Por: Nicholas D. Kristof

Y de nuevo, en Sudán

LA CAPITAL MUNDIAL DE CRÍMEnes en contra de la Humanidad de este mes probablemente no está en Libia o Siria. Más bien, discutiblemente está en las Montañas Nuba del Sudán, de donde estamos recibiendo relaciones de lo que al parecer es una campaña particularmente cruenta de limpieza étnica, asesinato y violación.

En su esfuerzo por eliminar testigos, el gobierno sudanés ha prohibido el acceso de organizaciones humanitarias al área y amenazado con derribar helicópteros de Naciones Unidas. Tropas sudanesas incluso detuvieron a cuatro pacificadores de la ONU y los sometieron a un “simulacro de escuadrón de fusilamiento”, informó Naciones Unidas.

Un reporte interno de Naciones Unidas asienta que autoridades sudanesas se están poniendo uniformes del Creciente Rojo sudanés —una versión local de la Cruz Roja— para ordenarles a personas desplazadas que se alejen del complejo de Naciones Unidas. Después, fueron conducidas a un estadio en el poblado de Kadugli, donde su suerte es incierta.

Trabajadores de ayuda humanitaria de Occidente han sido obligados a huir, al tiempo que llegan informes creíbles sobre tropas gubernamentales y milicias árabes apoyadas por el gobierno que localizan sistemáticamente a integrantes del grupo étnico de negros nuba para matarlos.

“Ejecuciones de puerta en puerta de civiles totalmente inocentes e indefensos, a menudo cortándoles la garganta, a manos de fuerzas especiales de seguridad interna”, relató un occidental con larga experiencia en Sudán en un conciso mensaje de correo electrónico. La persona que esto escribió, quien estuvo en el lugar de los hechos pero ya se marchó, no quiere que lo mencionen por nombre por temor a perder el acceso.

El ilustrísimo reverendo Andudu Elnail, obispo episcopal del área de las Montañas Nuba, me dijo que el gobierno sudanés había atacado específicamente a muchos nubas cristianos. Fuerzas armadas quemaron su catedral, dijo Andudu, quien está temporalmente en Estados Unidos pero sigue en contacto diario con personas en dicha área.

“Ellos están matando a personas educadas, particularmente a personas negras, y no les agrada la iglesia”, dijo. Las mujeres también están siendo violadas con regularidad, destacó Andudu, estimando que la cifra de muertes asciende a “más de unos cuantos de miles” a lo largo del estado sudanés de Kordofán del Sur.

Esto no es una guerra religiosa, ya que muchos nubas son musulmanes y también han sido objeto de ataques (incluida una mezquita bombardeada en un día reciente). Las Fuerzas Armadas de Sudán han estado lanzando bombas sobre mercados y pozos de poblados.

La pista de aterrizaje que usé cuando estuve de visita en las Montañas Nuba ya fue bombardeada para impedir que grupos humanitario lleven provisiones de alivio: los mercados que visité ahora están desiertos, con base en informaciones coladas hasta grupos de observadores. Cuando menos 73.000 personas han huido de sus hogares, informa Naciones Unidas.

Una red de valientes personas en el territorio, prácticamente todos habitantes locales, han estado tomando fotografías en secreto y transmitiéndolas a organizaciones por los derechos humanos en Occidente, como el Proyecto Ya Basta (Project Enough). El disco duro de mi computadora rebosa de imágenes de niños sangrando por las esquirlas.

Samuel Totten, académico especializado en genocidio por la Universidad de Arkansas, en Fayetteville visitó las Montañas Nuba hace un año para reunir relatos históricos de los asesinatos masivos de nubas a manos del gobierno sudanés en los años 90. Actualmente, dice, todo está empezando a ocurrir de nuevo.

“Mientras observo la indecisión de la comunidad internacional conforme el pueblo de las Montañas Nuba está siendo asesinado, reina la impunidad”, destacó Totten.

El gobierno sudanés firmó un acuerdo general el martes de esta semana que podría ser un paso para ponerle fin a la violencia en Kordofán del Sur, pero no se ha alcanzado acuerdo alguno con respecto al cese de hostilidades. Sudán tiene un largo historial de acuerdos que se alcanzan y después se violan (tanto por el sur como por el norte).

Sudán se prepara para una división este 9 de julio, cuando el sur de Sudán surja como una nación independiente tras décadas de guerra intermitente entre el norte y el sur. Las Montañas Nuba permanecerán en el norte cuando el sur se separe, pero muchos nubas se pusieron del lado del sur durante la guerra y aún sirven en una fuerza militar de rebeldes parapetada en las montañas.

La mayor parte de la violencia en las Montañas Nuba ha sido de árabes del norte en contra de los nubas, pero también hay informes de soldados rebeldes que atacan a civiles árabes. Existe el riesgo de que la violencia se derrame al estado vecino de Nilo Azul y desate a final de cuentas una guerra plena entre norte y sur, aunque ambas partes quieren evitarlo.

Es crucial que la Organización de Naciones Unidas mantenga su presencia. El presidente de Sudán, Omar Hassan al-Bashir, ya acusado por genocidio en Darfur, está de visita en China, y la dirigencia china necesita insistir en que detenga las muertes de civiles y permita las operaciones de Naciones Unidas.

Actualmente, los llamados de los nubas transmiten el aire de un angustiado eco de los de Darfur hace ocho años. Bolso Samaritano, organización cristiana que ha trabajado por largo tiempo en las Montañas Nuba, dijo que había recibido un mensaje de un pastor nuba: “Sintiendo pena hoy, quiero informarles que la nueva iglesia fue quemada totalmente. Hemos perdido todo. La casa donde vive mi personal fue saqueada y las oficinas fueron quemadas. Mucha gente huyó del poblado, pero algunos se quedaron. Ahora no hay comida o agua”.

 

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