Por: Armando Montenegro

Riesgos de contagio

Una parte del país económico, encandelillado por los buenos resultados de la coyuntura, mantiene una visión eufórica y confiada en el futuro.

Parecería que no se ha percatado de que la economía internacional vive un momento delicado y de que si ocurre alguno de los siniestros que se temen en las principales economías del mundo, el desempeño del aparato productivo colombiano podría verse seriamente comprometido.

Lo que caracteriza la situación global es el alto riesgo, la posibilidad de que, ante las crisis que se acumulan sin resolverse en varios países, se desencadenen eventos catastróficos que terminen golpeando las economías de América Latina y otras regiones.

En Europa, a las crisis no resueltas de Grecia, Irlanda y Portugal se suma el creciente deterioro de España e Italia, economías de mayor tamaño relativo, debilitadas por los altísimos niveles de su deuda pública. Conscientes de la dificultad de los gobiernos y los organismos internacionales para hacer frente a estos problemas, a pesar de las decisiones de la Unión Europea para tratar de rescatar a Grecia, algunos observadores calificados se mantienen escépticos y temen, incluso, sobre el futuro del euro.

Todos los días se reducen las proyecciones económicas de Estados Unidos. Con sus políticas monetarias y fiscales agotadas, este país va a sufrir por varios años un lento crecimiento y un nivel elevado de desempleo. Y se oyen voces autorizadas, como la de Robert Schiller, economista de la Universidad de Yale, que no descartan que ese país caiga en una nueva recesión el año entrante.

A pesar de que la despreocupada y alegre economía colombiana, en el centro de una brillante burbuja minera y petrolera, puede parecer aislada de lo que ocurre a su alrededor, no hay duda de que, si llegaran a ocurrir algunos de los serios desajustes que se temen en Europa o Estados Unidos, tarde o temprano, al igual que las demás economías del resto de América Latina, terminaría seriamente vulnerada.

Otros países y varias de las principales empresas del mundo tratan, con los medios a su alcance, de protegerse de los riesgos que provienen de la convulsionada economía internacional. Sus economistas y analistas financieros cuantifican el posible impacto de los previsibles siniestros y tratan, en lo posible, de blindarse de sus repercusiones. Estos mismos ejercicios deberían realizarse en Colombia.

Ante el peligro de un serio deterioro de los mercados financieros y bursátiles del país y del mundo (que sufrirían el contagio del agravamiento de los problemas en Europa y Estados Unidos), los expertos recomiendan que las juntas directivas y comités financieros de las distintas empresas estudien simulaciones de eventos de estrés de sus propios estados financieros, tanto para evaluar la solidez de su situación actual, como para diseñar oportunamente políticas de fortalecimiento preventivo.

En el sector público, por su parte, la recomendación estándar es mantener un manejo fiscal especialmente prudente, centrado en una mejoría del déficit fiscal y en el logro de un sólido superávit primario. De esta forma se podría reducir la vulnerabilidad de las cuentas públicas ante un eventual cierre de los mercados o las oscilaciones bruscas de los precios de los bonos y las tasas de interés.

Es necio, imprudente, ignorar el posible impacto local de los riesgos de la economía mundial.

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