Opinión |25 Jul 2011 - 11:00 pm

César Rodríguez Garavito

Datos secretos

Por: César Rodríguez Garavito

Francisco Gutiérrez pone el dedo en la llaga que llevamos en silencio los investigadores sociales colombianos, como si fuera una cicatriz del oficio.



 

Es ese dolor en la boca del estómago, que se siente cada vez que una entidad estatal se niega a entregar datos que deberían ser públicos y sin los cuales no es posible hacer estudios serios.

Cuenta Gutiérrez la pesadilla que ha vivido por el secretismo del Observatorio de Derechos Humanos de la Presidencia, que se rehúsa a darle las cifras sobre sindicalistas asesinados. Datos que han sido financiados con los impuestos que pagamos todos y tienen que ver con un asunto de interés general —y, por tanto, deben estar abiertos a consulta pública—.

Respondo el llamado a quebrar la cultura del secretismo con denuncias de casos similares. El problema es que no sé por dónde empezar, porque la lista se ha vuelto tan larga como las decenas de derechos de petición a los que nunca he tenido respuesta.

Menciono apenas un caso. Durante años, el Observatorio de Discriminación Racial que coordino pidió sin éxito los microdatos del censo de 2005 sobre identidad étnica y racial, sin los cuales es imposible hacer análisis estadísticos detallados sobre el tema. Como no es secreto que los datos del censo tienen profundas fallas, no sorprende que el DANE haya dado la misma respuesta a otros que han pedido microdatos sobre temas diversos. Así que la entidad cuya tarea es producir y difundir cifras, es la primera en dar mal ejemplo.

Lo cual nos lleva a la otra mitad del problema: la pobre calidad de la información. Sobre esto también falta publicar incontables casos, como los que vivimos quienes estudiamos la administración de justicia. Por ejemplo, la información catastral del Instituto Agustín Codazzi —esencial para el tema de tierras— no es recogida de forma centralizada en lugares claves como Antioquia, Cali y Bogotá. La misma fragmentación existe entre instituciones que recogen cifras sobre el sistema penal acusatorio, como la Fiscalía y el Consejo Superior de la Judicatura. Y muchos datos esenciales —como el perfil de los usuarios de la justicia— simplemente no son recolectados.

¿Qué hacer? Un primer paso es que el gobierno expida una directiva presidencial que ordene lo obvio: que las entidades abran sus bases de datos a los investigadores y a la ciudadanía.

Un paso adicional es que los investigadores hagamos causa común para hacer valer el derecho a la información. Cuando las peticiones colectivas de analistas afectados por una entidad no tengan resultados, queda la vía de la acción de tutela.

Pero las solicitudes puntuales no son la solución de largo plazo y sería injusto responsabilizar de todo a funcionarios sobrecargados con miles de derechos de petición. Por eso, la solución de fondo es crear un sitio de internet al que todas las entidades deban subir sus bases de datos para consulta abierta, similar a la que hace poco creó el gobierno de EE.UU. (data.gov).

Estos derechos implican también deberes para los académicos, que con frecuencia operamos con el mismo secretismo estatal. Las bases de datos de estudios financiados con fondos estatales deberían abrirse al uso público, luego de un tiempo razonable de uso exclusivo por parte de quienes las construyeron con esfuerzo. Incluso la cooperación internacional y los financiadores privados deberían exigir lo mismo.

Los investigadores deberíamos tomar la iniciativa, armando un sitio virtual donde compartamos bases de datos, como lo está promoviendo el Iepri de la Universidad Nacional. Sólo así es posible abrir el conocimiento, construir sobre lo ya hecho y permitir que otros investigadores corroboren (o refuten) los análisis hechos por quienes compilaron los datos.

Se dice que Colombia es un país donde sobran los diagnósticos y faltan las soluciones. Pero muchos diagnósticos son hechos con información muy limitada. A la vista están las soluciones que resultan.

*Miembro fundador de Dejusticia (www.dejusticia.org).

