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La estrategia del oso no vale para la banca

Las entidades que reconozcan los cambios tendrán éxito en el sistema financiero del futuro.

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Ana Rubio*
16 de noviembre de 2009 - 08:59 p. m.
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Para sobreponerse a la crisis sin precedentes que atraviesa el sistema financiero internacional, algunas entidades están adoptando la estrategia del oso. Creen que la crisis es como un duro invierno y que si uno vuelve a su madriguera a hibernar, y limita su actividad, cuando salga será otra vez primavera y todo volverá a ser como antes.

Pero se equivocan. Esta crisis no es un invierno, sino un big bang que transformará para siempre el mundo al que estábamos acostumbrados. La primavera que vendrá no es como las anteriores, ni tan fértil ni tan olorosa. Sólo aquellas entidades que sean conscientes de estos cambios y se preparen para ellos tendrán éxito en el sistema financiero del futuro.

En el plano internacional, en el mundo poscrisis el crecimiento económico será menor que antes en las economías desarrolladas y estables o mayor en el conjunto de las emergentes. La banca del futuro será global. Además, el entorno regulatorio e institucional se habrá transformado para buscar una mayor estabilidad financiera en los mercados. La banca del futuro estará más regulada y supervisada.

Y, como consecuencia, en el próximo ciclo se tenderá hacia un modelo de negocio con rentabilidades más estables y sostenibles en los países desarrollados. La banca del futuro será menos rentable.

En España, en este entorno global más complejo, se añaden retos propios que sólo un sistema financiero más fuerte, reestructurado y con un manejo de riesgo adecuado será capaz de abordar.

A corto plazo se debe afrontar el problema de financiación de la economía española, el despalancamiento necesario en ciertos sectores privados, como la construcción, la búsqueda de otros sectores productivos que guíen el crecimiento económico y un fortalecimiento del sistema financiero español, que muestra una heterogeneidad creciente y una atomización excesiva.

En el largo plazo el sistema financiero asistirá a una transformación más profunda para dar servicio a un cliente más global, en mayor proporción proveniente del mundo emergente y con una marcada preferencia por las nuevas tecnologías.

Las primaveras no volverán a ser tan fértiles como en el pasado, pero con esta transformación estamos ganando en estabilidad y sostenibilidad a medio y largo plazo. Con ello se busca una larga primavera estable, que retrase en lo posible la llegada de otro invierno de crisis.

*Economista jefe de análisis sectorial, Servicio de Estudios BBVA.

Por Ana Rubio*

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