Por: Santiago Gamboa

La caída

ES COMO SI ALGUIEN TUVIERA una cita con su destino: una grieta se abre en la vida de una persona y por ahí se cuela el espíritu de la destrucción, el sino trágico, el fatum. Y viene la caída.

La estrepitosa caída de Ícaro, por ejemplo, que voló demasiado alto y sus alas se despegaron. Quiso acercarse al sol y el sol lo quemó, le cortó las alas. No le quedó más que el vacío. ¿Esta grieta por qué se abre?, ¿por qué llega a ciertas vidas la tragedia y, como el viento bíblico de Macondo, arrasa con ella?, ¿qué es lo que alimenta ese torbellino de la destrucción?

Le ocurrió esta semana a Dominique Strauss-Khan, ex director del FMI, jefe del capitalismo occidental —mundial— y seguro candidato (dado por ganador) a la presidencia de Francia. Será juzgado en Nueva York, y sólo un milagro podrá lograr que sea declarado inocente, pues la teoría de la conspiración pierde fuerza a medida que se saben los detalles. El gran jefe del capitalismo se precipita al vacío ante el testimonio de una inmigrante económica que vive en las sombras del neoliberalismo, que viene del continente más desdichado y pobre del mundo, África (es de Guinea), viuda, con una hija, y que dejó su casa del Bronx por una opción más económica: una residencia para portadores del virus VIH. Se llama Nafissatou Diallo, es musulmana. Es negra. A él le dicen DSK, está casado con una millonaria de origen judío, como él, y se aloja en costosas suites. Ella es una excluida del gran banquete del consumo y él es el rey del dinero, de la izquierda-caviar, asiduo de presidentes, de escorts de lujo, suites presidenciales y automóviles deportivos.

Se encuentran por casualidad en una encrucijada. La pequeña grieta. Sopla el viento devastador, se anuncia la tragedia. Aparece Aristóteles y dice: la hybris es la desmesura y tiene un castigo. Los políticos incurren en la hybris al perder el sentido de la realidad y esto anuncia una caída. Una caída ejemplar. Si Nafissatou hubiera tenido el día libre, si en la repartición de tareas le hubiera sido asignado otro piso, si DSK se hubiera duchado más temprano y salido a hacer compras o a ver a alguien, no habría pasado nada. Muchas cosas habrían podido evitar que se encontraran, él desnudo saliendo del baño y ella limpiando el cuarto. Aristóteles habla de la peripatéia, que es el hecho culminante, devastador. Lo que hace que un rey se precipite, e incluso dice que el tiempo de acción de la peripatéia es de doce horas: lo que tarda Edipo en pasar de ser un rey a un mendigo ciego. Todo se desploma y todo es destrucción. El jefe del capitalismo cae en picada. África, el sida, la inmigración económica, la desdicha. Todo le cae encima porque, al parecer, él lo buscó. ¿Qué hace que esos dos mundos lejanos se encuentren? La libido. El viejo Freud dándonos respuestas. Quien hace una semana era rey hoy está privado de libertad. Su vida se desplomó, y la vida de Nafissatou, tras la agresión sexual, ya no será la misma. Se sumará otro peldaño a su desdicha. Es la tragedia griega que revive hoy, en pleno siglo XXI. Es también Shakespeare: el rey Lear que vuelve a caer.

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