Por: Ana María Cano Posada

140 caracteres

PARA MIRAR AL PLANETA EN UN MIcrocosmos artificial, el sistema mejor creado por el hombre en 40 años es el llamado internet, red que facilita la vida, como el alcantarillado en el siglo XIX. Llegamos a su derivación, un medio de medios, llamado Twitter con el cual sus hoy 230 millones de suscriptores son dueños de sus mensajes de 140 caracteres para seducir a una corte de seguidores y usarlos para el menester que les plazca.

Ejemplos recientes son el del vecino de Osama Bin Laden, que antes de descubrirlo un canal informativo señaló lo que ocurría, y recorrió el planeta: una misión había dado de baja al personaje. O el último, el del joven militante del partido de Sarkozy que cuenta a sus seguidores que el opositor, el presidente del Fondo Monetario  Internacional, Dominique Strauss Kahn, había sido detenido en Nueva York, acusado por una camarera de acoso sexual. Un plato fuerte para demolerlo en frases lapidarias. También intenta Álvaro Uribe demoler opositores como feroz corresponsal de este medio que le permite dar salida inmediata a su adrenalina en alza. Lejos están los estadistas que pensaban y hacían frases célebres acuñadas en la lápida o en estatuas. “Sangre, sudor y lágrimas” o “Vine, vi y vencí” se conservaban para la inmortalidad y pasaban de viva voz sin tener un factor multiplicador como ahora.

Los usos de Twitter son insospechados. A Lady Gaga, con sus 10 millones de seguidores, le sirve para hacerles soñar que ella es un engendro del futuro; los escritores lo usan como recurso publicitario para inducir seguidores y lectores, lo que los mantiene en el mercado editorial. O los actores y artistas, lo propio. Unos pocos twitteros son nihilistas y escépticos, buenos comentaristas de la cotidianidad, que dejan caer sus paradojas en frases críticas o luminosas como antes lo hicieron inolvidables grafiteros en Bogotá, como Keshava, el de “Busco pared virgen que no oponga resistencia”, o aquel que escribió “¿Acaso no te pone el sistema nervioso?” O en Medellín un grupo que rubricaba con un corazón.

Es explicable que la red derive en unos sistemas sociales de “intercepción”, como los llama Mariluz Restrepo en su buen ensayo publicado por la Universidad Nacional, Web, paradigma de comunicación, en el cual relaciona este sistema con lo descrito por Italo Calvino desde el año 90 en sus Seis propuestas para el próximo milenio. Asimismo, Fabián Sanabria, también de la Nacional, dice que “en las sociedades actuales asistimos –para lo mejor y para lo peor– a la recreación de espacios absolutamente otros”. Esto afirma en el libro Vínculos virtuales, del cual es compilador, y donde reúne a quince investigadores que se sumergieron durante un año en las redes sociales. Sin duda ahora se toma en serio la transformación de las mentalidades a través de estos sistemas que dan lugar a relaciones otras con el entorno y las personas. Es el declive de la presencia y de la representación en todas sus manifestaciones, a favor del “tiempo real”, de la inmediatez y del uso con todos los fines posibles de este múltiple acceso virtual.

Volviendo al acercamiento a este planeta del microcosmos de la  internet y, más cerca aún, de Twitter, vemos a unos estadistas ocupados en perder el tiempo ventilando sus estados de ánimo igual que millones de conductores pierden el control de su volante por pulir un verso. Entre uno y otro, un puñado de lúcidos circulan sus impresiones en un medio híbrido, sin filtros, ávido de más patos que se tiren al agua.
 

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