Por: Lorenzo Acosta Valencia

El animal ubicuo

Hace un año, Álvaro Uribe se mudó a Twitter, diario de su melancolía por los consejos comunitarios y la Casa de Nariño que traduce en sentencias sobre el progreso, acusaciones a siniestra y profecías sobre el fin de un mundo que ya no imita a su redentor.

“No podré estar comunicándome con cada uno de ustedes en particular, pero procuraré escribir en Twitter mensajes que sea necesario hacer llegar”, anunció Uribe dos meses después de dejar el cargo. Había pensado en una columna de opinión que se llamaría “Claridad ante la calumnia” (entrevista a La FM, 9 de octubre 2007), pero algún consejero debió decirle que Twitter podía ser la plaza ideal: “Basta leer algunos apartes del Evangelio para darse cuenta si se puede o no se puede hacer gran y profunda filosofía en 140 caracteres” (José Obdulio, Cable Noticias, 26 de junio 2011). Y el expresidente no se ha cansado de trinar sus versículos posmodernos.

“Uribe es un animal político y está buscando su lugar”, explicó Michael Shifter, director del Inter American Dialogue de Washington (10 de junio 2011). Pero el fenómeno es otro: el de un animal virtualmente ubicuo, acompañado de escribanos fantasmas y seguidores que celebran sus aforismos en favor de una majestad retenida.

Desde esa corte  etérea, el animal ubicuo pretende controlar el curso de las acciones que emprendió. Designa sucesores, predicando de sí mismo y sus áulicos la calidad de fundadores impolutos de la patria. Entonces señala, acota, cifra y ratifica el rumbo en peligro; convoca, avala, ordena y enseña el concepto de Estado de Opinión como aquel que “nos permitió entre 2002 y 2010 pasar de una Nación reclamante con furia a una Nación reclamante con confianza” (@AlvaroUribeVel, 8 de febrero).

Ese Estado de Opinión juzga el primer año de gobierno de Juan Manuel Santos como “una autocracia con rasgos de tiranía”, un fraude a sus electores por seguir sus propios intereses y convertirse en protector del terrorismo (Alerta Autocracia en Atrabilioso.blogspot.com). “La seguridad se deteriora”, repite el animal ubicuo y así recuerda que la gratitud que exige a sus fieles es el principal valor ciudadano. Estoico ante las investigaciones, transparente pero inquieto, se exhibe y justifica, y desciende a sus talleres democráticos como intérprete de la conciencia popular.

Mientras el partido de la U busca tender puentes entre Uribe y Santos, se dice que el animal ubicuo emprenderá la escritura de sus memorias. Los trinos envejecen como polillas y “la historia la escriben los calumniados, no los calumniadores” (@AlvaroUribeVel, 8 de marzo). Ese tribunal celebraría su verdad con un monumento. Churchill, Lincoln, Rafael Núñez o Marco Fidel Suárez le prestarían trozos de sus vidas paralelas. La trama intentaría ficciones sobre la identidad de Judas Iscariote. Y si acaso el poder se le terminara de esfumar, podría considerar un epílogo a la manera de Kafka: “Cuando Gregorio Samsa se despertó una mañana después de un sueño intranquilo, se encontró sobre su cama convertido en un monstruoso insecto”.

[email protected]

Buscar columnista

Últimas Columnas de Lorenzo Acosta Valencia