 

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Opiniones

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GEF

Mar, 07/26/2011 - 18:27
Uno de los problñemas radica en la cultura del empleado publico que considera "de su propiedad" toda clase de informes, cifras, estudios, etc que se produzcan: Me he dado cuenta que muchas veces no es ni siquiera de mala fe, negarlos se volvio una "norma" por costumbre.
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Ordep Adasop

Mar, 07/26/2011 - 16:48
Creo que en muchos casos los funcionarios carecen de formación técnica para hacer una simple base de datos. La academia debe trabajar con los entes estatales para capacitar en el manejo de las nuevas herramientas tecnológicas. Además de todo lo dicho.
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opinator

Mar, 07/26/2011 - 15:56
Cuantos de los sindicalistas muertos eran sindicalistas?. Primero, reconozco el problema y toda persona asesinada es un problema que exige investigacion y solucion. Idealmente, no deberian haber personas asesinadas. De los asesinado cuantos eran verdaderamente sindicalistas?. Conozco un caso en el Cauca donde un profesor era un picaro, le robo hasta a su familia y a cuanto incauto se dejo estafar. El dia que lo asesinaron por sus deudas y fechorias, lo presentaron como un prestante sindicalista cuando en realidad era un delincuente. No justifico su asesinato pero asi como este hay muchos casos ....
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ikaros50

Mar, 07/26/2011 - 12:44
cuando los datos no se muestran por muerte de sindicalistas es porque el problema es muy gordo y compromete agentes estatales pero tarde o temprano la verdad será conocida como sucede en Guatemala sobre crimenes a indigenas.Publicado hoy en el PAis de Madrid: http://politica.elpais.com/2011/07/26/actualidad/1311682574_341133.html
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ovejanegra

Mar, 07/26/2011 - 07:40
Ambos problemas son muy graves para la investigación social y económica y, por supuesto, tambien para los avances de la sociedad. Este no es mas que un indicador de subdesarrollo. De un lado, no se sistematiza información en las entidades del Estado, no se registra como debería, ni se tiene un plan o programa de recolección primaria como insumo funfdamental para investigadores, dentro y fuera del Estado. Segundo, la burocracia, en su infinita ineptitud, obstaculiza la circulación de información. A menudo se critica la falta de rigor y amplitud en las investigaciones socio-económicas y culturales, pero es que una de las principales razones para esta carencia, es la misma actitud del gobierno y el atraso burocrático del Estado. No hay crear redes alternas privadas, sino presionar al Estado!
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ovejanegra

Mar, 07/26/2011 - 08:33
Presionar al Estado para que produzca información confiable y rigurosa y para que la ponga a disposición del público y los investigadores!!! Pero ya!!!
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Jorge Enrique Angel Delgado

Mar, 07/26/2011 - 03:22
En los 70, recien llegado de la U en el norte de Europa, intenté trabajar "academicamente" y desde una "universidad prestante", estuve -entre otros, haciendo un análisis del DNP y la unidad especial del UDRU. Los poco mas de 200 cuadernillos producidos por el UDRU, eran 2 o 3 trabajos de alguna persona en una universidad, seguramente con trabajo en el UDRU, luego convertidos en algo mas de 200 pues cada vez que Alfonso Lopéz u otro de los politicastros de turno requerían de "material" para sus discursos (?), los empleados del UDRU tenían que prepararles "algo". Así surgieron estos cuadernillos que fueron y continúan siendo un reflejo de la cultura colombiana que no ha logrado estructurar la educación para todos y en alguna forma racional y acorde a la cultura colombiana, sin escuelas de...
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Jorge Enrique Angel Delgado

Mar, 07/26/2011 - 03:26
, verdad, no habrá forma que los buenos deseos de este Sr de las ciencias sociales pueda tener una idea mas real y acorde con los factores que inciden en la forma de vida del colombiano en general. Los cuadernillos del UDRU (Unidad de Desarrollo Regional y Urbano) fueron simplemente el resultado de ese "sistema de educación" existente, en el que no existe arraigo ni comunión real con la cultura colombiana.

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