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A las seis de la tarde del miércoles, los remolcadores Galeras, Perijá, Catalina y Doña María, que transportaban combustibles hacia Cartagena, abandonaron el meandro de Pinillos (sur de Bolívar), donde habían encallado en un banco de arena desde el pasado lunes, por el descenso de las aguas del río Magdalena (a menos de un metro de profundidad), el nivel más bajo desde 1996.
Así lo confirmó Juan Gonzalo Botero, director de Cormagdalena, entidad responsable de la navegabilidad del río, quien señaló que el sector de Pinillos nunca se había tenido que dragar, pero que fue necesario utilizar dos retroexcavadoras para abrir el canal y permitir la navegabilidad.
Hoy el río está abierto, en el punto crítico tiene una profundidad de 1,5 metros, pero hay zonas donde las embarcaciones podrían encallar, si sigue bajando el nivel de las aguas, como La Gloria y Barrancabermeja y Puerto Berrío-Calamar.
Para evitar que esto suceda, Cormagdalena suscribió dos contratos de dragado, por $21 mil millones, en los sectores en que podría haber inconvenientes.
De acuerdo con Paulino Galindo, ingeniero de Cormagdalena, la solución para el problema que se registró en Pinillos es que el Magdalena corte un meandro (curva) y de esta manera se aumente el caudal de los caños Chicagua y Don Juan, porque por estos dos brazos está corriendo más agua que por los 50 kilómetros del río por donde se moviliza la carga.
Galindo explicó que desde noviembre de 2008, por los problemas con Venezuela, no se volvieron a mover vehículos de exportación por el río y que tras la venta de la flota de Argos, tampoco hay movimiento de carbón. “Hoy sólo se están movilizando combustibles, pulpa y carga menor.
Ese año se transportaron 1,8 millones de toneladas de carga y el año pasado ésta se redujo a 1,7 millones, pero la disminución no obedeció a problemas de navegabilidad, sino a la caída en la carga.
El presidente de Sofasa, Germán Camilo Calle, dijo hace unos meses que el río se había convertido en una gran bodega flotante para la compañía. Sin embargo, infortunadamente hoy no se mueve ningún vehículo por allí.
Entre tanto Víctor Peña, de Fedenavi, gremio de transportadores fluviales, explicó que el Magdalena es una autopista natural que sólo requiere confianza de los empresarios, mientras Juan Gonzalo Botero agregó que al río se le está dando la importancia que debe tener y que por ello se han adjudicado contratos para estrechar algunos brazos y para construir esclusas que eliminen el ingreso de agua a la bahía de Cartagena, obras que tendrán un costo superior a $300 mil millones.