Juan Gabriel Vásquez 12 Mayo 2011 - 11:00 pm

Elogio del cuento triste

Juan Gabriel Vásquez

"¿POR QUÉ ESCRIBE SIEMPRE HIStorias tan tristes?", me preguntó un lector en estos días de feria bogotana.

Por: Juan Gabriel Vásquez
  • 9Compartido
    http://www.elespectador.com/impreso/opinion/columna-269461-elogio-del-cuento-triste
    http://www.elespectador.com/impreso/opinion/columna-269461-elogio-del-cuento-triste
  • 0

Estaba genuinamente preocupado, o por lo menos eso me pareció a mí; y no recuerdo muy bien qué respuesta improvisada le di, pero sí que la respuesta no estuvo a la altura de la pregunta, que es, bien mirada, una de las más importantes que pueda hacerse un lector de literatura: ¿por qué nos gustan las historias que terminan mal? Durante estos días, el escritor gallego Manuel Rivas dijo una verdad incontrovertible en la que yo nunca me había fijado: que todos los cuentos infantiles hablan en el fondo del miedo al abandono. ¿Saldrá de ahí la cosa? Augusto Monterroso hizo una famosa Antología del cuento triste, y leerla es darnos cuenta de que en ese género —si es que la tristeza es un género— están varias de las obras maestras del cuento, de La señora del perrito en adelante. En la literatura colombiana reciente también hay bellos cuentos tristes: los de Julio Paredes, que presenta nuevo libro por estos días; varios de Juan Carlos Botero, pero en especial El descenso; varios de Pedro Badrán, pero en especial La magia del Joe Domínguez. ¿Por qué nos gustan tanto?

Lo que puede concluirse de la antología de Monterroso y de los demás ejemplos, en cualquier caso, es que hombres y mujeres tenemos una capacidad asombrosa para amar a quien no nos ama o para despreciar a quien podría amarnos o ya lo hace. Esto, que es un lugar común de la más pura estirpe, es al mismo un tiempo una verdad desconsoladora que ha generado las opiniones más absurdas. Bernard Shaw, que siempre ponía estas cosas en las mejores palabras, dijo: “La inconstancia de las mujeres que amo sólo es igualada por la infernal constancia de las mujeres que me aman”. Los médicos de antes estuvieron seguros de que el amor era una enfermedad, puesto que quitaba el apetito o el sueño y ponía a la gente a suspirar como loca; los médicos de ahora le dicen a uno que tranquilo, que eso no es depresión, que simplemente es una baja de endorfinas. Dante, sin embargo, escribió los cien cantos de su Comedia para incluir en ellos el encuentro con una veinteañera que le había hecho un desaire en Florencia, y yo me resisto a creer que el origen de ese poema se encuentre en un déficit hormonal.

Yo suelo recordar la carta que le escribió Manuela Sáenz a su esposo, James Thorne, cuando decidió cambiarlo por el general Bolívar. A Thorne le dijo: “Amas sin placer, conversas sin gracia, caminas sin prisa, te sientas con cautela y no te ríes ni de tus propias bromas”. En estos días, un gran lector que conozco recordó otra carta famosa, que ilustra bien los momentos de imaginativa desesperación a que puede llegar un amante despreciado. En ella Benjamin Franklin, que se había enamorado de la viuda del filósofo Helvetius, trataba de convencerla de casarse con él en lugar de quedarse sola el resto de su vida. Lo que hizo Franklin fue imaginar que llegaba al cielo y que ahí se encontraba con el filósofo, y que el filósofo le confesaba haberse enamorado de otra mujer: la otra mujer, ni más ni menos, era la esposa de Franklin. Con lo cual Franklin, después de haber inventado esta falsa solidaridad, terminaba diciéndole a la viuda: “Venguémonos”.

Y éste, aunque no lo parezca, también es un cuento triste.

 

  • 9
  • Enviar
  • Imprimir
9
Opiniones

Para opinar en esta nota usted debe ser un usuario registrado.
Regístrese o ingrese aquí

Opciones de visualización de opiniones

Seleccione la forma que prefiera para mostrar las opiniones y haga clic en «Guardar» para activar los cambios.
Opinión por:

Isidora

Vie, 05/20/2011 - 06:55
Disfrute mucho leyendo esta columna. Gracias Juan Gabriel.
Opinión por:

suesse

Lun, 05/16/2011 - 14:01
Muy...esperanzadora esta columna. Consuela, de verdad, el leerse uno más dentro de la especie, a quienes el autolatigazo les produce el raro placer de ser víctimas...y gozar de ello, siquiera, por un tiempo. Que bueno leerlo, como siempre, sr. Premio Alfaguara!!
Opinión por:

Pendergast

Sab, 05/14/2011 - 17:38
grandes sin resolver, que ni siquiera la mágica elaboración de un cuento (que todo lo puede), escapa a eso que vive con todos nosotros. Mientras el ser humano conviva con el dolor y las injusticias... el cuento triste vivirá para contarlo.
Opinión por:

Pendergast

Sab, 05/14/2011 - 17:34
Juan Gabriel, traigo a colación las palabras de Vargas-Llosa en su discurso del nobel sobre la proyección/continuación que encontramos muchos en la escritura y la lectura de lo vivido en la realidad . Y es así como nuestra realidad, dura, muchas veces ajena, o acaso tan hermosa que ni se entiende en un mundo que se desangra, tenga matices de tristezas acumuladas que nunca se van, que no podemos eliminar por el simple hecho que hacen parte de esa realidad que se vive a diario. ¿Por qué escribir cuentos tristes cuando podemos transformar al sapo en rey y la arena en oro a través de las palabras escritas? Creo poder responderme a mi mismo, leyendo la carta del nobel de la paz de 1980 Adolfo Perez Esquivel al nobel de la paz de 2009 Barak Obama: Hay ciertas tristezas tan (continúa...)
Opinión por:

lamiel

Vie, 05/13/2011 - 10:26
A mi los cuentos tristes que mas me gustan son Atala de Chateaubriand y Les Diaboliques de Barbey d'Aurevilly. Cuando tenga tiempo quiza lea los de la literatura colombiana que menciona aqui.
Opinión por:

laurika

Vie, 05/13/2011 - 10:19
Hay tristezas de tristezas en los cuentos.Sabe? Aún no termino de leer la Siesta del Martes de García Marquez, aún no termino de leer a Pedro Paramo.Por qué.Hay allí una tristeza , un dolor intenso , sin lágrimas, porque es trágico, porque no hay alternativa.Un absurdo que sólo Dios sabe.
Opinión por:

Darb

Vie, 05/13/2011 - 09:09
buen articulo, para ponerse a pensar en las cosas simples de la vida
Opinión por:

Segregacionpatria

Vie, 05/13/2011 - 07:40
Sí en el fondo del calambuco de la narratiba queda la costra de la tristeza, nunca es la nata. Pero si es importante destacar el aporte del Procurador Ordóñez para prevenir accidentes de teránsito en las carreteritas estrechitas de la republiquita: a partir del 20 de julio todos los vehículos deben tener una imagen de la Virgen del Carmen en la parte interior, sea la cabina, y otra en la placa.
Opinión por:

digoall

Vie, 05/13/2011 - 00:24
El amor desde el comienzo, así entre flores y soles, es siempre un cuento triste. Tiene su fin cantado desde que comienza.
Publicidad
Publicidad

Suscripciones impreso

362

ejemplares

$312.000 POR UN AÑO
Ver versión Móvil
Ver versión de escritorio