente a requerimientos como el de Vitalia Mosquera, funcionaria de Puerto Boyacá, el Gobierno Nacional insiste en que “las cuatrimotos son asimilables a los automóviles, por lo tanto deben cumplir sus mismos requisitos”, pero la realidad es muy diferente, lo cual se refleja en la cantidad de estos vehículos que han sido matriculados.