Por: Maureen Dowd

Poderoso y primitivo

OH, ELLA LO QUERÍA. ELLA LO QUEría con ganas.

Eso es lo que quiere toda viuda joven y trabajadora, temerosa de Dios, que se rompe la espalda desempeñando labores de servidumbre en un hotel de Times Square para mantener a su hija adolescente, justificar su estatus de inmigración y aprovechar las oportunidades en Estados Unidos: un viejo y enloquecido sátiro, amén de arrugado,  saliendo a la carga del baño, desnudo, abalanzándose sobre ella y arrastrándola por la habitación, al estilo cavernario.

La reputación de Strauss-Khan de seductor francés, casado tres veces, pierde algo en la traducción. Con base en los alegatos de la mucama del oeste africano, de 32 años de edad, lo que ocurrió en la suite del hotel Sofitel, de 3.000 dólares la noche, no tiene nada que ver con la seducción. Si el alegato es cierto, la conducta de Strauss-Khan, zafia y primitiva, es violación. ¿Acaso el jefe del Fondo Monetario Internacional le estaba ordenando a otros países que se apretaran el cinturón mientras él se estaba bajando los pantalones?

Abogados del francés de 62 años, quien había sido uno los principales prospectos de los socialistas para postularse en contra de Nicolás Sarkozy el año próximo, al parecer están listos para refutar cualquier evidencia de ADN argumentando que el sexo con la mucama que llegó a limpiar su habitación fue consensual.

¿Argumentarán que ella esperó con deseo una vez supo que Strauss-Khan había estado en Davos?

Jeffrey Shapiro, el abogado de la mucama, refutó en tono furioso que no había “nada, nada” consensual con respecto al privilegiado Monsieur. (No fue algo como “ven a ver mi fondo monetario”).

“Ella es una humilde empleada de servicio que entró a una habitación para limpiar la habitación”, declaró Shapiro al New York Times. Se refirió a la devota mujer musulmana del Bronx como “una joven mujer muy propia y digna”, diciendo que “ella ni siquiera sabía quién era este tipo” hasta que vio los informes en los noticieros.

Los defensores galos de Strauss-Khan están emitiendo locas teorías de conspiraciones, sonando como los paquistaníes con respecto a Osama bin Laden. Algunos han insinuado que fue víctima de una trampa organizada por las fuerzas de Sarkozy. Bernard-Henry Levy, un amigo, dice que está indignado ante la descripción de Strauss-Khan como una “bestia insaciable y malevolente”. Escribió en el The Daily Beast: “Sería bueno saber —y sin demora— cómo pudo entrar sola una mucama, contrariamente a la práctica habitual de la mayoría de los grandes hoteles de Nueva York en la que envían a una ‘brigada de limpieza’ de dos personas, al interior de la habitación de una de las figuras más observadas en el planeta”. Al  menos no mencionó a Dreyfus.

Me he hospedado por años en el Sofitel y otros hoteles en la Ciudad de Nueva York, y nunca he visto una “brigada”, solo mucamas solas que entran a hacer la limpieza.

En Washington, ahora ya apodaron la calle que separa al FMI y el Banco Mundial, donde Paul Wolfowitz perdió su empleo a causa de un juego de manos con su novia, el Bulevar de la Mala Conducta.

Estas son las dos instituciones reconocidas por sermonear al resto del mundo sobre disciplina y libertad, cuando es Occidente el que es culpable de imprudencia y conducta impulsiva. Primero en finanzas, después en sexo. Personas que no pueden mantener cerradas sus cremalleras sermoneando a las demás.

Mientras los franceses censuraban el sistema estadounidense de justicia —desalentando imágenes de Strauss-Khan esposado, lo cual es ilegal en Francia—, los estadounidenses pudieron enorgullecerse del sonido “tan tan” del gong del programa “Law & Order: SVU”, el ruido que presagia que se hará justicia sin consideración a la riqueza, clase o privilegios.

Es una historia inspiradora con respecto a Estados Unidos, donde incluso una mucama puede tener dignidad y ser escuchada cuando acusa a uno de los hombres más poderosos del mundo de ser un depredador. (Acusación que se ha hecho antes en su contra, con un patrón similar de conducta brutal).

La joven mujer escapó a los horrores de su nativa Guinea, sociedad patriarcal donde prevalece la violación y se usa como un arma bélica, un sitio en el cual ella habría sido botada en la calle si hubiera intentado acometer a un hombre poderoso. Cuando estuvo ante el horror aquí, ella tuvo un recurso.

 Otro famoso europeo famoso con un perturbador patrón de agresión sexual se metió en problemas con la servidumbre esta semana: el exgobernador de California, quien fue elegido después de que su esposa, María Shriver, lo defendió con suma elocuencia en contra de cargos por manoseo.

Arnold Schwarzenegger también fue culpable de la burda afirmación del poder masculino. Más que una mera infidelidad, El Esperminator fue sorprendido por mentiroso y crápula, habiendo tenido un hijo con una empleada doméstica aproximadamente en la misma época en que María tuvo a su hijo menor, quien actualmente tiene 13 años. Mantuvo a la empleada en la nómina e incluso llevó a veces al hijo, del que María nada sabía, a la casa. No causa extrañeza que María haya huido a un hotel de Beverly Hills.

Siempre sentimos fascinación por la contradicción de que personas cosmopolitas y poderosas, amén de multilingües, puedan comportarse de maneras tan primitivas.

Sin embargo, la civilización y la moralidad no tienen nada que ver con la sofisticación y el estatus social.

La lección de estas dos eminencias caídas, como le dijo Bill Maher a Chris Matthews, es: “Si vas a perseguir a la servidumbre en casa, primero consigue un ‘Sí’.”.

* Columnista de The New York Times, ganadora del Premio Pulitzer en opinión en 1999.

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