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Uno de los símbolos del poderío industrial de Estados Unidos tambalea. Se trata de General Motors (GM), una de las compañías automotrices más grandes del mundo, que precisamente en el centenario de su fundación busca afanosamente un salvavidas para evitar declararse en bancarrota.
Las alarmas se venían encendiendo desde hace varios meses, pero la situación se complicó el pasado martes cuando la acción de GM se cotizó a US$2,92, el valor más bajo de los últimos 65 años. Previo a esta estrepitosa caída, la compañía había informado sobre la pérdida de US$2.500 millones durante el tercer trimestre del presente año.
El presidente y director ejecutivo de GM, Rick Wagoner, reconoció el difícil momento al advertir que la compañía, con asiento en Detroit (Michigan), se podría quedar sin liquidez antes de que concluya este año. “Estamos convencidos que las consecuencias de una bancarrota serían terribles. Necesitamos encontrar una manera de salir de esto, y ese es realmente nuestro enfoque”.
Más allá de los efectos económicos de una quiebra de General Motors, varios analistas consideran que la bancarrota de una de sus empresas insignias de los estadounidenses enviaría un mensaje devastador a los consumidores de ese país, por lo que la polémica está encendida sobre las soluciones a esta situación.
Mientras los demócratas insisten en que el Gobierno deber aportarle a la industria automotriz una porción de los US$700 mil millones que destinará para el sistema financiero, los republicanos señalan que esa partida sólo tiene como destino salvar a las entidades bancarias.
The Wall Street Journal, uno de los periódicos más influyentes del mundo en materia económica, editorializó en contra de que el Estado le lance un salvavidas a la industria automotriz estadounidense (General Motors, Ford y Chrysler), pues en la actual crisis económica es factible que muchos otros sectores entren en quiebra y los fondos públicos no podrán salir en su rescate.
Para el ex ministro de Hacienda Juan Camilo Restrepo todo hace pensar que la administración Bush terminará girando un cheque a las tres empresas automotrices. “Estuve recientemente en Estados Unidos y me tocó vivir la polémica. Al final creo que la presión demócrata hará desembolsar la ayuda. La decisión será más política que técnica, pues es indudable que esta industria es emblemática para los estadounidenses”.
Pero, ¿cómo llegó a una situación tan extrema una compañía tan poderosa?, si bien es cierto que la de 2008 no es la única crisis que ha afrontado el gigante automotor, también lo es que el entorno económico mundial poco favorece su complicada realidad.
Después de superar el embate de las marcas europeas y japonesas, GM empezó un fuerte ascenso en los años 90, coincidiendo con la prosperidad económica que vivió Estados Unidos en la administración Clinton (1992-2000). Los SUV (camionetas) gozaron de su mejor momento, con precios del petróleo controlados, los fabricantes norteamericanos volcaron gran parte de sus esfuerzos a modelos como Chevrolet Tahoe / Suburban, Cadillac Escalade y GMC Yukon.
Mientras tanto, Toyota empezaba a ganar terreno con autos más compactos y mucho más eficaces en el consumo de combustible. Tras los atentados del 11 de septiembre de 2001, el valor de la compañía empezó a descender dramáticamente hasta los niveles actuales y con los altos precios del petróleo y el enfriamiento de la economía estadounidense, la firma japonesa se convirtió en la mayor vendedora de carros del mundo.
Pero la de 2008 no es la única crisis que ha afrontado GM durante sus 100 años de historia. Tras su creación en Flint (Michigan) la empresa inició una fuerte competencia con Ford, a la que logró superar en los años 20. Con la depresión generada a partir del 29, GM redujo en dos terceras partes sus ventas en 1932.
En su libro Mis años con General Motors, Alfred P. Sloan, quien presidió la compañía entre 1923 y 1937, aseguró que para salir de la depresión la firma tuvo que tomar decisiones en todas sus dependencias, pero la más importante fue la reducción de los salarios. A esto se sumó una vocación integradora con otras compañías que permitió formar una empresa fuerte.
La Segunda Guerra Mundial (1939 - 1945) se convirtió en el mejor revulsivo para GM, pues se convirtió en uno de los principales fabricantes de autos, aviones y hasta de armas.
Fortalecida por estas ventas, General Motors llegó a su esplendor en las décadas de los 50, 60 y 70, cuando por mucho lideró la industria automotriz y fue la empresa más poderosa del mundo.
En 1953 se produjo uno de los hechos que mejor reflejan la importancia de la automotriz en la vida estadounidense, cuando Charles Wilson pasó de ser presidente de GM a secretario de Defensa del presidente Eisenhower y al preguntársele si era ético aceptar el nuevo cargo declaró: “Lo que es bueno para General Motors es bueno para Estados Unidos y viceversa”.
El pensamiento del recién electo Presidente Barack Obama va en el mismo camino al considerar a las automotoras como “la columna vertebral de las manufacturas estadounidenses y una parte crítica en nuestro intento por reducir la dependencia del petróleo extranjero”.
Este lunes el Legislativo de E.U. empezará a debatir un plan de créditos de emergencia de hasta US$50 mil millones para la industria automotriz. Las palabras de Wilson siguen retumbando por los pasillos del Congreso.
La operación en Colombia no se afecta: Colmotores
A diferencia de la caída de los indicadores de General Motors en Estados Unidos, la compañía registra un buen comportamiento en Colombia. De acuerdo con el presidente de GM-Colmotores, Santiago Chamorro, la situación global de la empresa no afecta actualmente de forma directa los planes de manufactura y venta de vehículos en el país.
El directivo agrega que en Colombia los resultados son satisfactorios, “ejemplo de ello es que octubre fue el mejor mes del año para Chevrolet en términos de participación de mercado. Cerramos con una participación total de 38,6%”.
Para el próximo año, la empresa proyecta en Colombia inversiones cercanas a los US$15 millones, enfocadas principalmente al lanzamiento de nuevos productos. Los concesionarios, por su parte, tienen prevista una inversión aproximada de US$5 millones “para aumentar la cobertura en nuestros talleres rápidos ChevyExpress, pasando de 18 a 32 puntos en el país”.
Opel también pide ayuda a Alemania
El constructor automovilístico alemán Opel ha solicitado ayuda al Gobierno federal y a los “laender” donde están ubicadas sus plantas, anunció la dirección de la empresa.
“Queremos mantener las posiciones de Opel y su capacidad de gestión y competitividad, incluso en esta situación global adversa”, declaró el presidente de Opel, Hans Demant a la agencia EFE. Demant explicó que la decisión de recurrir a las autoridades se hizo necesaria tras el empeoramiento de la situación en la matriz, General Motors. Opel representa el 75% del volumen de negocio de GM en Europa.
Según informaciones no confirmadas por Opel, la petición involucraría un monto aproximado de 200 millones de euros. El programa de ayuda prevé primas por chatarrización de autos viejos, así como créditos de consumo a tipos de interés favorables para comprar nuevos vehículos.